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Trenes Socialistas y Caballos de Feria; Por Camilo Loret de Mola en PD

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Trenes Socialistas y Caballos de Feria; Por Camilo Loret de Mola en PD

Mensaje por LoriG el Vie Mayo 29, 2009 7:10 pm

Trenes socialistas y caballos de feria

Por Camilo Loret de Mola en Penultimos Dias

Mucho antes de que Fidel Castro apareciera en el escenario político mundial, Nikita visitó Washington. Con una mueca de asco, se paseó por Estados Unidos. La prensa norteamericana estaba encandilada con el oso ruso que, rompiendo esquemas y estereotipos, llegó vestido de traje, sin uniforme ni estrellas, sustituyendo el gorro de invierno por un moderno sombrerito de verano. No traía ninguna bomba bajo el brazo y se empeñaba en parecer un tipo simpático ante las cámaras y los micrófonos. Todavía usaba los zapatos solamente para caminar y un cuerpo de asesores le ayudaba en la toma de decisiones. Lucía como un dirigente moderno —menos autoritario que su predecesor. Arrastraba también sus éxitos en la conquista del espacio y el intento de rectificar los desmanes del estalinismo.

Pero el romance con los medios terminó abruptamente cuando se comprobó que todoas poses montadas, concebidas para la ocasión. Al final de la visita le preguntaron por lo que había visto y el comunista temperamental abandonó su afán conciliador para caer en el chovinismo habitual: dejó claro que aquel era un país acabado —a diferencia de su naciente patria. Empleó símiles para establecer comparaciones y a la usanza leninista igualó el mundo con una enorme terminal de ferrocarriles, para luego asegurar que en muy poco tiempo el tren soviético adelantaría al norteamericano, dejándolo atrás definitivamente. Como prueba de que había ensayado su actuación, Nikita simulaba ser un pasajero del veloz tren ruso y agitaba su mano como si se despidiera del vicepresidente norteamericano, a quien imaginaba asomado en la ventana del lento vagón capitalista que ya nada podía hacer por alcanzarlo.

Nixon, de brazos cruzados, no se dejó involucrar en el improvisado performance. Desde su obligada condición de anfitrión, contemplaba con evidente sorna aquella puesta en escena. Años después, le robaría a los rusos algunos compañeros del pretendido viaje y junto a los hijos de Mao levantaría importantes tramos de raíles en la anunciada vía de la ventaja y la victoria, afectando seriamente el curso del convoy soviético, que como se sabe acabó por descarrilar.

La ridícula metáfora de Nikita hubiera quedado condenada a permanecer en la historia de las excentricidades que hoy son rescatadas de los archivos y analizadas por historiadores y expertos de la Guerra Fría. Pero en Cuba, unos años después, la comparación del Primer Ministro sirvió de argumento a los embajadores de los intereses de Moscú. Los comunistas cubanos usaron la anécdota del tren para demostrar las ventajas de una alianza proletaria entre la revolución cubana y el Kremlin.

Los pericos del patio convencieron a Fidel de lo cierto del despegue soviético y lo importante de contar con tan poderoso respaldo. El Comandante empezó a soñar con el tren ruso; quería que uno de los tramos de esa maravillosa línea del ferrocarril del futuro atravesara su feudo y que, como tajo necesario, partiera la isla en dos, dejando a su paso desarrollo y tecnología.

La Revolución había encontrado el aliado fundamental para garantizar la red de apoyo y suministro que le permitiera enfrentar aquella larga guerra que su máximo líder vaticinó en la archicitada carta a Celia Sánchez. La promesa de una retaguardia sólida despertó tal sensación de seguridad que nadie se detuvo a pensar en los 9550 kilómetros que separaban los dos países, ni en las miles de razones que auguraban un torcido camino.


PD: Las fotos de este post, inéditas, pertenece a un archivo personal. No pueden ser reproducidas sin mencionar la fuente. Para ampliarlas.

Moscú había prometido de todo, pero sólo podía entregar lo que tenía —que no era precisamente el tren relámpago ni las maquinarias de hacer comida que Escalante y Blas le habían prometido a Fidel. Y había otro problema: los rusos eran buenos mentirosos, tenían una maquinaria de fantasías para disfrazarse ante el resto del mundo, y en ese resto estaban incluidos los cubanos, sin importar filiaciones ni intenciones. Gagarin lograba salir en todas las portadas sin que nadie hiciera referencia a la lista de astronautas muertos en intentos anteriores. La ciencia y la técnica soviética no pasaban del cuento de la exposición que llevaron a todas partes.

Como truco de feria, las cosas funcionaban bien en manos de los suministradores pero al momento de ser manipulada por los cubanos no se movían. La eficiencia del cochecito de caballos era la excepción de la regla, todo lo demás no funcionaba o lo hacía a medias.

Pero así y todo el comandante regresó de Rusia con la sonrisa en los labios: traía su propia red de soporte, conformada con montacargas que nunca funcionaron, ómnibus que soltaban pedazos en medio de las calles, cosechadoras de caña que recordaban catapultas del medioevo, autos antiguos que servían de alimento al voraz óxido tropical, trenes que nunca llegaron a su destino ni rebasaron a nadie y un cosmonauta cubano que envejece entre los papeles de una gaveta con nombre de sociedad patriótico militar.


PD: Las fotos de este post, inéditas, pertenece a un archivo personal. No pueden ser reproducidas sin mencionar la fuente. Para ampliarlas.

Como paliativo, se le compensó con las grandes cantidades, le llenaron las manos de asesores, cañones de la segunda guerra mundial, tejas del proscripto asbesto canceroso. Los chistes cubanos de la época comparaban a Fidel con la nieta que llevaba un novio mulato a casa y su racista abuela le recrimina cambiar la calidad del producto por el aumento del calibre.
Pero a Fidel no le importó, quizás la euforia no le permitió sopesar la realidad y regresó de Rusia convertido en personaje de una feria mundial, víctima de la ilusión óptica que obligaba al retroceso mientras anunciaba un avance incontenible hacia el futuro.

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Re: Trenes Socialistas y Caballos de Feria; Por Camilo Loret de Mola en PD

Mensaje por PLACETA el Vie Mayo 29, 2009 7:21 pm

Se le olvido decir que ese viaje fue de las cosas que le costaron caras, vio los campos sembrados de maiz y creyo que por eso los EU eran grandes regreso y mando a que los campos de trigo fueran sustituidos por maiz, tiempo despues la mayor hambruna desde la guerra. Saludos

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