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SIN JUSTICIA NO HABRA NACION

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SIN JUSTICIA NO HABRA NACION

Mensaje por Invitado el Lun Ago 03, 2009 10:11 pm

SIN JUSTICIA NO HABRA NACION

Por Alfredo M. Cepero.



Aunque
algunos miserables lo quieran negar, la naturaleza diabólica y la
estela de destrucción dejada a su paso por el régimen comunista de Cuba
son de conocimiento universal. En medio siglo, los forajidos que
usurpan el poder en Cuba se las han arreglado para reducir a la que
fuera tercera economía en América Latina al nivel del país mas pobre
del continente, en franca competencia con el paupérrimo Haití. El
ingreso por habitante, que en 1958 alcanzó los 1,200 dólares anuales,
ha caído en forma drástica al equivalente de 120 dólares anuales, estos
últimos devaluados por las tasas de inflación que han tenido lugar en
estos cincuenta años. Y para añadir la avaricia personal al
empobrecimiento de su pueblo, mientras Cuba incurría en una deuda
externa superior a los 24,000 millones de dólares, el tirano mayor
saqueaba las arcas del tesoro nacional para acumular la exorbitante y
mal habida fortuna de 900 millones de dólares.



Ahora
bien, por chocantes que puedan parecernos los datos anteriores, más
grotesca aún ha sido la trayectoria de la tiranía en el ensañamiento
desatado contra su propio pueblo en su afán mezquino de perpetuarse en
el poder. En cifras precisas y fidedignas desarrolladas por un estudio
tan minucioso como el de Cuba Archive, de los eruditos María Werlau y
Armando Lagos, y que nosotros en honor a la brevedad redondeamos en
este trabajo, el saldo ha sido desolador. Por ejemplo, más de 10,000
cubanos han muerto por fusilamiento, asesinatos en las cárceles y
víctimas de procesos extrajudiciales. Más de 14,000 cubanos y africanos
murieron en las aventuras africanas desatadas por Castro como
“condotiero” de la Unión Soviética. Alrededor de 5,000 campesinos
fueron muertos durante la campaña militar de la tiranía para apagar la
hoguera de libertad de los alzados del Escambray. Mas de cien mil se
han graduado de esa universidad del horror que son las cárceles
castristas y más de un millón han tomado el camino incierto del exilio.
Por último, decenas de miles de hombres, mujeres y niños, cuyo número
no puede ser precisado por falta de estadísticas confiables, han
preferido ser devorados por los tiburones del Estrecho de la Florida
antes que continuar respirando el aire enrarecido del infierno
castrista.



Fue precisamente el recuerdo de este viaje
de agonía y martirio del otrora trabajador y alegre pueblo cubano lo
que nos causó indignación y dolor ante la declaración emitida esta
semana por un grupo de organizaciones que dicen oponerse al régimen
dentro de Cuba. Bajo el título de Mensaje a la Nación, los firmantes
afirman: Los que suscribimos este Mensaje a la Nación comprendemos lo
difícil que resulta para un gobierno como el actual lidiar con las
dificultades de ese país, que desbordan su edad, su época, su lenguaje
y sus límites estrechos. Estos compatriotas, y son compatriotas
nuestros aunque pensemos en forma radicalmente opuesta, se muestran
“comprensivos” con los asesinos, los torturadores y ladrones que han
convertido en un infierno a la isla que fue una vez el paraíso que
atrajo a millares de inmigrantes de los cuatro rincones del mundo y del
cual jamás emigraban sus nacionales.



Mas adelante
muestran una inocencia supina o tal vez una ignorancia total de la
naturaleza diabólica intrínseca en una tiranía que ha usado el dialogo
durante estos cincuenta años para ganar tiempo, dividir a sus
adversarios y perpetuarse en el poder. En ese pasaje manifiestan: El
gobierno cubano, si decide pegar el oído a la calle, tiene aquí una
opción: abrirse a dialogar con la sociedad cubana. Y ya en el colmo del
servilismo y de la arrogancia concluyen diciendo: Una sociedad que,
pese a las angustias y violencias cotidianas a las que se ve obligada,
y al malestar profundo por la acumulación de vidas frustradas, tiene
una magnífica capacidad para el perdón y para el ejercicio pacífico de
la controversia. ¿Por qué se sienten obligados a hincarse de rodillas
ante los tiranos quienes no han recibido de ellos otra cosa que hambre,
persecución y maltratos? Pero mas importante todavía, ¿quién les dijo a
estos señores que ellos pueden arrogarse el privilegio de perdonar a
los engendros maléficos que han convertido en mercenarios a nuestros
jóvenes, en “jineteras” a nuestras mujeres, en incrédulos a nuestros
niños y en hipócritas a una proporción considerable de los cubanos?



Quede
bien claro que nadie tiene derecho a perdonar las ofensas que no ha
recibido en carne propia. Quede más claro aún que los delitos cometidos
por estos facinerosos han impactado a todo el pueblo de Cuba y, que por
lo tanto, es únicamente ese pueblo de Cuba el que tiene el derecho a
perdonar o castigar sus crímenes. Y que sepamos, ninguno de los
firmantes puede reclamar la representación de un pueblo del cual no ha
recibido mandato alguno expresado en elecciones libres, justas y
transparentes.



Cuando se produzcan esas elecciones, el
gobierno legítimo de la nación cubana, a través de un poder judicial
independiente de los demás poderes, decidirá si procede o no someter a
juicio a quienes hayan formado parte del gobierno comunista. Quienes
tengan sus manos limpias nada tendrán que temer. Quienes las tengan
manchadas de sangre, de malversación o de violación de los derechos
humanos y fundamentales de sus conciudadanos tendrán que responder ante
tribunales ordinarios por sus crímenes y fechorías. Pero eso sí,
disfrutaran del derecho que le han negado a sus víctimas. Estos
acusados contaran con la presunción de inocencia y se les reconocerán
todas las garantías procesales para presentar su caso y confrontar a
sus acusadores.



Después de cincuenta años de opresión e
injusticias el pueblo de Cuba tiene derecho a una transición a la
democracia sin venganzas pero con justicia como la fórmula más idónea
para garantizar la paz social a través de la instauración de un
verdadero Estado de Derecho. La aplicación de una justicia imparcial
traería como beneficios: Satisfacción para las víctimas, castigo para
los victimarios, enseñanza para los jóvenes, advertencia para futuros
gobernantes, preservación del orden público, estabilidad institucional,
promoción de la inversión extranjera y creación de empleos. Todos
ellos, elementos imprescindibles para resucitar en el menor tiempo
posible el cadáver en que han convertido a Cuba estas aves de rapiña
incapaces de producir riqueza y carceleros de quienes traten de
producirla.



Por otra parte, el borrón y cuenta nueva
implícito en este servil Mensaje a la Nación traería, en nuestra
opinión, los perjuicios siguientes: Desataría una ola de venganzas y
pases de cuenta por parte de las víctimas, minaría la credibilidad del
nuevo gobierno, fomentaría la corrupción y el abuso por parte de los
nuevos gobernantes y sus fuerzas policiales e institutos armados,
traería consigo una alteración del orden público y un sentido de
inseguridad por parte de la ciudadanía, frenaría la inversión
extranjera y produciría altos niveles de desempleo. En conclusión, una
fórmula ideal para el caos social, el desastre económico, el
desprestigio de la democracia, el colapso del nuevo gobierno y un surco
abonado para la siembra de una nueva semilla totalitaria, ya sea de
izquierda o de derecha.



Por lo tanto, ratificamos
nuestra opinión de que no puede haber diálogo con sordos ni perdón para
criminales. Que la lucha actual demanda una oposición de activismo no
violento pero firme en su negativa a cooperar con la tiranía. Y que en
la Cuba Libre que ya se divisa en nuestro horizonte político no puede
haber lugar para claudicaciones ni componendas. Que lo que debe
predominar es la aplicación de una justicia imparcial e independiente
que ilumine el camino hacia la nación por la cual han sacrificado sus
vidas lo mejor de nuestros hombres mujeres. Porque no tengo la menor
duda de que sin justicia no habrá nación.



Miami, Florida, 31 de julio del 2009.

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