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La transición de un régimen represivo y autoritario (Rusia)

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La transición de un régimen represivo y autoritario (Rusia)

Mensaje por Huésped el Jue Feb 08, 2007 10:18 pm

Estos articulos han sido puestos con el proposito de ser analizados y extraer lo positivo de algunos, si se aplica a nuestro caso: Cuba.Y ver ademas, la diferencia entre el punto de vista de "un lado y el otro" sobre los cambios en Rusia. Mas adelante contestaremos a cada uno de ellos (por segmentos, si se aplica)


La generación poscomunista: prostitutas y maleantes

El Mundo


LA Unión Soviética ha hecho la transición de un régimen represivo y autoritario, donde predominaban el bienestar social, el pleno empleo y la seguridad de los ancianos, a un sistema de capitalismo salvaje en el que una pequeña minoría formada por empresarios mafiosos, burócratas ex comunistas y nuevos ricos especuladores, ha saqueado la economía, sumiendo en la pobreza al 60% de la población, y dejando sin un rublo a la mayoría de los pensionistas.
La clase dominante y sus acólitos de los medios informativos presentan a las personas de éxito de la nueva sociedad rusa como el modelo que deberían imitar los jóvenes: los nuevos ejecutivos multimillonarios, rodeados de sus corpulentos guardaespaldas, que hacen negocios con los jefes de la mafia, los nuevos propietarios de las empresas públicas recién privatizadas.
La mayor parte de los observadores dirían que la transición de Rusia al capitalismo ha sido catastrófica, en vista del desempeño económico y de las consecuencias sociales que ha traído. Por dar sólo un ejemplo: la esperanza de vida ha disminuido en seis años en comparación con los últimos años del régimen comunista y, de hecho, es más baja que la de Bangladesh.
El declive cultural no es menos sorprendente que el deterioro social y económico. La prostitución, el juego y los crímenes se han disparado, así como el suicidio, el sida y los asesinatos, que se cometen ahora tanto en las calles como en las suites de hoteles de lujo.
La cursi y basta cultura de masas de Occidente ha penetrado por todas las grietas de la sociedad poscomunista: los casinos dan empleo a 400.000 personas; las prostitutas, a tiempo parcial y a tiempo completo, se cuentan por millones, y medio millón de agentes de seguridad forman parte de los ejércitos privados de los nuevos ricos.
Esta es la realidad social que moldea los valores, el comportamiento y las aspiraciones de las nuevas generaciones poscomunistas.
Un riguroso estudio, realizado por Bores Ruchkin, director del Centro de Investigación de la Juventud de Rusia, pone de manifiesto hasta qué punto la transición de Rusia al capitalismo ha afectado a los valores y las normas de la generación poscomunista, a aquellas personas que han llegado a la mayoría de edad durante la transición. En el estudio se encuestó a 3.839 personas de toda Rusia, dividas en tres grupos de edad, de 17, 24 y 30 años.
La codicia y la delincuencia se aceptan como caminos normales para poder llevar una buena vida. Casi el 50% de los encuestados pensaba que era aceptable emplear la fuerza para obtener lo que uno quiere. No en balde la orden de bombardear el Parlamento que dio el presidente Yeltsin en 1991 se entendió como un acto ejemplar, tal como se entiende ahora la apropiación de las rentables empresas del sector energético por parte de la elite del antiguo Partido Comunista. La mafia se ha convertido en la ideología predominante, que se filtra desde las altas esferas del poder hasta las nuevas generaciones. Entre las libertades recién adquiridas, concepto tan elogiado por los expertos occidentales, está la libertad de atracar al vecino como forma de ascenso social.
La corrupción generalizada de las empresas y del Gobierno en la época poscomunista también se considera normal por la joven generación que ahora entra en la economía de mercado. Según los resultados del estudio, más del 50% de los jóvenes de 17 años no veía ningún inconveniente en buscar un empleo en el que podrían correr el riesgo de ser sobornados. El 20% de este grupo de edad confesó que intentaría conseguir un puesto de trabajo en el que se suelen recibir sobornos. Dada esta situación, es probable que los empleos mejor remunerados estén vinculados a la corrupción. Por tanto, la aceptación de la corrupción por parte de los jóvenes puede considerarse parte integral de la realidad social. No obstante, la actitud de cinismo y complicidad con respecto a la corrupción, considerada una actividad normal, nos da a entender el grado de degradación de los valores éticos de la juventud poscomunista.
En lo que concierne a las relaciones personales, la transición de Rusia ha incorporado los peores aspectos de la sociedad mercantilista de Occidente. Una suerte de codicia y vulgaridad primitivas se extienden entre los jóvenes, ahora adeptos a la Coca-Cola y las gomas de mascar, y amantes de la libertad. Más de dos tercios de los jóvenes confiesan que están dispuestos a contraer un matrimonio por conveniencia, y más de una cuarta parte tendría relaciones sexuales por dinero.
La sociedad poscomunista opera en dos niveles. La línea oficial hace hincapié en la retórica del mercado libre y la democracia. En la práctica, los valores que determinan la vida diaria subordinan la persona a la estupidez del mercado. Todo está en venta, incluso se permite la explotación sexual de los adolescentes. No es motivo de sorpresa, por tanto, que el poder del régimen de Yeltsin se deba en parte al uso de la fuerza y de la corrupción, así como al apoyo de los jóvenes ambiciosos, dispuestos a hacer cualquier cosa por dinero; cerca de tres quintas partes de ellos contestaron que el dinero era lo más importante de la vida.
Según los expertos occidentales, ésta es la primera generación de rusos que considera normal la libertad. El estudioso ruso que dirigió la mencionada encuesta llegó a esta conclusión: «Los jóvenes se han adaptado muy bien a las condiciones del mercado. No quieren volver al pasado». Esta afirmación no es del todo errónea. Dada la corrupción, la decadencia y la delincuencia de la sociedad poscomunista, estar dispuesto a emplear la fuerza, a aceptar sobornos y a sacar provecho económico de los orificios del cuerpo, son pruebas de una gran capacidad de adaptación.
El manido argumento de que los males de la Rusia poscomunista son la resaca de la época soviética no tiene ningún fundamento. La actual generación de jóvenes es producto del periodo poscomunista. A lo sumo, se podría decir que el grupo de mayor edad, el de 30 años, ha adoptado una postura de cinismo como reacción al discurso hipócrita del régimen comunista. No obstante, en términos generales, las normas de la ideología comunista al menos suponían cierta contención del pillaje y de la corrupción, al tiempo que proporcionaban trabajos vitalicios y servicios sociales básicos. La transición al capitalismo ha reventado los sistemas de control y, por tanto, se ha dado rienda suelta al ansia materialista de las clases altas..., cuyos comportamientos intentan imitar, al menos en la fantasía, las nuevas generaciones, situadas en la base de la pirámide social.
La realidad es que sólo un número insignificante de estos jóvenes hará realidad su sueño de convertirse en nuevos banqueros, ejecutivos y jefes de la mafia. En el mejor de los casos podrán aspirar a guardias de seguridad, a científicos mal pagados o a unirse a los 10 millones de pequeños vendedores ambulantes que recorren las calles y los rincones de la nueva economía de mercado de Rusia

http://www.rebelion.org/petras/postcomu.htm



Última edición por el Jue Feb 08, 2007 11:24 pm, editado 1 vez

Huésped
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Re: La transición de un régimen represivo y autoritario (Rusia)

Mensaje por Huésped el Jue Feb 08, 2007 10:19 pm

Otro articulo sobre el mismo tema:

Parte I:

La declinación y desintegración de la Unión Soviética marcó el fin de una época histórica. A ello siguieron siete calamitosos años que coincidieron con el reinado de Yeltsin y el intento fogoneado por Occidente de convertir a Rusia al capitalismo clásico. En agosto de 1998 esto concluyó espectacularmente con la caída del rublo y el hundimiento del país, que ya estaba en una profunda crisis económica, en la bancarrota. El crimen y la corrupción rampantes acompañaron lo que se llamó la transición, celebrada en Occidente como la tormentosa ruta hacia la democracia. Dos guerras en Chechenia y, más tarde, unas elecciones fraudulentas...; sólo Pangloss (1) podría decir alegremente que el reinado de la democracia capitalista se ha establecido en Rusia.
La transición ha fracasado, y esto es un fracaso de proporciones históricas mundiales. Rusia no es tan importante para la economía mundial, pero su importancia está dada por el hecho de que se suponía que volvía al capitalismo, y fracasó. Esta es la única cuestión que importa y es lo que preocupa al FMI, porque señala que se aleja del mercado. Con Africa en crisis y América Latina al borde de una, la nueva realidad es que no hay una vía para ir hacia el mercado ni tampoco se puede volver atrás. No hay una solución a la vista (para el capitalismo mundial; para nosotros hay una solución: ¡la revolución!).
Occidente esperaba a Rusia para hacerla capitalista, y no lo hizo, a pesar de los esfuerzos enormes de la ayuda occidental para contribuir a privatizar los enormes recursos del Estado. La privatización simplemente permitió a un puñado de oligargas enriquecerse, a expensas del pueblo ruso, mientras poco cambió ni en los términos de las relaciones sociales en los lugares de trabajo, ni en la forma en que la producción se lleva a cabo. Al comienzo, la privatización nominal tenía como objetivo contribuir a la creación de capitalistas. En lugar de esto, trabajadores y gerentes se conjugaron en un intento de controlar sus empresas; y así se llevó a cabo un segundo round privatizador, respaldado por cientos de millones de dólares de ayuda norteamericana. Esto equivalió, esencialmente, al robo de la propiedad estatal por los que ya la controlaban. Al mismo tiempo, un intento de monetizar la economía se transformó en su contrario, creando una economía en la que el 75% de las transacciones eran realizadas a través del trueque, mientras la mayoría de los salarios obreros tenían meses de atraso. Las agencias de préstamo occidentales favorecieron al grupo de reformadores que hablaba inglés, vestía trajes finos, hablaba e iba donde aquéllas deseaban *el grupo alrededor de Chubais*. La privatización creó al grupo de oligarcas y les permitió confiscar la riqueza, en lugar de crearla. Esas agencias fracasaron en lograr la creación de riqueza por medio de la inversión en la producción. Al contrario, la economía fue desmonetizada para combatir la inflación y el despojo reemplazó a la inversión productiva. Todo esto fue acompañado por ‘democráticas demostraciones’; en otras palabras, mostrar que existe una rudimentaria democracia por existir elecciones; así las canillas se abrían y la ayuda fluía.
Para hacer esto exitoso, había que poner en escena a la democracia. Esto se hizo sumamente bien. Hasta se hizo una guerra para ayudar... por ahora todo va bien. Primero, no sólo hubo elecciones apropiadamente, sino que de hecho el gobierno de Yeltsin funcionó por medio de decretos, a veces redactados por los ‘Harvard boys’, dictados para ayudar al grupo detrás de Yeltsin a cimentar sus ventajas económicas. Cuando la oposición surgió en la Duma fue etiquetada de comunista y Yeltsin la destruyó. Pero no era más que una oposición leal, nacionalista y favorable al mercado *evidencia de la inmensa batalla dentro de la élite por el control y el acceso a las riquezas. Firmas norteamericanas de relaciones públicas fueron contratadas para convencer a la población de que la privatización era en bien de todos; pero una vez que ingresaron a las fábricas para encontrar historias exitosas de privatizaciones, no pudieron encontrar a ninguna. No había ninguna historia exitosa y hasta en una fábrica sus trabajadores ni siquiera sabían que ¡ya había sido privatizada! Historias como ésta, sumado el rol jugado por los EE.UU. para apuntalar a Yeltsin y especialmente a Chubais *el hombre clave para el FMI, el único al que le darían dinero* daban la impresión de que a EE.UU. sólo le interesaba destruir Rusia, como mucha gente cree, aunque este no es el caso (2). Los EE.UU. necesitaban a Rusia para realizar la transición. Una continua desintegración de Rusia y de su bloque sólo significaría inestabilidad para Europa (y para el mundo), y esto no es lo que Occidente quiere. (Es por esto que la Otan entró a Kosovo; no fue para recolonizar el Este, lo cual sólo traería aparejado una carga económica, sino para tratar de evitar el caos). Si sólo lo vemos como los malvados EE.UU. contra la débil Rusia, perdemos de vista la cuestión clave. El capitalismo la necesita para sobrevivir y mal puede permitirse más agostos del ’98 sin que despierten la ira de la población. Cualquiera que conozca Rusia sabe que la paciencia de la clase obrera rusa es inmensa; pero cuando finalmente se mueve, puede hacerlo en forma espectacular.
La mayoría de los rusos hoy están, por lejos, peor que 10 años atrás, y ya entonces no les iba bien. Por otro lado, los EE.UU. actuaron en forma inepta por contraponer sus propios intereses. El impulso de la primera privatización en 1992 fue transferir las empresas a sus empleados y gerentes o a los inversores de afuera. La única cuestión era entonces saber cómo el gobierno ruso controlaría la privatización. Chubais tenía otros planes. El FMI también pensó que darle el control a los trabajadores era un error, especialmente con tanta riqueza minera y petrolífera en juego. Y con el pueblo ruso como dueño de la riqueza, sería improbable su venta a inversores extranjeros. El pensamiento occidental planteaba que podrían tener una posición inversora más fuerte en Rusia, a un precio más bajo, si la riqueza quedaba en pocas manos. Los oligarcas-cleptócratas querían transferir sus fortunas rusas al exterior *esto es lo que buscaban*, para hacer su posición más segura y permanente, dejándolas afuera. Las salidas de capital habían sido más importantes que las entradas por ayuda (¡alrededor de 25 mil millones de dólares por año!). La élite oligárquica-cleptocrática podía hacer esto más facilmente si tenía socios occidentales, y esto fue sellado vendiéndole parte de sus propias acciones a los inversores extranjeros. Los planificadores de la política occidental parecieron creer, ingenuamente, que en cierto punto los oligarcas comenzarían a invertir en Rusia, a pesar de que el dinero fluía hacia fuera tan rápido como entraba. La consecuencia fue la devastación económica, pero esto fue como un ‘daño colateral’. La misma historia se repitió muchas veces con los programas de austeridad del FMI, que contraían o liquidaban la economía doméstica, pero unos pocos se enriquecían, y sus amigos recibían buenos dividendos.
¿Habrá alguna diferencia con Putin? ¿Durará? Ver cómo conquistó el poder es instructivo: en una elección en la que los politólogos americanos dicen que demuestra los avances rusos hacia la democracia del siglo XXI, Vladimir Putin emergió como el hombre del momento. Detrás de su victoria están los pertrechos de la democracia de nuevo tipo: los medios controlados que denigran a los adversarios y mienten sobre la guerra, periodistas que publican según el precio que se paga por la propaganda gubernamental (un artículo laudatorio se valúa en 4 mil dólares); el patriotismo desenfrenado, y, en caso de que ninguno de estos métodos funcione, llenando listas de votantes con personas muertas.
A pesar de la descripción de los medios de una práctica democrática en Rusia, ha habido una masiva abstención desde 1993, a dos años de la nueva era democrática. Ese año Yeltsin bombardeó al parlamento y forzó una Constitución que garantizaba una virtual dictadura presidencial; pero como una concesión a la presión democrática se resolvió que cualquier elección con una concurrencia menor al 50% fuera anulada. La primera anulación debería haberse efectuado en la propia ratificación de la Constitución. Años después de ese plebiscito, surgieron evidencias que echan dudas sobre las cifras de participación de votantes. En forma similar, nuevas evidencias pusieron un signo de interrogación sobre las cifras oficiales de la elección parlamentaria de diciembre de 1999. Incluso tomando las cifras oficiales, es claro que ha habido un incremento de la abstención electoral con cada elección. De hecho, a esto se lo podría llamar ‘fraude electoral pluralista’; el sistema ruso de controles y balances.

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Re: La transición de un régimen represivo y autoritario (Rusia)

Mensaje por Huésped el Jue Feb 08, 2007 10:22 pm

Parte II:

Mientras Putin fue electo en marzo de 2000 con la participación del 52% de esos votantes, una mirada de cerca revela obvios problemas. En Chechenia, desgarrada por la guerra, a pesar de la carnicería, las violaciones y el pillaje del ejército ruso, Putin aparece obteniendo más votos que en Moscú. ¡Parecería que las guerrillas bajaron de los cerros para votar por Putin! El 60% de los votos fue para Putin, con una concurrencia del 79,4%. En Ingushetia, muy vecina y vinculada a Chechenia, donde cientos de miles de refugiados de guerra chechenos encontraron refugio, Putin obtuvo más del 80% de los votos. Aunque fueron registrados en los padrones, los votantes de los campos de refugiados de Chechenia e Ingushetia se quejaron porque no les fueron provistas urnas. Asimismo, en las islámicas Tatarstan y Bashkortostan, Putin se anotó más votos que los que obtuvo en las pobladas regiones rusas. Estos resultados afectan la veracidad y el crédito que se le da al pretendido y falsificado voto masivo.
Observadores oficiales proclamaron que la elección fue justa, pero los observadores del Partido Comunista y el Yabloko reportaron irregularidades en las repúblicas nacionales, incluyendo el inflado de los sufragios y la impresión de 3,4 millones de votos extras en Tatarstan. La concurrencia oficial de votantes fue del 69%, pero un reporte no oficial ubica ese porcentaje en el 45%, lo cual anularía la elección. Las cosas se veían tan mal que 24 millones de sufragios fueron agregados en los últimos 40 minutos de la elección, para evitar su anulación. Aun así, las encuestas de opinión mostraron consistentemente a Putin obteniendo el voto de alrededor del 50% del electorado, y lo que se coomprobó correcto, aunque los observadores del Partido Comunista informaron que Putin ganó con el 45%, es decir, sin lo suficiente como para evitar la segunda vuelta.
Aun si esta hubiese sido una elección libre y justa, las condiciones en que se desarrolló preocuparían. La manipulación de los medios fue evidente por todos lados. Mucho antes de la campaña, los adversarios de Yeltsin-Putin, Primakov y el alcalde de Moscú, Lushkov, fueron sometidos a una sucia operación de los medios. La televisión central rusa y la prensa sostuvieron abiertamente a Putin, incluso al punto de recurrir al antisemitismo y la homofobia contra Yavlinsky, el candidato liberal del Yabloko. (Una conferencia de prensa de los gay que respaldaban a Yavlinsky fue organizada por la red de TV de Berezovsky). Yavlinsky fue el único candidato que se opuso a la guerra en Chechenia. Recibió menos del 6% de los votos.
Mientras la propaganda de los medios es una característica de todas las elecciones ‘democráticas’, en Rusia esto es mucho peor que en el Occidente desarrollado. El control sobre los medios o el acceso a ellos, a través del dinero o de los contactos, juega un rol considerable en todas las elecciones modernas. En Rusia, con sus ochenta y nueve regiones desplegadas sobre una vasta región geográfica, la televisión y la radio juegan un rol unificador crucial. Sumado a esto el temor que la mayoría de los rusos tiene sobre su futuro y el que dominó su pasado, no es sorprendente que se amoldaran a los deseos expresos de la autoridad.
De hecho, la explicación occidental convencional del resultado de estas elecciones es que los rusos quieren un fuerte liderazgo que les asegure orden y seguridad para permitirles progresar, elevando sus condiciones de vida. Desde este punto de vista, los rusos son vistos como un pueblo que ama la autoridad y el orden. Putin, que procede de la KGB y promete la ‘dictadura de la ley’, encaja en esa imagen. Putin superó a su adversario Gennady Zyuganov, del PCFR (Partido Comunista de la Federación Rusa), que obtuvo el 29% de los votos a pesar de la propaganda de los medios. Putin imitó a Clinton y se apropió de la postura de su adversario, en este caso presentándose como partidario de una Rusia más grande, que gane guerras. En forma indirecta, él podía defender también un retorno de la industria rusa.
La población de Rusia no difiere mucho de la de EE.UU. o América Latina en buscar un gobierno que le ponga freno a la continua declinación de los niveles de vida y las mejore. En las primeras elecciones, los trabajadores toleraron el concepto de mercado, pero hoy se oponen a ese sistema que ha llevado a la mayoría a un implacable desastre. Los salarios promedio en Rusia son hoy de 20-22 dólares por mes. A diferencia de Yeltsin, que defendió al mercado, Putin no formuló un programa. Dejó que se lo conociera como un ruso nacionalista y partidario de un gobierno fuerte. Sacó ventaja del efecto proteccionista de la devaluación masiva del rublo y del crecimiento del precio del petróleo, los cuales coincidieron con su presidencia. Esto hizo aparecer a Putin, al contrario que Yeltsin, como partidario de proteger a la industria rusa, lo cual incrementaría los niveles de vida y el empleo. Desde el momento en que esta fórmula era el programa del PCFR de su competidor Zyuganov, el electorado parecía tener pocas alternativas. ¡De los otros doce candidatos, algunos admitieron que sostenían a Putin! Y a su vez el PCFR deriva del stalinismo y su programa se acerca al fascismo. El PCFR es clasificado como partido de izquierda por los comentaristas de derecha, pero es en verdad un partido de extrema derecha, semifascista, nacionalista, antisemita y populista. La Duma no tiene izquierda en absoluto. Representa solamente a diferentes sectores de la élite.
No hubo candidatos de la izquierda. Pero hubo una campaña desde la izquierda *Unión 2000* que llamó a boicotear las elecciones. Ellos consideran que participar de ese ejercicio fraudulento sería legitimar al régimen, cuya maquinaria de propaganda parece un "Ministerio de la Verdad" de proporciones orwelianas. Algunos estaban esperanzados en la anulación de las elecciones, que conduciría a una segunda elección y podría dar lugar a mejores candidatos.
Incluso con su victoria electoral, sea como fuere que la logró, esta elección es un revés mayor para Putin. Esperaba una avalancha de votos con una enorme concurrencia electoral, y para conseguirlo se había preparado falseando los resultados. Putin no obtuvo la legitimación que quería, para tener las manos completamente libres para imponer el Estado fuerte que ahora se requiere para proteger a los oligarcas que lo sostienen. Mientras aparecía como independiente, Putin fue cuidadosamente escogido por Berezovsky, y tenía estrechos lazos con Chubais. Si las elecciones hubiesen sido 100% libres y limpias, los resultados no habrían sido muy diferentes. Esto es así porque toda la élite sostenía a Putin y la oposición ‘leal’, representada por el PCFR de Zyuganov, no representaba una alternativa. El PCFR no es más que una formación marrón-rojiza, que algunos izquierdistas en Rusia etiquetan como partido semi-fascista con un estandarte rojo. Su dirección quiere estar en el poder para participar de todos los privilegios. No quieren el ‘comunismo’.


Última edición por el Jue Feb 08, 2007 10:25 pm, editado 1 vez

Huésped
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Re: La transición de un régimen represivo y autoritario (Rusia)

Mensaje por Huésped el Jue Feb 08, 2007 10:22 pm

Parte III:

Putin representa un retorno al Estado fuerte, intervencionista, pero con un compromiso hacia el libre mercado, lo que en la práctica significa que se permitirá a los oligarcas proteger sus beneficios mal habidos. Ellos necesitan un Estado ahora, y esto coincide con los deseos de la población de un Estado que la proteja y "se haga cargo". Los controles sobre los individuos están reapareciendo, mientras que la protección del bienestar social ha desaparecido. Putin ha comenzado a reprimir el mayor grupo de periodistas, golpeando a los opositores e invadiendo el Media Most, los mediáticos independientes de Rusia. La televisión de ese grupo ha sido franca investigando la corrupción y revelando algunas verdades acerca de la guerra genocida de Putin en Chechenia. (Para ser justos, el Media Most es propiedad de una oligarquía rival.) Esa represión muestra que Putin recurre a las tácticas soviéticas, suprimiendo abiertamente a los disidentes, en lugar de controlar simplemente los impresos como hacía Yeltsin, falsificando la realidad y sobornando a otros. La prensa independiente está bajo un serio ataque.
Yeltsin es popularmente ridiculizado como un fracasado incurable, tanto por sus políticas como por el fracaso de lo que implementó. Y ahora su sucesor proviene del mismo palo. Tanto Anatoly Chubais, el jefe privatizador, como Boris Berezovsky, el principal capitalista, sostienen a Putin. Cualquiera sea su retórica nacionalista y el uso que haga de mecanismos de protección como la devaluación, Putin tiene un compromiso con el mercado y sufrirá sus continuos fracasos. Es interesante ver que en Rusia el apoyo del capital no basta, porque éste por sí mismo es débil. Los órganos represivos del Estado son entonces convocados a actuar.
El capital significa hoy en día capital financiero. Los gerentes industriales podrían poseer participaciones en sus empresas, pero ellos tendrían que actuar de una manera diferente que el propio capitalismo. Constituyen una sección diferente del grupo dirigente del capital financiero, como Berezovsky. Yeltsin a veces se comprometía con este último grupo, al cual representó el PCFR. Putin indicó que él se comprometerá con ellos también, y lo está haciendo políticamente con su nacionalismo, el proteccionismo y la acción del Estado. Parece, sin embargo, que él va más allá, y es esto lo que abre dudas en opinión de los comentaristas occidentales.
Putin proviene de la KGB, ascendió en el escalafón político con ayuda de las reformas de mercado y fue parte del gobierno de Yeltsin. Reclutó a miembros de la policía secreta como empleados de su aparato. La conclusión lógica es que el capital financiero ruso giró hacia los órganos de poder para perseguir su programa. Si el mercado no puede ser introducido a través de ‘formas democráticas’, puede hacerse directamente por la fuerza. Desde esta perspectiva, Chechenia tuvo que ser destruida en función de mantener la integridad de Rusia como un país. Encima, Putin no tiene el completo apoyo de la FSB (3), sucesora de la KGB; ¡así corre el riesgo de tener un estado policial sin el apoyo de la policía!
La población no quiere el mercado, de modo que éste le será impuesto por la fuerza. Esto no puede ser logrado, pero se lo intentará. La ya sufrida población está en la mayor miseria. Finalmente, el robusto y juvenil Putin se parecerá a Yeltsin *una figura profundamente antipopular, revolcada y quebrada.
La historia tiene una manera de quebrar a los que luchan a favor de un grupo social sin lugar en la historia. Como definió un autor, Yeltsin será exitoso por Shmeltsin. Nosotros podemos decir, a su turno, que Putin será exitoso por Schmutin, hasta que los trabajadores tomen la historia en sus propias manos.
¿Cuáles señales de oposición?

A pesar del masivo manejo del escenario de las elecciones, de las guerras y de las ‘reformas’, en Rusia hay pocos que los sostengan, y en cambio está emergiendo una activa oposición, aunque todavía sea pequeña. La juventud se está volviendo contra el sistema (y ésta es una población joven que nunca experimentó el sistema soviético, pero está harta de la corrupción y la falta de oportunidades) y el ‘sistema pinochetista estilo ruso’ de Putin es mucho menos funcional en la medida en que la policía puede ser sobornada. Pinochet ya tenía un sistema de mercado funcionando, que Rusia no tiene, y el aparato represivo ruso es corrupto y no puede forzar el crecimiento económico.
El régimen derechista autoritario de Putin tiene el efecto de empujar a la gente hacia la izquierda. Y los dos últimos años de relativa estabilidad tras la devaluación del rublo y la elevación del precio del petróleo, permitieron una recuperación económica desde agosto del ’98 a la primavera de 2000. El colapso del rublo le dio ímpetu al mercado interno, especialmente a la producción de alimentos, en la medida en que las importaciones se volvieron de repente demasiado caras. Este crecimiento se hizo sin inversiones y puede modificarse cuando los precios del petróleo declinen. Pero, con la recuperación, el movimiento de los trabajadores surgió.
Ha habido algunas luchas que dan mucho ánimo: en la mina a cielo abierto de Chernigovsky, en Kemerovo (Siberia), los trabajadores bloquearon la entrada a los nuevos propietarios, declarándola ‘empresa del pueblo’, y chocaron vigorosamente con la policía. Un enfrentamiento similar ocurrió en la famosa fábrica de porcelanas Lomonosov, en San Petersburgo. Pero la lucha más significativa ha tenido lugar en la fábrica de papel y pulpa de Vyborg, un área industrial al norte de San Petersburgo, cerca de la frontera con Finlandia, que jugó un rol importante en la Revolución Rusa de 1917.
La fábrica fue vendida a un empresario de vodka por un valor de entre medio y uno por ciento de su valor real; un caso bastante típico del esquema privatizador. Los salarios no se venían pagando, el propietario se fue y la fábrica llegó al borde de la bancarrota. Se corrió el rumor de que el dueño iba a despedir a los dos tercios de la fuerza de trabajo de dos mil trabajadores; entonces ocuparon la fábrica, la declararon propiedad común y eligieron su propio director.
La fábrica pronto encontró clientes para su producción y durante 18 meses trabajó como una cooperativa, pagando sus deudas, pagando a los trabajadores 1.500 rublos por mes *un ingreso alto para los niveles rusos*, y organizó un programa de apoyo social para el pueblo, que incluía la provisión gratuita de leche y electricidad, peluquería y vacaciones gratuitas, y ayuda financiera para los pensionados. La fábrica incluso pagaba sus impuestos.


Última edición por el Jue Feb 08, 2007 10:27 pm, editado 1 vez

Huésped
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Re: La transición de un régimen represivo y autoritario (Rusia)

Mensaje por Huésped el Jue Feb 08, 2007 10:24 pm

Parte IV:

Los dueños volvieron, contrataron gangsters y a la policía para reconquistar la fábrica. Fue una batalla a tiros, y dos trabajadores fueron muertos. Fue llevada al lugar una fuerza de tareas especial antimotines y la policía tomó rehenes para sacar a los trabajadores. Los trabajadores de Vyborg se endurecieron, pero en enero la planta fue vendida a una firma británica, Alcem. Uno de los líderes de la cooperativa firmó un trato con Alcem entregando el control de la fábrica a cambio de la garantía de un aumento en los pagos, de beneficios sociales para el pueblo y de que no habrá despidos. Putin condecoró a los policías que participaron de la reconquista de la fábrica como héroes nacionales.
Pero los trabajadores se están agitando. Entre los conflictos más importantes figura el de las mujeres del gremio de la alimentación que trabajan para los restaurantes de McDonalds, que han emprendido una batalla impresionante para sindicalizarse (¡McDonalds no permite sindicatos en ninguna parte!); y estas mujeres no tenían ninguna experiencia sindical previa. Los trabajadores están buscando su voz y están presionando a sus nuevos empleadores reclamando un mejor trato.
Los oligarcas querían a Putin para que sea un Pinochet ruso, y él apela al nacionalismo y al racismo para consolidarse. Putin representa el retorno del capital financiero a la escena política, pero bajo el nuevo eje del nacionalismo. El nacionalismo sirve a sus intereses políticos porque pueden mantener el control político a través de ‘elecciones democráticas’. El nacionalismo sirve a sus intereses económicos porque sufrieron serios reveses financieros o la bancarrota a través de su deuda con Occidente durante la devaluación de 1998. El nacionalismo sirve a sus intereses sociales porque ha llevado a mayores niveles de empleo, a mayor demanda interna y al crecimiento de la industria nacional.
Aunque los trabajadores no tienen voz en el proceso electoral, su descontento fuerza a la élite a adoptar una línea nacionalista para encauzar el descontento y la oposición a las fallidas reformas económicas. No hay reforma de mercado que se pueda introducir y mejore la situación. El nacionalismo es su última carta. Y la última vez que se usó tan abiertamente llevó a la Revolución Rusa de 1917. (!Hoy de nuevo, hay una solución-revolución!).


(*) Texto de la intervención de Suzi Weissman, en la sesión sobre "La restauración del capitalismo en Rusia" del Seminario Internacional, realizado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (30 de mayo de mayo de 2000).
1. Personaje del Cándido de Voltaire, encarnación del optimismo [Nota del traductor].
2. El esquema privatizador fue conocido como préstamos por acciones, cuando un puñado de oligarcas adquirió muchas joyas industriales al precio que esas acciones salieron en subasta. Esta fue la segunda privatización, después que la privatización por bonos fracasó en crear capitalistas.
3. De acuerdo a Boris Kagarlitsky, sólo el 11% de la FSB apoyó a Putín.Estadisticas

La población rusa ha disminuido de 148 millones en 1990 a alrededor de 138 millones hoy.
La tasa de suicidios se ha elevado un 60% desde 1989.
La expectativa de vida había caído 7 años, y luego subió 3, o sea que cayó 4 años.
El 75% de todos los embarazos tienen serias patologías; la infertilidad se ha incrementado a razón del 3% anual.
La tasa de mortalidad excede la de nacimientos en un 70%.
En una encuesta de 1998, los rusos de 18 años destacaban la prostitución o trabajar como asesinos, por encima de científicos, ingenieros o investigadores, como carreras atractivas para elegir.
http://www.po.org.ar/edm/edm28/el.htm

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Re: La transición de un régimen represivo y autoritario (Rusia)

Mensaje por Huésped el Jue Feb 08, 2007 10:31 pm

RUSIA: LA TRANSICION AL CAPITALISMO
8 de noviembre de 2004

Los golpes de martillo que derrumbaron el muro de Berlín dieron también la puntilla al Estado soviético, surgido en 1917 con la simbólica toma del Palacio de Invierno. A la vuelta de estos 15 años, la economía rusa se ha reducido a la mitad, surgió otra oligarquía a la vera de la privatización de las empresas públicas, las redes de protección social se desmantelaron y un tercio de la población vive en la pobreza.
Juan Pablo Duch, Moscú
Herida de muerte por el agotamiento irreversible del llamado "socialismo real", la economía de Rusia sobrevivió la caída del muro de Berlín poco más de dos años hasta que los fallidos intentos de reformar el sistema y la lucha por el poder en la elite gobernante precipitaron, en diciembre de 1991, la disolución de la Unión Soviética.
A partir del colapso de la federación que formaban Rusia y 11 repúblicas euroasiáticas ­las tres bálticas se separaron meses antes­, cada uno de estos países empezó a sentar las bases de una economía de mercado, con un punto de partida común y de suyo complejo: en el espacio posoviético el fin del comunismo tuvo como adicional factor adverso, a diferencia de lo ocurrido en Europa del Este, el hundimiento del Estado.
Trece años después de iniciada en Rusia la transición al capitalismo, la economía perdió casi la mitad del producto interno bruto (PIB) durante la gestión del presidente Boris Yeltsin, y ahora presenta signos de recuperación por la coyuntura, extraordinariamente favorable, de los precios internacionales de los hidrocarburos.
La economía bajo la presidencia de Vladimir Putin crece por cuarto año consecutivo: 5.1% en 2001; 4.7% en 2002; 7.3% en 2003 y, este año 7%. El Kremlin, que tan sólo para el presupuesto de 2005 dispone de una inyección de más de 80 mil millones de petrodólares, proclama la ambiciosa meta de duplicar el PIB en un plazo de 10 años.
Del desbarajuste a la decepción
Al comenzar las reformas, en enero de 1992, el modelo socialista de economía planificada y centralizada había dejado de funcionar, estaba paralizada la red de abasto, el acopio de cereales se redujo casi a cero, el mercado de consumo estaba en ruinas, había fracasado el sistema de racionamiento, rasgos éstos de la economía soviética en su fase terminal.
Frente a ese panorama, y facultado por el Parlamento para gobernar por decreto durante un año, Yeltsin encargó a su primer ministro, Igor Gaidar, desmantelar la agonizante estructura jerárquica de planificación y distribución.
Gaidar, siguiendo las recetas de los organismos financieros internacionales, aplicó la obligada terapia de choque: liberación de precios, privatización, retiro de subsidios a la industria y la agricultura, y el etcétera de rigor. Con ello, en apenas 12 meses, en lugar de lograr la prometida estabilización se disparó la inflación hasta 2 mil 500%, lo que implica un promedio de aumento de precios de casi 7% al día.
La deformada estructura de producción soviética y el desorden monetario derivaron en una economía marcada por el incumplimiento de los pagos y el trueque, mientras el gabinete de Víktor Chernomyrdin, sucesor de Gaidar, entró en el callejón sin salida de emitir cada vez más instrumentos de deuda pública hasta producir una pirámide financiera.
Para cubrir el déficit y financiar campañas políticas, como la relección de Yeltsin en 1996, se optó por captar la inversión especulativa mediante la colocación de bonos con desorbitados intereses que llegaron a 200% anual y generaron más deuda incobrable.
El joven tecnócrata Serguei Kiriyenko, que sustituyó a Chernomyrdin cuando éste se creyó presidenciable y desafió con ello a un Yeltsin en plena decadencia física, continuó la práctica viciosa del masivo endeudamiento público.
Así se enriquecieron relevantes figuras del entorno presidencial, numerosos funcionarios del gobierno y del Banco Central que, al usar información privilegiada, se volvieron activos jugadores en el mercado de los bonos emitidos por el Estado.
Hacia agosto de 1998, se derrumbó la pirámide de las GKO, obligaciones del Estado a corto plazo, se hundió el rublo y Rusia se declaró en bancarrota al anunciar la suspensión temporal del pago de sus compromisos de deuda pública interna y congelar la deuda comercial privada con el exterior.<>Con esa debacle financiera concluyó la primera etapa de la transición al mercado en la Rusia posoviética.
Consecuencias nefastas
El desmantelamiento del anterior modelo económico y la ausencia de una sociedad civil capaz de establecer controles efectivos tuvo consecuencias nefastas. Entre otras:
El reparto de la propiedad mediante privatizaciones turbias. Con la complicidad del círculo más cercano de Yeltsin, aparecieron los llamados "oligarcas", magnates que de la nada amasaron descomunales fortunas. Amañadas licitaciones, en las cuales participaban formalmente varios interesados y que, en realidad, eran sólo prestanombres del comprador designado desde el Kremlin, sirvieron para adjudicar las 500 empresas más grandes del país, que valían por lo menos 200 mil millones de dólares y se vendieron en poco más de 7 mil millones.
La concentración de la riqueza. Mientras los "nuevos dueños" de Rusia hacen ostentación de opulencia, en ocasiones con desplantes que rayan en lo grotesco, la pobreza creció hasta afectar a una tercera parte de la población, en un país de 150 millones de habitantes.
El saqueo de los recursos naturales. La exportación de materias primas, a partir de la enorme diferencia de su precio en los mercados interno y mundial, se volvió una de las principales formas de acumulación de capital al convertir en millonario a cualquiera que consiguiera, por medio de sobornos, los permisos de extracción y las licencias de exportación.
El auge de la criminalidad. La delincuencia organizada, que en sus orígenes se dedicó a la extorsión y a satisfacer la creciente demanda de asesinatos por encargo como modo de resolver las disputas de orden económico, penetró todos los sectores de la economía, entremezclándose con la política mediante sus representantes en el Parlamento y en ciertos niveles del gobierno.
La corrupción generalizada. Extendida hasta grados de hipertrofia, la corrupción beneficia a funcionarios de todos los rangos, que acumulan riqueza y hacen negocios al amparo de sus cargos. La policía y el aparato de seguridad, en lugar de perseguir los ilícitos compiten con la delincuencia organizada en otorgar "protección".
Estas consecuencias &shy;unas más acentuadas que otras&shy; persisten en la era Putin.
La economía rusa, la número 17 del mundo medida por su PIB, intenta pasar a formas menos salvajes de capitalismo con base en el tácito entendimiento de que, a estas alturas, ya es imposible revertir los resultados de las escandalosas privatizaciones en la época de Yeltsin. Y de que el maná de los petrodólares no es eterno §

Corresponsal de La Jornada



http://www.jornada.unam.mx/2004/11/08/002n1sec.html

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Re: La transición de un régimen represivo y autoritario (Rusia)

Mensaje por Huésped el Jue Feb 08, 2007 10:33 pm

El balance de la transición de la URSS a Rusia
la caida del estalinismo y las consecuencias generales
http://www.pangea.org/cpea/archivos/IV%20Internacional/balanceURSS.htm


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Re: La transición de un régimen represivo y autoritario (Rusia)

Mensaje por Alcaldesa el Jue Feb 08, 2007 10:47 pm

M.L. Matanzas escribió:


La generación poscomunista: prostitutas y maleantes

El Mundo


.......La mayor parte de los observadores dirían que la transición de Rusia al capitalismo ha sido catastrófica, en vista del desempeño económico y de las consecuencias sociales que ha traído. Por dar sólo un ejemplo: la esperanza de vida ha disminuido en seis años en comparación con los últimos años del régimen comunista y, de hecho, es más baja que la de Bangladesh.
El declive cultural no es menos sorprendente que el deterioro social y económico. La prostitución, el juego y los crímenes se han disparado, así como el suicidio, el sida y los asesinatos, que se cometen ahora tanto en las calles como en las suites de hoteles de lujo.
.....El manido argumento de que los males de la Rusia poscomunista son la resaca de la época soviética no tiene ningún fundamento. La actual generación de jóvenes es producto del periodo poscomunista.
.....No obstante, en términos generales, las normas de la ideología comunista al menos suponían cierta contención del pillaje y de la corrupción, al tiempo que proporcionaban trabajos vitalicios y servicios sociales básicos. La transición al capitalismo ha reventado los sistemas de control y, por tanto, se ha dado rienda suelta al ansia materialista de las clases altas..., cuyos comportamientos intentan imitar, al menos en la fantasía, las nuevas generaciones, situadas en la base de la pirámide social.
http://www.rebelion.org/petras/postcomu.htm


Parte IV:

De acuerdo a Boris Kagarlitsky, sólo el 11% de la FSB apoyó a Putín.Estadisticas

La población rusa ha disminuido de 148 millones en 1990 a alrededor de 138 millones hoy.
La tasa de suicidios se ha elevado un 60% desde 1989.
La expectativa de vida había caído 7 años, y luego subió 3, o sea que cayó 4 años.
El 75% de todos los embarazos tienen serias patologías; la infertilidad se ha incrementado a razón del 3% anual.
La tasa de mortalidad excede la de nacimientos en un 70%.
En una encuesta de 1998, los rusos de 18 años destacaban la prostitución o trabajar como asesinos, por encima de científicos, ingenieros o investigadores, como carreras atractivas para elegir.
http://www.po.org.ar/edm/edm28/el.htm

M.L.

Segun lo que expones en estos articulos, Russia estaba mucho mejor
bajo el sistema socio-totalitario. Y la transicion de este sistema a uno
de "capitalismo" pues no usan la palabra democracia en los articulos
es desvastadora para una sociedad?
Aunque entiendo que estos articulos no sean imparciales ya que los sitios o fuentes que citas son pro-socialistas, pro-castristas etc....
y muy anti-USA.

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Re: La transición de un régimen represivo y autoritario (Rusia)

Mensaje por Huésped el Jue Feb 08, 2007 10:54 pm

Hacia tiempo queria buscar informacion sobre la transicion en Rusia, he publicado lo que he encontrado, pero estoy conciente que no siempre van a ser "lo que esperamos", solo quiero usarlos como analisis y reflexion, y tambien para que la gente, segun lean cada uno, se de cuenta como un mismo "hecho" puede tener tan diferentes versiones, opiniones o afirmaciones, dependiendo del angulo desde donde cada quien lo desee mirar.

Todavia no termino...

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Re: La transición de un régimen represivo y autoritario (Rusia)

Mensaje por Alcaldesa el Jue Feb 08, 2007 11:06 pm

M.L. Matanzas escribió:Hacia tiempo queria buscar informacion sobre la transicion en Rusia, he publicado lo que he encontrado, pero estoy conciente que no siempre van a ser "lo que esperamos", solo quiero usarlos como analisis y reflexion, y tambien para que la gente, segun lean cada uno, se de cuenta como un mismo "hecho" puede tener tan diferentes versiones, opiniones o afirmaciones, dependiendo del angulo desde donde cada quien lo desee mirar.

Todavia no termino...

Entiendo
Si, si continua...
La libertad de expresion...., y estos sitios te agradecen que le hagas publicidad y que se les de la oportunidad de entrar aqui, donde nos leen de Cuba a propagarse y presentar sus versiones, opiniones y afirmaciones desde su angulo, ya que son sitios pro-castro y pro-comunismo, dudo mucho que en ellos permitan exponer opiniones y afirmaciones desde el angulo de Secretos.

Y recuerda que Cuba no es Rusia, y estos cuadros de los articulos
estan tetricos, pues muestran solamente dos opciones, cual de las dos mas deprimente, para el pueblo cubano.


Última edición por el Vie Feb 09, 2007 3:59 pm, editado 2 veces

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Re: La transición de un régimen represivo y autoritario (Rusia)

Mensaje por Huésped el Jue Feb 08, 2007 11:09 pm

Otro Articulo sobre el mismo tema:

Parte I:

LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA: RUSIA Y LA EXPERIENCIA DE ESPAÑA






Contexto ibérico
Serguey Jenkin
Doctor en Historia, profesor del Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú, del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia.
LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA: RUSIA Y LA EXPERIENCIA DE ESPAÑA

Al festejar el 25 aniversario del restablecimiento de las relaciones diplomáticas ruso-españolas merece la pena recordar los puntos de similitud en los destinos de nuestros pueblos, lo que determinó la atracción y simpatía recíproca entre rusos y españoles.
Efectivamente, en las trayectorias del desarrollo histórico de Rusia y de España, países situados en los extremos opuestos del continente europeo, advertimos muchos aspectos similares. En tiempos, ambos países cumplieron funciones de guardia fronteriza, fueron obstáculos interpuestos en el camino de los conquistadores orientales: Rusia — frente a la invasión mongolo-tártara, España — frente a la presión del mundo árabe. Sin la resistencia con que tropezaron los invasores en ambos países, la historia de Europa podría haber sido otra. Ya más tarde Rusia descubrió y conquistó Siberia, y España, América. España y Rusia sufrieron la invasión de un mismo enemigo, Napoleón, y no se rindieron.
La situación geográfica de Rusia y de España en la encrucijada entre Occidente y Oriente influyó de modo determinante para que ambos países fueran durante largo tiempo imperios. Y los rastros de este pasado imperial se perciben aún en la psicología nacional y en la cultura política de los dos países.
Como se sabe, en las culturas fronterizas tanto las características de apertura como las de hermeticismo son más acentuadas en comparación con las culturas no fronterizas. Son tejidos más sensibles a los impulsos externos y al mismo tiempo preservan celosamente su identidad. Un elemento común a la cultura rusa y la española es la lucha intensa y continua entre la “compenetración con lo universal” y la protección de lo tradicional, entre europeístas y partidarios de la vía propia, genuina de desarrollo. “Europa y nosotros”, tal enfoque del problema no es característico de un alemán o un francés, pero sí lo es de un ruso o un español.[1]
En los caracteres ruso y español están presentes las ideas de la exclusividad nacional, la autosuficiencia y el sentimiento de pueblo elegido, el mesianismo, el utopismo y el maximalismo. En el régimen político de nuestros países, en la mentalidad de la población se entrelazan paradójicamente elementos de las culturas occidental y oriental, dando lugar a cierta síntesis “occidental-oriental”[2].
Por otra parte, Rusia y España son países de desarrollo mediano, en los cuales el Estado a lo largo de los siglos ha desempeñado un papel preeminente en la integración nacional, países donde han predominado los métodos autoritario-burocráticos de administración y las tradiciones democráticas son muy débiles. Ambos han vivido períodos de fuertes conmociones, revoluciones, guerras civiles. Otro elemento de similitud reside en el hecho de que nuestros países sean Estados multinacionales y se hayan visto continuamente obligados a encarar los complejos problemas de la relación tanto entre el centro y las regiones con entre las diversas comunidades étnicas.
Lo parecido en los destinos de Rusia y de España se manifiesta también en los últimos decenios del siglo XX. Ambos países con intervalo de diez años (España en 1975 y Rusia en 1985) emprendieron el camino de transformaciones sociopolíticas de gran escala, cuyo eslabón esencial ha sido la transición de regímenes no democráticos a la democracia.
España logró en este camino éxitos considerables, creando un sistema político estable de democracia representativa y recuperando su lugar en Europa tras un prolongado período de aislamiento. En reemplazo de una cultura multisecular de confrontación prosperó la cultura del diálogo y de los compromisos. La vía española de transición a la democracia se ha granjeado el reconocimiento de muchos expertos en calidad de modelo.
El camino de Rusia hacia una sociedad democrática resultó más complicado. Y es que nuestros países emprendieron la transición a la democracia desde puntos de partida distintos. El franquismo nunca, ni siquiera en sus etapas más tempranas, fue una dictadura totalitaria en el sentido estricto de la palabra, un régimen en que el Estado aplastara por completo a la sociedad civil, en que toda la vida de la sociedad estuviera reglamentada rígidamente y en todo se requiriese unanimidad absoluta. Por supuesto, el franquismo conservó su carácter dictatorial a lo largo de todos sus años de existencia, las detenciones y el procesamiento de opositores fueron una constante del régimen. Pero, a pesar de todo, en la España franquista la dictadura apenas alteró los principales pilares de la vida social: la propiedad, la tierra, la familia. El mercado, si bien con limitaciones, siguió funcionando. La tarea que se planteaba ante los españoles, en lo fundamental consistía únicamente en llevar a cabo la democratización política de la sociedad; la transición del autoritarismo a la democracia se realizó en el marco de un mismo sistema social.[3]
En Rusia la escala de la indispensable transformación social era incomparablemente mayor. Para nosotros se trataba no sólo de realizar la democratización política de la sociedad, sino de organizar la desestatización y privatización de una parte de la propiedad, crear un mercado y condiciones de competencia en la economía, destruir el estado unitario de tipo imperial y pasar a relaciones verdaderamente federales en la organización nacional y regional.
El objetivo era más fácil de lograr para los españoles por las siguientes razones:
— recesión económica menos brusca en comparación con lo ocurrido en Rusia, lo que dejaba abierto cierto margen de maniobra, con ciertas posibilidades para concesiones recíprocas del gobierno, los partidos políticos, los empresarios y los sindicatos;
— menor grado (en comparación con Rusia) de agudización de los problemas regionales y nacionales; las discrepancias por lo general se circunscribían a las relaciones entre el centro y la periferia y el que muy pronto se adoptara la decisión política de restablecer la autonomía evitó que se exacerbaran las tensiones interétnicas;
— cierto grado del desarrollo de la sociedad civil, la cual no solo no había desaparecido bajo el franquismo sino que ya había experimentado cierto auge en los años 60 y a comienzos de los 70. Estaba integrada, en particular, por partidos y sindicatos, muchos de los cuales existían ya de antes del franquismo, organizaciones empresariales, distintas asociaciones que surgían “desde abajo” (de amas de casa, de usuarios, comunidades de vecinos);
— la ausencia de un alto grado de polarización de las principales fuerzas socio-políticas, su predisposición al diálogo y a la búsqueda de compromisos.
Subrayemos también que en España concurría un factor subjetivo relativamente maduro en favor de la transición democrática. Una parte de la élite política resultó preparada para cumplir el papel de principal fuerza promotora de la democratización. En el período del franquismo tardío en el país se había formado una contra-élite de la oposición moderada, que alcanzó cierto nivel de cultura política, particularmente en cuanto a tolerancia respecto a los adversarios políticos, lo que jugó un papel exclusivamente importante en la etapa de la transición.
A pesar de todas las diferencias en las condiciones iniciales, la experiencia de la democratización en España tiene mucha importancia para Rusia, precisamente por los mencionados elementos de similitud entre sus respectivos modelos de desarrollo social histórico.
Nos limitaremos a mencionar sólo tres aspectos, tres enseñanzas fundamentales de la experiencia española, sumamente importantes para Rusia en orden a la solución de los problemas pendientes.
El primer aspecto es el de la continuidad del ordenamiento jurídico. En las obras de los especialistas rusos este problema no tuvo un reflejo adecuado. Pero es uno de los problemas centrales para la Rusia actual, sin cuya solución resulta imposible crear un estado normal.
En marzo del 1917 después de la abdicación de Nicolás II en Rusia se rompió el hilo del desarrollo jurídico orgánico. Esta circunstancia casi 85 años después plantea un problema agudo: de qué tradición jurídico-legal es heredera la Federación Rusa, qué le sirve de base legal estatal. La abdicación de Nicolás II a favor no de su sucesor legítimo sino de un heredero designado arbitrariamente se realizó en evidente contradicción con las leyes del Imperio Ruso y dio inicio al derrumbe del ordenamiento legal en nuestro país. No fue legítima la actividad del Gobierno Provisional, ni lo fue la de los bolcheviques, que tras abolir todas las leyes del Imperio Ruso crearon su estado a partir de la nada.
El 1 de septiembre del 1917 el Gobierno Provisional proclamó la República sin que le hubieran otorgado tal facultad. Es característico que en nuestro país nadie festeje el Día de la República. Y en general poca gente piensa en cuáles son los orígenes la forma republicana del gobierno en Rusia.[4]
La Rusia actual todavía no determinó si permanece en el espacio jurídico soviético o reconoce las leyes vigentes antes de 1917. Y mientras la sociedad siga sin determinar este punto seguirán surgiendo los problemas más absurdos. Por ejemplo este. Después del 1992, como resultado de la privatización, muchas personas ya han adquirido la condición de propietarios. Pero ¿qué garantías existen para sus derechos de propiedad si esta propiedad de la que hoy son titulares fue confiscada arbitrariamente en 1917 a otros propietarios? ¿En qué basarse? ¿En la ley soviética? ¿En una ley postsoviética?[5] ¿Qué hacer con los bienes que fueron expropiados por los bolcheviques? ¿Devolverlos a sus antiguos propietarios?


Última edición por el Jue Feb 08, 2007 11:25 pm, editado 1 vez

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Re: La transición de un régimen represivo y autoritario (Rusia)

Mensaje por Huésped el Jue Feb 08, 2007 11:11 pm

Parte II:
En el caso de España también se vulneró el desarrollo orgánico del ordenamiento estatal. Hasta 1930 había existido de modo casi ininterrumpido un Estado monárquico. En abril del 1931, a raíz de las elecciones municipales en las que triunfaron los republicanos, en medio de una agudísima crisis socio-política se proclama la República. Las circunstancias históricas de su advenimiento hicieron que en los años de existencia del régimen republicano se produjera una división frontal de la nación en dos bloques enemigos y estallara la sangrienta guerra civil. El país quedó privado de sólidas bases estatales.
Estas bases se restablecieron en los años de la dictadura franquista pero en una forma sui generis. En 1947 se proclamó la monarquía. Pero Franco no restauró la monarquía tradicional. Había roto con la casa de los Borbones. La monarquía no fue restablecida como continuación de la tradición histórica sino como una creación de Franco. Era un “reino sin rey”. Solo en 1969 el caudillo designó como heredero a Juan Carlos, el nieto de Alfonso XIII, que había sido derrocado en 1931. Desde 1948, cuando tenía 10 años, Juan Carlos había vuelto a España y sus estudios se realizaron bajo el control de Franco, quien trataba de formar un candidato al trono que le fuera fiel a él y a su ideario. En un principio, la imagen de Juan Carlos era la de un fiel seguidor de Franco, un títere; de ahí que la restauración de la monarquía fue acogida en la sociedad española sin entusiasmo.
Y no es de extrañar que a la muerte de Franco el joven rey, sin carisma, sin legitimidad dinástica se viera en una situación bastante complicada. El franquismo, muerto su fundador, entró en crisis pero no se derrumbó. La dictadura conservaba cierta reserva de seguridad y el apoyo del potente mecanismo militar-represivo. El camino de la democratización en que se adentró Juan Carlos no era nada liso. Se trataba de un experimente riesgoso con resultado incierto en el transcurso del cual “la nave de la democratización” debía evadir varios arrecifes. Y el rey, con la ayuda de sus colaboradores más próximos, el presidente de las Cortes, Torcuato Fernández Miranda, y el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, más el apoyo de diferentes fuerzas políticas, realizó virtuosamente esta operación, que en ocasiones se asemejaba al argumento de una novela policíaca. No viene al caso reseñar aquí las peripecias de “la democratización a la española”. Solo diré que Juan Carlos y sus colaboradores lograron el objetivo sin vulnerar la legislación vigente, sin demoler las instituciones políticas y constitucionales y evadiendo el derramamiento de sangre, la anarquía y el caos.
La actividad de Juan Carlos le valió varios tipos de legitimidad —carismática y jurídica, según la clasificación de Max Veber—. Recuperó también la legitimidad tradicional dinástica. Esto sucedió el 14 de mayo del 1977 cuando en Madrid en el Palacio Real de la Zarzuela el padre de Juan Carlos, Don Juan, abdicó sus derechos en favor de su hijo.
La fusión en la figura de Juan Carlos de varios tipos de la legitimidad fue un símbolo de lo que España restableció su continuidad del ordenamiento jurídico, obtuvo su identidad nacional. El rey se convirtió en el polo de atracción de fuerzas sociales y políticas de signo muy distinto. Y en un grado decisivo contribuyó a ello el hecho que él mismo actuara como propulsor del acercamiento de las fuerzas de la derecha y la izquierda en España.
En la sociedad española la actitud hacia la monarquía cambió. En vez del enfoque indiferente apareció la seguridad de la conveniencia y utilidad de esta institución. Lo más importante es que la actividad del rey fue apreciada positivamente por los republicanos.
Es natural que el rey conquistara a los españoles y no lo hiciera la monarquía en cuanto institución. El reconocimiento “personal” de Juan Carlos por la población se trasladó del rey a la monarquía, o sea, de la personalidad a la institución.
De acuerdo con la Constitución del 1978, el rey desempeña en la administración del país un papel menor que cualquier otro de sus precursores. Reina pero no gobierna, sirve de árbitro superior, de pilar de la nación. Puede decirse que en España existe “una monarquía no monárquica”. No obstante, la monarquía es la espina dorsal de la nación, y el prestigio moral del rey es la garantía de estabilidad del desarrollo político.[6]
En distintos países se vienen discutiendo desde hace muchos discuten las deficiencias y virtudes de las formas republicana y monárquica de gobierno, cuál favorece mejor el progreso social y la modernización. Este es un problema importante de la filosofía del Estado. En el mundo está muy extendido el criterio según el cual la monarquía se identifica con el atraso, la regresión. Quienes defienden este punto de vista parten de que el pueblo es una noción sagrada, él mismo debe asumir la gestión de sus asuntos y, por tanto, el progreso sólo puede estar vinculado con el régimen republicano. Pero la experiencia española revela el carácter reduccionista de tal enfoque. En España a lo largo de muchos siglos la monarquía se recomendó como una forma de poder flexible e ideológicamente neutra, capaz de presentarse en distintas apariencias. Puede ser absoluta o constitucional, puede mezclarse con regímenes militares dictatoriales y con la democracia.
El problema de la continuidad legal y de la identidad nacional en España fue resuelto no solo gracias a la restauración de la monarquía. La solidez del estado actual fue reforzada por el cumplimiento de otras dos tareas.
Primero, los legisladores regularon la relación entre la Iglesia y el Estado, que históricamente había sido una de las causas principales de división en la sociedad. En los años 30, durante la República, en España predominó un anticlericalismo furibundo. Por el contrario, el Estado franquista tuvo carácter confesional y creó condiciones para que el catolicismo penetrara toda la vida de la nación. En el marco de la democratización la Iglesia fue separada del Estado. Aunque muchos problemas de la educación, de la familia. del control de la natalidad han sido objeto de aclaradas polémicas, la Iglesia en general no objeta contra la vía del desarrollo laico y democrático para la España contemporánea.

Huésped
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Re: La transición de un régimen represivo y autoritario (Rusia)

Mensaje por Huésped el Jue Feb 08, 2007 11:13 pm

Parte III:Segundo, la estabilidad del sistema estatal contemporáneo fue consolidada por la solución exitosa (al menos, para hoy día) del problema nacional-regional. Tradicionalmente este problema ha sido muy doloroso en España. El “Estado de autonomías” es una forma intermedia, de compromiso entre el Estado unitario centralizado y la federación. A lo largo de casi una cuarto de siglo ha demostrado su viabilidad, protegiendo el país multinacional de la desintegración y contribuyendo a que se atenúen las tendencias nacionalistas y separatistas. Por otra parte, el tiempo transcurrido ha revelado las deficiencias de este modelo, entre las cuales está la desigualdad evidente en el desarrollo socio-económico de ciertas comunidades autónomas y las manifestaciones de nacionalismo y separatismo en algunas de estas (sobre todo la actividad terrorista de ETA en el País Vasco).
Al elaborar las fórmulas de la vida nacional adecuadas a las condiciones contemporáneas España no olvidó su pasado. La Constitución del 1978 que estableció el ordenamiento político-jurídico moderno, por su espíritu, por sus principios e instituciones está íntimamente vinculada con el ordenamiento jurídico que fue cristalizando en España a lo largo de los siglos. Los juristas españoles mencionan las coincidencias directas entre la actual Constitución moderna y la de 1876. Por ejemplo, las leyes que regulan la sucesión en el trono y la regencia coinciden casi textualmente.[7] En realidad la continuidad del ordenamiento jurídico en la España de hoy día representa una síntesis, la interrelación de los elementos jurídicos modernos y tradicionales.
Al referirnos a la experiencia española, otra vez recordamos a Rusia. Claro es que el restablecimiento de los vínculos entre las épocas, la recuperación de nuestra propia personalidad como pueblo con una historia rica, es una tarea muy complicada. El pueblo de Rusia debe decidir a qué aspira. Si queremos quedarnos en la Rusia de historia milenaria, es condición indispensable que nos reconciliemos con el pasado; si no debemos decidir si seguimos considerando como punto de partida la revolución de 1917 o tratamos de iniciar una nueva existencia con nuevos parámetros de composición y sobre bases jurídicas nuevas.[8]
El segundo aspecto de la experiencia española de democratización es el problema de la formación del consenso. España no hubiera podido resolver el problema de la continuidad del ordenamiento jurídico ni logrado mantener su identidad nacional sin el logro del acuerdo nacional. Este aspecto es sumamente importante para nosotros. Lo específico de Rusia consiste en menospreciar los políticos propensos a la búsqueda de compromisos: existe una opinión tradicional de que todo problema tiene una solución definitiva, la más justa y que se debe encontrar a toda costa. Las soluciones basadas en concesiones recíprocas se interpretan como una muestra de debilidad. A causa de esta tradición de intransigencia, cuantos intentos de reforma social profunda se han emprendido en la historia de este país, han desembocado en reacción o en estancamiento. Para evitar el repliegue hacia el pasado siempre faltaba lo más importante, el acuerdo nacional.
En tiempos España también fue escenario de actitudes intransigentes e intolerancia recíproca. A lo largo de su historia pasa un abismo entre los tradicionalistas y los partidarios de la modernización. El choque entre dos campos hostiles se traducía en agudos conflictos sociales, creando cierto círculo vicioso de la violencia. Tal choque fue, por ejemplo, la guerra civil de 1936-1939 en la cual la represión, las matanzas, las persecuciones y la envidia se apoderaron de todo el país. En los años 40 y posteriores la propaganda franquista divulgaba intensamente la imagen del enemigo, luchando ante todo contra los comunistas. En el campo de la izquierda también eran muchos los que abrigaban ánimos de revancha por la derrota sufrida en la guerra civil. Pero en los años 70 el clima político y espiritual en el país cambió tanto que en la opinión pública empezó a esfumarse “la imagen del enemigo”.
El consenso democrático en España fue logrado gracias a una profunda reconsideración de los valores tanto por parte de los franquistas como por parte de los antifranquistas. Quienes habían militado del lado del Caudillo, al legalizar los partidos de izquierda y los sindicatos, al asegurar las elecciones en nivel estatal y municipal, al otorgar autonomía a las regiones históricas reconocieron ciertos valores de los vencidos en la guerra civil, se resignaron con que se satisficieran demandas contra las cuales la derecha lucharon con armas en la mano frente a la República.
Es muy significativa la evolución del actual partido gobernante, el Partido Popular. En los primeros años de la transición este partido actuó en ocasiones como antisistémico, como partido neofranquista. Su trayectoria histórica es un proceso de adaptación al sistema de la democracia representativa, proceso prolongado, tortuoso, en ciertos casos doloroso, en el marco del cual se produjo su modernización y un viraje hacia el centro, acercándose al modelo clásico conservador. Este partido logró llevar a cabo su renovación político-ideológica y la renovación de sus cuadros. Y como resultado obtuvo una “segunda vida” alcanzando las posiciones de líder en la España moderna.
No menos interesante es la evolución de los principales partidos de izquierda, el PSOE y PCE. Los dos también revelaron aptitud para buscar el consenso rechazando actitudes de “venganza” y “revancha”, renunciando a las demandas de que se juzgara a los culpables de la represión franquista. Pese a su ideario antimonárquico, reconocieron la monarquía.
Tuvo gran importancia el viraje del Partido Comunista de España hacia planteamientos moderados. El PCE fue uno de los primeros partidos comunistas de Europa que revisó los dogmas ideológicos y políticos tradicionales. Toda la maestría política de la clase gobernante podría haber quedado sin resultado y el camino hacia la democracia podría haberse tornado mucho más complicado de no haber contado con el apoyo del influyente Partido Comunista.
La experiencia española demuestra que superar la cultura política de confrontación es imposible sin profundas transformaciones psicológicas en la conciencia social: eliminar su “complejo de autoritarismo” y la “imagen del enemigo”. Superar los estereotipos del pensamiento autoritario requiere tiempo, es un camino largo y trabajoso porque la herencia psicológica del pasado ya penetró los genes y conformó el ego íntimo de la gente. El compromiso entre los partidarios de campos opuestos resulta posible cuando ellos pasan por el camino de la autolimitación voluntaria, asumen la interdependencia universal.
Para lograr tal acuerdo fue de suma importancia el papel de los líderes políticos de España, que supieron ponerse por encima de sus ambiciones partidarias y reconocer la preponderancia de los intereses de la sociedad frente a los intereses de sus respectivos partidos o movimientos.

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Re: La transición de un régimen represivo y autoritario (Rusia)

Mensaje por Huésped el Jue Feb 08, 2007 11:14 pm

Parte IV:
Además del rey Juan Carlos y su consejero más próximo Torcuato Fernández Miranda vale la pena mencionar el presidente del Gobierno de España, Adolfo Suárez y el secretario general del Partido Comunista de España, Santiago Carrillo. El comunista Carrillo y el franquista “renovador” Suárez, superando los estereotipos del pensamiento y los patrones de conducta, avanzaron uno hacia el otro y firmaron los Pactos de la Moncloa. Esta conducta les valió acerbas críticas de ciertos sectores de sus propias formaciones políticas. Sus partidos sufrieron crisis agudas por discrepancias internas, y los propios Suárez y Carrillo en definitiva pasaron al retiro. Pero al perder en el sentido del liderazgo político, ellos triunfaron en algo mucho más importante: abrieron ante España el camino de la democracia.
El politólogo español R. Cotarelo opina que una condición óptima para la transición de los regímenes no democráticos a la democracia es lograr tres consensos de las fuerzas políticas opuestas: a) el acuerdo sobre el pasado para evitar la “caza de brujas” y asegurar el acuerdo nacional entre vencedores y vencidos; b) el acuerdo en los problemas de procedimiento y las “reglas del juego” en la etapa de transición; c) el acuerdo sobre los parámetros principales del nuevo modelo de Estado social.[9]
El esquema de los “tres consensos” fue realizado en España. Las principales fuerzas políticas del país lograron un acuerdo sobre el pasado, sobre cómo superar la ideología de la venganza social, la lógica del “mal por el mal”. Se logró también el consenso en las cuestiones de procedimiento y las “reglas del juego” para la etapa de la transición. La Constitución de 1978, que sustituyó la legislación franquista, fue aprobada como el resultado de un pacto de intereses de las principales fuerzas políticas. También se logró la concertación de los parámetros principales del modelo del estado social en formación. En esta etapa de la historia de España, tanto la izquierda como la derecha pusieron rumbo a la democracia pluralista de tipo occidental.
El tercer aspecto de la experiencia española del que quisiéramos hablar, es la correlación entre renovación democrática y tradiciones, entre las formas democráticas de la vida y lo específico nacional-histórico. En Rusia como en España las tradiciones desempeñan un papel muy importante en la vida social. La cultura política moderna de nuestra sociedad está estratificada, fragmentada y en ella conviven y están vinculados elementos surgidos en el curso de la perestroika y en la post-perestroyka y las estructuras de las épocas soviética y presoviética. ¿Qué papel juegan las tradiciones? ¿Obstaculizan el proceso de modernización y renovación democrática o se adaptan a este proceso?
La experiencia española también es aleccionadora en este sentido. Ya dijimos antes, que en los años 70-80 España cambió el paradigma de la cultura política y espiritual, rompió el círculo aparentemente vicioso de la violencia y la confrontación que se traducía en continuas revoluciones y guerras civiles y se adentró en el camino del desarrollo parlamentarista y constitucional. Los españoles de hoy en su inmensa mayoría son partidarios del mismo ideario de la economía del mercado, las libertades democráticas y el Estado de derecho, que los habitantes de otros países europeos.
Por otra parte, al integrarse en la comunidad de las democracias occidentales el país mantuvo su identidad nacional histórica. Por ejemplo, en la conciencia de masas siguen presentes en una u otra forma diversos elementos del tradicional “complejo de autoritarismo”. Ciertos partidos, sindicatos y organizaciones —tanto de derecha como de la izquierda— permanecen aferrados a concepciones paternalistas y caudillistas del poder que se fueron gestando a lo largo de siglos. Su vida interna se caracteriza por el predominio de los dirigentes, la existencia de un rígido aparato burocrático y la pasividad de la base que no tiene arte ni parte en de la toma de decisiones.
El problema de la enajenación de las masas de la actividad partidaria y política es típico de los países occidentales y tiene especial relieve en España. Y eso también es herencia de la cultura política autoritaria. Según distintos sondeos, los índices de participación de la población en los partidos (aproximadamente 3% de los ciudadanos mayores de edad) y en los sindicatos (10%) figuran entre los más bajos de Europa Occidental.[10]
Podemos decir que varias tradiciones en España se incorporaron a la realidad democrática, formaron parte del estado nuevo. Es evidente que la democracia rusa también tiene y seguirá teniendo rasgos propios del desarrollo histórico del país. Por eso conviene asumir cierta parte de las tradiciones no como un obstáculo para la modernización sino como un factor que representa la esencia misma de la identidad nacional.
Resumiendo, subrayemos algunas deducciones esenciales. El camino español hacia la democracia no ha sido fácil ni despejado. El proceso democrático pasó por distintos obstáculos y crisis políticas. No obstante en España se dio una concurrencia de condiciones objetivas y subjetivas muy rara en la historia, que favoreció la transición y ayudó a consolidar la democracia. Entre estas condiciones mencionemos el auge económico de los 60-70, la formación de una clase media numerosa orientada a los modelos europeos, el deseo de millones de españoles de evitar experimentos radicales semejantes a los que vivió el país en los años 30, el viraje de las principales organizaciones políticas hacia posturas centristas, la aptitud de sus líderes para superar las ambiciones partidarias y dar pasos al encuentro uno de otro por el camino de la reconciliación nacional a pesar de la incomprensión y la resistencia encontrada en sus propios ambientes, la presencia al lado del rey de un consejero de la talla de Torcuato Fernández Miranda. Y finalmente —en orden que no en importancia—, el papel del rey Juan Carlos en este proceso. Por primera vez en la historia de España un representante de la familia real no tuvo intención de mantener el statu quo, pasó en contra de las tradiciones y, con la ayuda de las fuerzas políticas más importantes, eliminó el régimen dictatorial.
En Rusia igual que en otros países de la “tercera ola” de la democratización no hubo desde el inicio tal coincidencia de condiciones favorables para la transición a la democracia. Además por efecto del proceso de la globalización a escala mundial y de la integración en Europa las diferencias entre España y Rusia se sienten más. En España se consolida la democracia, se creó una economía eficaz y competitiva, el país está integrado en el desarrollo europeo y todo eso, si bien no resuelve todos los problemas, sí los atenúa sensiblemente.
A pesar de todo el análisis comparativo de las transiciones democráticas en Rusia y en España resulta muy útil. Permite ver limitaciones y posibilidades que no aparecen cuando el estudio queda circunscrito al marco interno. La comparación permite extrapolar a Rusia, teniendo en cuenta sus particularidades, las regularidades del funcionamiento del sistema político, incluyendo los elementos que hemos mencionado en este artículo. De tal manera el modelo español de formación y consolidación de la democracia viene a ser para nosotros cierta forma de autoestudio.




[1] V. E. Bagno. Las idiomas de las culturas fronterizas (España y Rusia). — Las culturas fronterizas entre el Oriente y el Occidente: Rusia y EspaHa. San Petersburgo, 2001, p. 14. 7.

[2] Ibíd., p. 16-17, 12.

[3] Ver: S. M. Jenkin. España después de la dictadura (problemas socio-políticos de la transición a la democracia). Moscú, 1993, p. 193.

[4] A. M. Salmin. Legalidad, legitimidad y continuidad del Derecho, en cuanto problemas del Estado ruso actual. — Politika, 1998, . 1, p. 64.

[5] Ibíd., p. 63.

[6] Para un examen más circunstanciado del papel del rey en la etapa de la transición, véase: S. M. Jenkin. Juan Carlos I. Retrato político. Moscú, 2001.

[7] J. Ferrando Badía. De la monarquía del 18 de julio a la monarquía parlamentaria del proyecto constitucional de 1978. — Las experiencias del proceso constitucional en México y España. México, 1979, p. 84-85.

[8] A. M. Salmin. Op. cit., p. 65-66.

[9] R. Cotarelo. La transición democrática española. — Transición política y consolidación democrática. España (1975-1986). Madrid, 1992, p. 11, 13-14.

[10] M. Luz Morán. J. Benedicto. La cultura política de los españoles: un ensayo de reinterpretación. Madrid, 1995, p. 55, 74.

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Re: La transición de un régimen represivo y autoritario (Rusia)

Mensaje por Huésped el Jue Feb 08, 2007 11:19 pm

La Economia Rusa:

Transición
Rusia emprende la transición de la era soviéica con ventajas y obstáculos. Aunque sólo con la mitad del tamaño de la antigua economía soviética, la economía rusa incluye un activo formidable. Rusia posee de grandes provisiones de muchos de los recursos naturales líderes mundiales más valorados, sobre todo aquellos requeridos para apoyar una economía moderna industrializada.Además tiene una mano de obra instruída con la maestría sustancial técnica. Al mismo tiempo, las prácticas de dirección de la era soviética, una infraestructura que se descompone, y sistemas de suministro ineficaces dificultan la utilización eficiente de aquellos recursos. Durante casi 60 años, la economía rusa y el el resto de la Unión Soviética era manejada sobre la base de planificación central ( control del Estado prácticamente en todo el medio de producción y sobre inversión, producción, y decisiones de consumo en todas partes de la economía). La política económica fue hecha según directrices del Partido Comunista, que controló todos los aspectos de actividad económica. El sistema de planificación central dejó un número de herencias con las cuales la economía rusa debe dar en su transición a una economía de mercado.

La Recuperación
La economía rusa sufrió una enorme tensión cuando se transformó de una economía estrictamente planificada a un sistema de libre mercado. Las dificultades en la realización de reformas fiscales apuntadas al desarrollo de créditos de gobierno y una dependencia en el préstamo a corto plazo para financiar déficits presupuestarios condujeron a una crisis seria financiera en 1998. Precios inferiores para los productos que Rusia exporta (el petróleo, gas natural y minerales) y una pérdida de confianza de inversionistas debido a la crisis asiática financiera exacerbó problemas financieros. El resultado era una disminución rápida en el valor del rublo, la desaparición de inversiones extranjeras, retrasos sobre deudas estatales y privadas, una interrupción de transacciones comerciales por el sistema bancario, y la amenaza de inflación galopante.
Rusia, sin embargo, parece tener la crisis hoy controlada. El verdadero PBI ha aumentado en el porcentaje más alto desde la caída de la Unión Soviética, el rublo se estabilizó, la inflación era moderada, y la inversión comenzó a aumentar otra vez. Rusia avanza en la reunión de sus obligaciones de deudas extranjeras. Durante 2000-01, Rusia no sólo encontró sus servicios externos de deudas, pero también hizo los reembolsos de avance grandes de principal por préstamos de Fondo Monetario Internacional, pero también aumentó reservas de Banco central con el presupuesto de gobierno, el comercio, y excedentes de cuenta corrientes.
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La reforma económica en los años 1990


Dos objetivos fundamentales e interdependientes - la estabilización macroeconómica y la reestructuración económica - marcó la transición de la planificación central a una economía a base de mercado. La antigua realización implicada las políticas monetarias y fiscales que promueven el crecimiento económico en un ambiente de precios estables y tasas de cambio. El éste requerido estableciendo las entidades comerciales, legales, e institucionales - bancos, la característica(propiedad) privada, y códigos comerciales legales - que permite a la economía funcionar de manera eficiente. La apertura de mercados interior al comercio exterior y la inversión, así uniendo la economía con el resto del mundo, era una ayuda importante en el alcance de estos objetivos. El régimen de Gorbachev falló en dirigir estos objetivos fundamentales. En el momento del fallecimiento de la Unión Soviética, el gobierno de Yeltsin de la República rusa había comenzado a atacar los problemas de la estabilización macroeconómica y la reestructuración económica. A mediados de 1996, los resultados fueron mezclados.

Programa económico de Yelstin
En octubre de 1992, dos meses antes delDerrumbamiento de Union y dos meses después del golpe de agosto de 1991 contra el régimen de Gorbachev, Yeltsin y sus consejeros, incluyendo al economista de reforma Yegor Gaidar, estableció un programa de reformas radicales económicas. El parlamento ruso, el Soviet Supremo, dió poderes de decreto ampliados al presidente durante un año para poner en práctica el programa. El programa era ambicioso, y el registro hasta el momento indica que los objetivos para la estabilización macroeconómica y programas de reestructuración económicos pueden haber sido realistas. Otra complicación en el programa de reforma de Yeltsin consiste en que desde 1991 tanto la autoridad política como económica han pasado considerablemente del nacional al nivel regional.

La estabilización macroeconómica
El programa presentó un número de medidas macroeconómicas de política para alcanzar la estabilización. Esto supuso reducciones agudas de gastos de gobierno, reducioón de presupuestos para proyectos públicos de la inversión, defensa, y subvenciones de consumidor y el productor. El programa apuntado a reducir el déficit presupuestario de gobierno de su nivel de 1991 del 20 % de PBI al 9 % de PBI hacia la segunda mitad de 1992 y al 3 % hacia 1993. El gobierno impuso nuevos impuestos, y la recaudación fiscal debía ser mejorada para aumentar réditos estatales. En la esfera monetaria, el programa económico requerido Banco central ruso (BCR) para cortar créditos subvencionados a empresas y restringir el dinero suministra el crecimiento. El programa permitió reducir la inflación del 12 % por mes en 1991 al 3 % por mes a mediados de 1993.Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Econom%C3%ADa_de_Rusia"

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Re: La transición de un régimen represivo y autoritario (Rusia)

Mensaje por Huésped el Jue Feb 08, 2007 11:32 pm

Economías en transición:
Análisis del FMI sobre los avances y las perspectivas


http://www.imf.org/external/np/exr/ib/2000/esl/110300s.htm

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Re: La transición de un régimen represivo y autoritario (Rusia)

Mensaje por Huésped el Jue Feb 08, 2007 11:33 pm

VII. Perspectivas de Rusia


Aunque tardó en materializarse y se vio amenazada por la crisis de 1998, la determinación de llevar a cabo la estabilización macroeconómica parece haberse afianzado en Rusia. Sin embargo, los programas de reforma estructural han sido endebles y en muchos casos la gestión del proceso de privatización no ha sido adecuada. ¿Cómo puede Rusia seguir adelante? Se han propuesto numeras respuestas a este interrogante que varían según la opinión que se tiene del proceso de reforma en Rusia.
Una opinión ampliamente difundida es que el enfoque adoptado en Rusia con respecto a la reforma, sobre todo en materia de privatización, adolecía de fallas intrínsecas porque se basó en una reforma radical más bien que en una estrategia de desarrollo institucional gradual. Según Joseph Stiglitz, por ejemplo, el fracaso de la rápida privatización en Rusia no fue un accidente sino una consecuencia previsible de la falta de una política de competencia y de una infraestructura institucional y jurídica en que pudiera sustentarse el programa de reforma11.. Stiglitz sostiene que en esta etapa Rusia debería proceder muy gradualmente a la privatización de activos o a la reprivatización de aquellos que podrían volver a manos del Estado, reconociendo debidamente la necesidad de establecer precondiciones institucionales, y aprovechando el capital social y organizativo con que cuenta el país. Al respecto, Stiglitz plantea que Rusia podría aprender del enorme éxito de China que, en vez de basarse en el modelo o las recetas de asesores occidentales, trazó su propia trayectoria de transición.
El punto de vista contrario, que sostienen algunos observadores rusos y autoridades como Boris Fedorov y Andrei Illarionov, es que la estrategia de reforma adoptada fue la correcta pero nunca pudo aplicarse, en parte debido a la tolerancia demostrada por las economías de mercado avanzadas y las instituciones financieras internacionales12. Illarionov señala que:

"La postura del FMI con respecto a la política económica aplicada por las autoridades rusas fue, y sigue siendo, tímida, incoherente y constantemente sujeta a concesiones... durante años, las autoridades rusas y el conjunto de la sociedad rusa han sido apañados, lo cual les ha permitido recibir asistencia financiera inmerecida. En consecuencia, además de ser incoherente, la política económica del país se ha distanciado considerablemente de la política económica de la mayoría de los países en transición . . ."
En esa misma línea, Fedorov no recomienda a las autoridades de occidente otorgar concesiones a Rusia sino más bien velar por que se apliquen las mismas reglas a que están sujetos los demás países. Según Fedorov, el capital de occidente debe destinarse al sector privado y no al gobierno. Esta es la única forma de cambiar el país, crear empleo e incrementar la eficiencia".
Si bien el FMI reconoce que debería haberse prestado mayor atención a la reforma institucional, la opinión de la institución es que la estrategia básica adoptada por Rusia fue acertada pero que se apartó de su objetivo debido a factores especiales. Por ejemplo, Fischer y Sahay señalan que la causa de los problemas actuales de Rusia es en gran medida resultado de la interrupción de las reformas tras las elecciones de 1996, momento en que poderosos grupos de intereses creados fortalecieron su poder político y económico, propagando la corrupción. Lo que se requiere no es un cambio radical en la estrategia de reforma, sino una decisión por parte de las autoridades políticas de reanudar las reformas y mejorar la calidad de la gestión pública. La experiencia acumulada por los países de Europa central y oriental y los países bálticos, resumida en los párrafos anteriores, parece indicar que, una vez que se afianza la determinación de llevar a cabo las reformas, los capitales vuelven al país, sentando así las bases necesarias para lograr un crecimiento sostenido13.
¿Puede neutralizarse el poder de los grupos de intereses creados? Al respecto Havrylyshyn y Odling-Smee son optimistas14. Es posible que estos mismos grupos acepten las reformas si piensan que sus ganancias aumentarán en una economía en que "los derechos de propiedad están protegidos y se respeta el estado de derecho, y no reina la criminalidad, como ocurre actualmente en gran parte de los países de la CEI. Este cambio de mentalidad, en que el comportamiento depredador es reemplazado por una actitud de conservación se ha observado en las economías de mercado...".
También podría producirse un cambio si surgiera un líder fuerte decidido a hacer frente a los grupos de intereses creados, o como consecuencia del mayor poder político de la creciente clase media, o de la presión que pudieran ejercer los competidores externos o las instituciones financieras internacionales.

http://www.imf.org/external/np/exr/ib/2000/esl/110300s.htm#VII

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Re: La transición de un régimen represivo y autoritario (Rusia)

Mensaje por jose gonzalez el Jue Feb 08, 2007 11:50 pm

matanzas..muy buenos posts,..para que veamos muchos lo que podra significar la transicion en cuba,con nuestras particularidades por supuesto,pero tendremos muchas semejanzas ya que venimos del mismo infierno...

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POR FIN ESTARAN JUNTOS LA FAMILIA ROMANOV VICTIMAS DE LA BARBARIE COMUNISTA.

Mensaje por arcangel el Miér Abr 30, 2008 6:48 pm

ASESINADOS POR LOS ÑANGARAS EN RUSIA. LA ORDEN DE EJECUCION LA DIO EL MONSTRUO Y ESPIA ALEMAN E INFLITRADO EN RUSIA CUANDO LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL: LENIN MAS CONOCIDO POR EL VIEJITO Q INVENTO EL HAMBRE.

LOS 2 ADULTOS SIN CELEBRAR JUICIO Y LOS MENORES EJECUTADOS SIN COMPASION. ESTA CAMARILLA DE COMUNISTAS YA NACIO TARADA CON ESO DE LA LUCHA DE CLASES. NI SIQUIERA LOS ENTERRARON JUNTOS







Identifican restos de hijos del último zar de Rusia

Confirman análisis de ADN que los restos humanos encontrados el año pasado pertenecen a dos de los hijos de Nicolás II, ejecutado por los bolcheviques en 1918

AP
El Universal
Moscú
Miércoles 30 de abril de 2008
09:12 Los análisis de ADN realizados por un laboratorio estadounidense demostraron que los restos óseos exhumados el año pasado pertenecen a dos de los hijos del zar Nicolás II, anunció el miércoles un gobernador regional.

Los restos óseos desenterrados cerca de la aldea de Ekaterinburgo, en los Urales, pertenecen al zarevich Alexei y una de sus hermanas, María, cuyos restos desaparecieron desde que fue asesinada su familia en 1918 por los bolcheviques al comienzo de la guerra civil en Rusia, dijo el gobernador de la región de Sverdlovsk, Eduard Rossel.

''Hemos encontrado ahora a toda la familia'', indicó el gobernador a los periodistas en Ekaterinburgo, situada a mil 500 kilómetros (900 millas) al este de Moscú.

Nicolás II abdicó en 1917 y los bolcheviques detuvieron a la familia imperial. El zar, su esposa, Alexandra, su hijo y cuatro hijas fueron fusilados el 17 de julio de 1818 por orden de Lenin en el sótano de la casa de un mercader donde habían sido recluidos en Ekaterinburgo.

Los restos de Nicolás, Alexandra y tres de sus hijas fueron desenterrados en Ekaterinburgo en 1991 cuando desaparecía la Unión Soviética. Cuando los análisis genéticos convencieron a los especialistas forenses de su autenticidad, fueron enterrados en 1998 en una catedral de la ciudad imperial de San Petersburgo.

La iglesia ortodoxa rusa canonizó a Nicolás y su familia en el 2000, pese a expresar dudas de que los restos fueran los de la familia imperial.

Los restos de Alexei y María nunca fueron localizados, lo que ocasionó conjeturas durante décadas de que quizá uno de ellos, o ambos, hubiesen sobrevivido.

El año pasado, los investigadores recuperaron unos restos óseos cerca de Ekaterinburgo y pidieron la ayuda de los laboratorios rusos y estadounidenses para realizar análisis de ADN.
''El principal laboratorio genético de Estados Unidos ha concluido su tarea con la plena confirmación de la tarea de nuestros propios laboratorios'', dijo Rossel a los periodistas. ''Esto ha confirmado que se trata de los niños'', en referencia a los desaparecidos hijos del zar.

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Re: La transición de un régimen represivo y autoritario (Rusia)

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