Secretos de Cuba
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Mi noble rival.

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Mi noble rival.

Mensaje por Patrio el Mar Sep 15, 2009 7:46 am

Eramos tocayos y rivales, un guión de western cinematográfico de serie b pero al final nuestro duelo personal en el sentido más noble de la palabra. El mismo nombre y lo cierto es que compartíamos muchos rasgos de personalidad, ambos de la misma edad y similar pasión por ejercer el sacerdocio de la medicina, en una época donde aun un reputado profesorado imprimía a sus enseñanzas los patrones de una añeja universidad, a través de ellos podía olfatearse a placer los postulados del ejercicio de una profesión digna y en la que destacaron muchos cubanos de renombre internacional. Ambos nos enfrentábamos a menudo con el arma más noble, la sabiduría y pugnábamos por estar siempre en posesión de las mejores notas. No había sitio donde no nos enfrentáramos de alguna manera, excepto cuando compartimos plaza en el equipo de atletismo para los juegos universitarios, él un excelente discóbolo y yo en los 1500 metros lisos. Eramos rivales y lo sabíamos, a veces hasta nos dirigíamos alguna mirada a lo Clint Eastwood por los relucientes pasillos de la facultad, pero con el paso de los años creo que la rivalidad natural de los veinte años nos privó de algo importante, pudimos ser excelentes amigos.
Todo al parecer no iba más allá del enconado esfuerzo por aprender cada día más, hasta que nos enamoramos de la misma mujer. Quiso el destino que apareciera de forma simultánea en nuestras vidas una hermosa joven, bien nombrada Rosa porque era en realidad una flor con formas humanas. Cada tarde la explanada a la salidad de la universidad perdía sus contornos de concreto y se trocaba en mi imaginación en el Masai Mara. Recostaba mi escuálida anatomía a una farola (claro, em mi mente era un baobab) y con pose de Robert Redford esperaba el paso de Rosa, que por supuesto era mi Meryl Streept particular para vivir cinco segundos de mis Memorias de Africa a su paso. Hoy recuerdo aquellas tardes y no puedo evitar sonreir intentando verme a mi mismo escenificando aquel perfecto ridículo, pero es lo vivido y es así. Por entonces comenzaba a inundar mis alvéolos con los efluvios resultantes de la incineración de los conocidos Populares, cigarrillos negros incluídos en el racionamiento a la población y fabricados con los residuos de la producción destinada a la exportación o de la porción que no disponía de la calidad necesaria para tal destino, en fin, un cigarrillo hecho para potenciales suicidas conocidos como fumadores.
Mi rival acechaba a Rosa con altas probabilidades de éxito a mi modo de ver, honestamente era bien parecido, buen estudiante, atleta de resultados y además contaba con una ventaja crucial para mis aspiraciones de conquista, estaba en la misma aula que la disputada jovencilla de La Víbora. Aquel era mi punto débil y era conciente de ello, mi rival podía compartir la cercanía del pupitre de nuestra amada común durante horas, disponer de un cruce de miradas frecuente, orquestar algún tropezón premeditado y hablarle sin el menor obstáculo, tenía todas las de ganar pero elaboré con sumo cuidado mi plan de acercamiento. Preparé la emboscada, con sumo cuidado elegí el sitio que no podía ser otro que la biblioteca y cuando menos lo esperaba sucedió. Una tarde sentí una voz que me solicitaba el esclarecimiento de una duda sobre Fisiología y para mi sorpresa, no era otra que Rosa, mi obsesión viboreña en carne y hueso. Hablamos, nos reímos y durante horas hasta el atardecer, ella ensimismada en los complejos mecanismos fisiológicos y yo en sus labios, en sus ojos, sus orejas, porque coño, Rosa no tenía defectos o al menos eso percibían mis ojos de carnero degollado. Así trabamos amistad y nos comenzamos a ver con frecuencia, ella para estudiar y yo sencillamente para contemplarla, para aliviar en alguna medida aquel caudal inagotable de testosterona que inundaba mis arterias a los veinte años.
Pero la vida no es como los filmes de Hollywood. Una mañana mientras entrenaba con interminables vueltas a la pista una visión me detuvo de improviso. Rosa caminaba junto a mi rival de la cafetería hasta las aulas, con un paso breve, diferente, ese paso que conocemos todos de la mujer que está escuchando una declaración de amor. El apocalipsis, la erupción del Karakatoa, el Vesubio enterrando mis aspiraciones como si de Pompeya se tratara, porque a decir verdad, no subestimaba a mi tocayo rival en lo absoluto y podía ganar la batalla. Aquella mañana corrí más que nunca, todos saben los records que pueden batirse en una pista olímpica, pero muy pocos calculan lo que se puede correr por la pista de una derrota amorosa. Gracias a Dios aun no había tenido contacto con un buen Bacardí porque habría caído voluntariamente en un coma etílico, me habría inmolado abrazado al mástil de la bandera de la facultad con una "curda" antológica.
En tres días no fui a la biblioteca, no aceptaba verles juntos pero tuve que ir en búsqueda de libros y me senté en el sitio más apartado intentando concentrame en la lectura, hasta que escuché su voz. Con rostro hosco, de varón herido le dije que no quería verla más y su sonrisa inundó la biblioteca, tras lo cual me dijo que sí, que era cierto, que se le habían declarado pero que ella amaba a un tonto que no quería verla más. El armagedón, los cuatro jinetes del apocalipsis en plena rumba tumultuosa y uno de ellos con una corneta china dirigiendo la comparsa de mis emociones. Para ser justo nunca he estado tan contento otra vez, noviamos y más tarde nos casamos y Rosa, aquella jovencilla viboreña es la madre de mis dos hijos.
¿Y mi rival? Esa es la parte triste de toda esta historia. Unos meses más tarde comenzaron a hacerse reuniones en la universidad que se llamaron de reafirmación revolucionaria o algo así, una especie de razzias comunistas al estilo de la noche de los cuchillos largos en Alemania pero en versión tropical. Una tarde, Rosa fue a buscarme al aula con una expresión de estupefacción.
- ¿Qué pasó?
- Lo expulsaron.
- ¿A quién?
- A Ramón.
- No es posible, es muy bueno, no se mete con nadie y es un estudiante brillante.
- Sí, pero confesó que era Testigo de Jehová y que su Dios estaba por encima de todo, hasta de la revolución.
- Coño.
- ¿Donde está?
- Se ha ido por la parte de atrás de la escuela.
Corrí como nunca, dejé atrás la facultad y al alcanzar la pista, le distinguí junto a la cerca de la escuela. Le grité y se detuvo. Ahí estaba mi rival, mi buen y noble rival de siempre, pero esta vez las lágrimas le surcaban el rostro.
- Esto no puede ser.
- Me han jodido la vida.
- No puede ser compadre, usted es muy bueno.
- La UJC ha solicitado mi baja y la dirección la ha firmado. Me han jodido - y sollozando me abrazó.
Aquel abrazo aun puedo sentirlo, jamás me ha abrazado una derrota tan victoriosa. Aquel joven me abrazaba tan firme como a su Dios, a quien había sacrificado su porvenir con viril resolución. Nadie le vió llorar más que yo, su eterno rival que ahora lloraba junto a él. Jamás olvidé a aquel joven al que nunca más volví a ver, años más tarde estudiando la especialidad alguien me dijo que se había ido del país. Quizás nunca sepa que he pensado mucho en él y que marcó mi vida con su hombría y honestidad, con su fe inquebrantable en su dios al precio que fuera necesario. Una víctima de una época de extremismos, una etapa de odios sin sentido que perfilaron las vidas de generaciones de cubanos. Mi rival, mi buen rival, dios te bendiga donde quiera que estés.

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Re: Mi noble rival.

Mensaje por pedro dollar el Mar Sep 15, 2009 11:54 am

Muy bueno, Patrio.
Esa es la vida. Ni mas, ni menos.

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Re: Mi noble rival.

Mensaje por armando aguilar el Mar Sep 15, 2009 5:52 pm

Hermoso y triste a la vez.
No caben dudas: cada cubano es una denuncia.
Gracias, querido hermano. El abrazo de siempre.

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Re: Mi noble rival.

Mensaje por francisco germes cuesta el Mar Sep 15, 2009 7:30 pm

Muchas Gracias, por esta Confesion de Rivalidad y Tristeza.
Como siempre mis respetos.
Saludos y abrazos

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Re: Mi noble rival.

Mensaje por Invitado el Vie Sep 18, 2009 10:38 am

Años despues se podrìa ser creyente en Cuba, pero a a los que les jodieron la vida nadie les devuelve su futuro, como nadie les devuelve esos años a los que estuvieron presos por "traficar divisas" solo para despenalizar el dolar años despues...asi de arbitraria, asi de caprichosa, asi de incoherente ha sido la manera de conducir el pais por 50 años,generaciones enteras de cubanos destruidas sumergidas en tanta deseperanza que no pueden ver mas alla de la linea del horizonte que separa Cuba de Miami.

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Re: Mi noble rival.

Mensaje por davisito el Vie Sep 18, 2009 11:32 am

Sigues siendo fabuloso en eso de contar una historia,si a mi me hubiera pasado lo mismo,no podria ser capaz de adornar y darle lujo a la anecdota como tu lo haces.
Me gusto leerte.

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Re: Mi noble rival.

Mensaje por Patrio el Sáb Sep 19, 2009 8:48 pm

David:
Cuanta alegría cuando me lees. Te siento como a mi hijo adorado.
Dios te bendiga a ti y a mi hijito en Cuba.

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Re: Mi noble rival.

Mensaje por davisito el Sáb Sep 19, 2009 9:22 pm

@Patrio escribió:David:
Cuanta alegría cuando me lees. Te siento como a mi hijo adorado.
Dios te bendiga a ti y a mi hijito en Cuba.

Levanto mi copita hoy sabado por usted!!!....a su salud

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Re: Mi noble rival.

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