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Robar para vivir (Tema para Potrillo)

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Robar para vivir (Tema para Potrillo)

Mensaje por Rodrigo el Lun Dic 07, 2009 3:31 pm

http://vocescubanas.com/desdelahabana

Robar para vivir

Miguel era un trabajador que llevaba cinco años laborando como
cocinero en una empresa estatal. Se levantaba a las tres de la
madrugada para realizar un viaje de más de 12 kilómetros y llegar
temprano a la empresa. Cumplía con todas las orientaciones del
sindicato, cotizaba y en dos ocasiones fue elegido “trabajador
vanguardia”.
El salario que recibía no le alcanzaba para solventar sus
necesidades económicas. No obstante, entre sus planes no estaba la
opción de abandonar el empleo. Tiene una esposa y tres hijas menores
que mantener. Unas veces más, otras menos, compensaba las carencias con
lo que allí resolvía, la comida de casa.
Miguel se llevaba parte de los alimentos del almuerzo destinado a
otros trabajadores, para sostener a los suyos. Aceite, pollo, pescado,
huevos, calamares, viandas, granos… la necesidad lo impulsaba a
llevarse lo que fuera. Asegurar la subsistencia inmediata de los
familiares a su abrigo era su principal responsabilidad.
En ocasiones, muy discretamente, vendía en el barrio alguno de los
productos que hurtaba. Con ese dinero cubría otros gastos. Las niñas
necesitaban ropa interior y zapatos. Artículos que sólo venden en las
tiendas recaudadoras de divisas, y que él no recibe pues le pagan en
pesos.
Un día, alguien informó lo que Miguel hacía. Fue separado del
centro, y por ser la primera vez, el tribunal lo sancionó a seis meses
de privación de libertad por un delito de hurto, en un correccional,
para laborar en la agricultura. En la sentencia no se tuvo en cuenta
los motivos que lo llevaron a cometer lo que en buen cubano se conoce
como “robo”. Sin embargo, la pena que sufre no impide que, desde su
nuevo trabajo, continúe llevándose alimentos para su casa cuando sale
de pase.
Antes del triunfo de la revolución, en la legislación penal cubana
existía la figura del “hurto famélico”. Una circunstancia que, en unos
casos, eximía al autor de responsabilidad penal, y en otros, disminuía
la sanción. Se apreciaba cuando una persona, hambrienta o indigente, se
apoderaba de objetos necesarios para su supervivencia y de las personas
a su abrigo.
La justicia revolucionaria eliminó esta figura del derecho penal. Se
suponía que el gobierno implantado el 1 de enero de 1959, atendería las
necesidades de todos por igual. Supuestamente, se había eliminado la
vagancia, el desempleo, la mendicidad y los vicios, causantes de
miseria.
Visto así, parecía innecesaria esa figura en el Código Penal. Para
los legisladores socialistas, ningún ciudadano, en las nuevas
condiciones creadas, tenía una necesidad extrema que lo impulsara a
cometer el delito de “hurto famélico”. Era un país en el cual todos sus
ciudadanos gozaban de oportunidades y del derecho al trabajo.
Es irónico que en la actualidad, sea precisamente la clase
proletaria, la que se encuentra en un estado de necesidad tal, que se
ve obligada a hurtar los recursos del Estado para sobrevivir y mantener
a su familia. Es uno de los problemas sociales que más afecta a la
economía nacional y que el gobierno enfrenta como una “lucha contra las
ilegalidades”.
Pero lo cierto es que a la benévola justicia que aplica la sociedad
revolucionaria, le interesa más sancionar como efecto ejemplarizante,
que perdonar un hecho delictivo cometido por necesidad. Cincuenta años
después, la experiencia demuestra que la revolución es incapaz de
atender por igual las necesidades de la población.
Ha aumentado la holgazanería y la indigencia y se ha disparado el
soborno y la corrupción. Quedó demostrado que el pleno empleo, por sí
sólo, es insuficiente para hacer desaparecer la miseria, y con ella, la
comisión del “hurto famélico”.
La historia de Miguel se repite a diario en muchas familias cubanas.
Y se puede contar de diferentes formas y con otros personajes. La
realidad es una: la crítica situación económica que atraviesa el país
desde hace décadas, ha llevado a la mayoría de los trabajadores
vinculados laboralmente con el Estado, a convertir el “hurto” en un
medio de vida indispensable para subsistir.
Laritza Diversent

Rodrigo
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