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CARTA A FIDEL CASTRO

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CARTA A FIDEL CASTRO

Mensaje por odioafifo el Lun Nov 16, 2009 9:32 am

CARTA A FIDEL CASTRO


2009-11-15.
Alex Eduardo P. de la Cruz, estudiante de la Universidad de La Habana
(www.miscelaneasdecuba.net).- La Habana.— Su ilustrísima eminencia que reposa en las alturas de su trono, ruego a los dioses, que en su infinita paciencia hoce bajar su mirada y dedique un instante de su escaso tiempo para atender la queja de un vasallo.

¿No es así, como los siervos debemos referirnos a su graciosa majestad? O quizás, “los que van a morir te saludan”. ¿Cuál de estas dos expresiones le satisface más? Bueno, sería iluso de mi parte pensar que usted me responderá esta humilde carta, pues a lo largo de su vida ha creído inferiores a sus semejantes y sería algo sublime que usted “se rebajara tanto”.
No obstante, comenzaré diciéndole que ha fracasado como pocos en cuanta empresa se ha aventurado. Pero eso no es nada nuevo; usted tiene conocimiento de ello y es meritorio para un ser humano como lo es usted, “valga la aclaración por si pensaba lo contrario”, continuar su vida después de tanto fracasar.
Yo soy un ejemplo vivo de uno de sus errores en la educación marxista, de la que somos objeto comenzando en nuestra tierna edad escolar, pues veo con repudio todo aquello que fue y es instrumento para la perpetuidad suya en el poder.
Aún guardo tristes recuerdos de mi paso por la primaria, cuando el director de la EIDE, donde cursé estudios, nos decía a todos, que usted era nuestro padre y que todos los niños cubanos eran hijos de Fidel. ¿Cuánto odio un padre desnaturalizado puede sentir por sus hijos?, que prostituyó a la madre patria en los deseos y caprichos de los padrastros rusos, que nos sumieron bajo doctrinas dantescas e infames enseñanzas bajo tu cómplice mirada.
Esos hijos de ayer son el enemigo de hoy, que reclaman la fallida apuesta por esa corriente ideológica que sólo servía para mantener una dictadura que usted lideró por 47 años. Aún hoy esa dogmática y decadente política sigue inalterable, ya que muchas veces al pasar por algún parque se puede apreciar tristes escenas de niños marchando al estilo militar de la Alemania Hitleriana o la URSS Estalinista. ¿Hasta cuándo usted nos va a seguir empujando hacia el abismo? ¿Por qué tanto odio hacia el pueblo? ¿Acaso usted nos considera culpables de algo?
Si somos culpables de algo, es de haberle permitido tomar el control de nuestras vidas, de nuestras mentes, de nuestros sueños y aspiraciones. Usted es un insaciable agujero negro que absorbe todo a su paso. Algo destructor que todo cuanto toca deforma y nunca más vuelve a ser como era, pues lo hace peor a su estado anterior, es la paradoja de la evolución de la humanidad materializada en un ser mezquino, ambicioso, oportunista, desleal y traicionero.
Mezquino por la pobreza de tus sentimientos, ambicioso por el insaciable deseo de poder, oportunista por sacar ventaja del sufrimiento de un pueblo, desleal por no ser fiel a la justa causa por la que tantos dieron su vida y traicionero por eliminar uno a uno todos aquellos compañeros que confiaban en tus “buenas intenciones” y que una vez fueron tus fervientes seguidores, hasta que al señalarte tus errores se convirtieron en el blanco de todo tu odio e inseguridad, algo que lo ha acompañado toda su vida.
Luchando contra fuerzas misteriosas, me disculpo por darle un comienzo tan poco convencional y lleno de insultos hacia su persona. Pero tantos años de sufrimiento e impotencia ante la imposibilidad de poder decirle en su cara todo aquello que merece escuchar y que nadie o casi nadie ha podido o se ha atrevido a hacer, es entonces que olvidando un poco la verdadera educación que recibí en mi humilde pero honrado hogar, escribí cada uno de esos insultos que aunque merecidos me rebajan a su condición. Pero es un precio que estoy dispuesto a pagar si haciéndolo me logro despojar de tan pesada carga psicológica; esa misma carga que tienen que soportar tantos cubanos que hoy guardan injusta prisión, que viven en tierras lejanas, o que sobreviven en el inframundo insular en la que se ha convertido esta antes valiente y heroica tierra.
Señor Castro, como verá, es mucho el rencor guardado por jóvenes que viendo truncados sus futuros por su indolencia hacia el pueblo de Cuba, se desbordan en una lucha desigual contra su régimen de oprobios. Muchas veces hemos saltado en nuestras sillas al escuchar tantas mentiras y tergiversaciones en sus maratónicos discursos. Muchos nos preguntamos cómo puede sostener la mirada a la multitud que escuchan inmutables sus palabras llenas de ambigüedades y amenazas, que repercuten de forma directa hacia ellos sin mover un músculo.
Estas masas se podrían comparar con rebaños que serán sacrificados y aunque tienen el conocimiento de su triste final, continúan caminando hacia el inevitable desenlace sin aferrarse a la salvación.
Todo esto me recuerda una vieja película titulada La máquina del tiempo, donde la especie humana había descendido a la baja condición de alimento de otra especie más evolucionada, que olvidados sus instintos de supervivencia pastoreaban y satisfacían sus mínimas necesidades a cambio de sus propias vidas.
Es muy triste el panorama de Cuba, pero no todo es desgracia, pues aún hay gente digna que no se doblega ante el odio incubado en la mente de sus discípulos. Aún muchos sonríen en el calor humano de un abrazo y la continuidad de los nobles ideales. Otros todavía se arriesgan a confiar en el prójimo aún después de que usted tanto ha tratado de cortar de raíz todo vestigio de fe en la raza humana. Aunque en nuestros corazones llevamos muchas cicatrices de heridas provocadas por usted, aún conservamos la capacidad de amar.
Ahora le permito un breve receso para que ordene con un chasquear de dedos a alguno de sus fieles sirvientes que se pelearán por el honor de hacerle llegar una taza de cereal, porque me imagino que el chocolate se lo habrán suspendido, para que después de un respiro en lo que saborea el misterioso contenido de la taza, siga soportando el incesante fuego que le he abierto y que continuaré un poco más.
Una vez más me disculpo por hacerlo leer tantas verdades que puedan deteriorar aún más su maltrecha salud y que sólo considero por el respeto que merece una persona de su avanzada edad. Pero es mi deber el dejar constancia antes de su nefasto desenlace, de tantos errores cometidos por su persona y la culpa sin límites ante la historia que nunca lo absolverá de su deuda contraída con el pueblo de Cuba.
Usted siempre ha sido un imitador empedernido de sus predecesores, de los cuales ha copiado frases y hechos que hoy forman parte de la historia del mundo, frases como “La historia me absolverá” de Adolfo Hitler, “con 12 hombres basta para ganar la guerra” de Carlos Manuel de Céspedes.
Ha sido seguidor de Alejandro Magno, Julio Cesar, Napoleón Bonaparte, Stalin, Mussolini, Franco y muchos más personajes que ostentaron el poder. Pero como el que imita fracasa, usted ha cosechado el fruto de sus desvaríos de grandeza, y hoy nuestro pueblo ha pagado un alto precio por seguir los mandatos de un loco desquiciado que ha exigido cumplirse cada capricho salido de su mente enfermiza sin medir las consecuencias de esos actos, sin nadie que pudiera parar cada una de sus ideas descabelladas.
Además de una imposibilidad cerebral de reconocer una equivocación, hoy se siguen incrustando parches cada vez que se descose el gigante saco, donde se guardan todas esas ideas que hoy conforman las leyes incoherentes de nuestro único y extraño sistema que es el Fidelismo.
Como todo ser humano, además de defectos usted tiene cualidades que algunos, incluso los mismos que lo odian pueden admirar de usted, que son su inteligencia y su voluntad de luchar por la defensa de un ideal. Hasta aquí la lista de virtudes.
Pero es oportuno aclarar que si en la segunda virtud no se tiene una fuerza contraria que ataje un poco el ímpetu del empeño puesto en esta lucha, así como una segunda voz que nos haga ver las cosas desde otro punto de vista para pulir esa entereza del medio para lograr el fin, caeríamos en un estado de barbarie que nos segaría con el fin de encontrar conchas y secaríamos el mar con su posterior fatalidad.
Es ahí donde usted siempre se equivoca, pues no escucha la voz de la razón y con esa inseguridad por demostrar algo sumada a la incapacidad de reconocer que se puede equivocar, lo hacen presa de monstruosos errores que después del rotundo desastre otro carga con la culpa y usted, usted se lava las manos, pues es un ser infalible que nunca se equivoca.
Muchos dirán que sólo me he enfocado en sus errores y que podría haber dedicado espacio a otros asuntos no menos importantes. Quizás tengan razón pero creo que todo lo demás es consecuencia de una misma causa y por supuesto quizás haya una segunda carta para ventilar estos asuntos de los cuales el rastro de ADN nos lleva hacia usted.
No quisiera terminar esta misiva sin antes referirme a su falta de respeto de grandes proporciones hacia el pueblo de Cuba. Ese mismo pueblo que usa hasta el cansancio para sus batallas momentáneas en una u otra dirección, según lo convenga el momento y las circunstancias. Esas pobres piezas en el tablero de ajedrez que escenifican en las manos caprichosas de su jugador ataques en todas direcciones; no se salva el alfil enemigo ni el caballo amigo según corresponda a la estrategia del juego y si llegara el momento se sacrificarían por ventaja material. Total solo son piezas sin valor.
Quizás entonces por ese poco valor que representamos para usted, es que no ha dedicado ni una sola palabra para sus leales súbditos pues ha conversado con presidentes, periodistas, estudiantes recién graduados y personalidades de otros países. Pero a su pueblo ese privilegio se lo ha negado, una vez más demostrando su poco interés por personas inferiores que sólo sirven, (según su descerebrado punto de vista), para atender sus reclamos y obedecer órdenes en los cuales somos muy eficientes.
Como ve una vez más mis disparos han dado en el blanco, pero le confesaré un secreto. Ni una sola vez he apuntado al objetivo que es usted; no he tenido la necesidad de hacerlo pues es tan grande su diana de 50 años que aunque cerrara los ojos siempre acertaría en el blanco.
Mi último comentario para dar una panorámica de su pensamiento es: según dice en el libro de John Orwell titulado Rebelión en la granja, "todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros". Esta frase basada en los animales que intervienen en la fábula, no pierde nada de su significado sesenta y tantos años después y mucho menos cuando la llevamos a la Cuba de hoy, donde usted piensa que todos los cubanos son iguales pero algunos son más iguales que otros.
Bueno, ya va siendo hora de la despedida, “por el momento”, pues se me quedan tantos asuntos pendientes que sería muy acertado tocar en otra oportunidad, si no es que sus secuaces reciben órdenes de apagar mi voz, como siempre hace con aquellos que osan enfrentársele. Pero sepa usted que por cada voz que silencie otras 100 se levantarán para denunciar sus chapucerías. El hombre que clama vale más que el que suplica: el que insiste hace pensar al que otorga. Y los derechos se toman, no se piden; se arrancan, no se mendigan (José martí).

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