Secretos de Cuba
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¿Aquién cogió la rueda?¿Al negro ese?

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¿Aquién cogió la rueda?¿Al negro ese?

Mensaje por Anonymou el Miér Ene 31, 2007 11:29 am

Por Abel Escobar Ramírez

CIEGO DE AVILA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - A mi mente me vino una
estrofa de la tarareada canción "Quién tiró la tiza", cuando leí la
información del periódico Granma del 21 de junio que daba cuenta de una
información del Buró Político sobre el caso de Juan Carlos Robinsón
Agramonte, quien durante muchos años fue una figura destacada del
Politburó, y ahora fue sancionado a 12 años de prisión.


A pesar de los 47 años divulgando una igualdad virtual, para nadie es un
secreto que siempre los negros tienen las de perder. Aunque no cuento
con estadísticas de ningún tipo -sólo tenemos derecho a saber lo que el
régimen quiera decirnos-, estoy casi seguro de que la mayor densidad en
las cárceles cubanas está compuesta por personas mestizas o negros.
También son la mayoría cuando se observa en las calles, fundamentalmente
en La Habana, los que son interceptados por la policía para registros o
sólo para pedirle la identificación.


Por otro lado, me viene a la memoria el explote o la defenestración de
miembros del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. A muchos sólo
se le separa de los cargos y a veces sale en la prensa que se le
asignarán nuevas responsabilidades, aunque más nunca se sepa de ellos.
Los últimos que puedo recordar son Robaina, Cienfuegos, Ferradas. En
estos casos, que se sepa, no pasó de la separación. Curiosamente, todos
son de piel blanca.


Como parte de la desinformación o la mala información a que está
sometido el pueblo cubano, en esta información se dice estar probado el
"tráfico de influencias de carácter continuado". De ayer a hoy he
conversado con más de 20 personas sobre el caso y ninguna sabe realmente
cómo se come eso. Trafico de influencias pudiera significar asistir al
Aeropuerto Internacional y evitar que registren a un extranjero que
ingrese al país con 100 kilogramos de cocaína. Pudiera ser también
permitir que terroristas buscados internacionalmente se refugiaran en la
isla sin el conocimiento de las autoridades, sólo dando la orden por ser
un alto dirigente. Recuérdese que la gente de La Guardia, acusados por
supuesto tráfico de drogas, tenían la increíble protestad de desviar la
vigilancia de defensas antiaéreas y guardafronteras y hasta permitir que
aterrizaran aviones y entraran barcos sin un registro oficial.


Como se ve en estos ejemplos, tráfico de influencias puede significar
muchas cosas. Por otro lado, de poco debe valerle hacerse el harakiri y
reconocerse culpable, decir lo bien que lo trataron. Eso no tenía que
decirlo. Tampoco será necesario decir que su situación debe ser
privilegiada donde quiera que se encuentre, pues a juicio de este
comunicador no irá para ninguna prisión cerrada. Tampoco estará obligado
a convivir con los presos comunes, en muchos casos asesinos a que están
obligados a soportar los prisioneros de conciencia de la Causa de los 75
y reconocidos como tal por Amnistía Internacional.


No tengo nada contra el señor Robinsón Agramonte, y hasta lo exonero de
su culpabilidad de ser uno más de los que firmaron para que fusilaran a
los jóvenes Bárbaro Castillo García, Lorenzo Copello Castillo y Jorge
Luís Martínez Isaac, el 11 de abril de 2003, por sólo desviar ese mismo
mes, sin que hubiera muertos, una lancha con el objetivo de abandonar el
país. El y todos los que ocupan altos cargos saben que sus privilegios
los pagan con el apoyo incondicional al régimen. Que no es el único que
comete a diario este mismo delito, es del conocimiento del pueblo. Ese
conocimiento tendrá sin dormir a muchos que ocupan similares cargos.
Verán cómo cayó su colega en los privilegios, y sólo les quedará la
salida de tratar de escudarse a cada momento bajo el disfraz de seguidor
desenfrenado del gobierno. Cuando se acuesten apenas podrán dormir
pensando lo que hablaron con sus supuestos compañeros, pues no podrán
confiar en nadie, y verán debajo de cada piedra un alacrán que les puede
emponzoñar la vida. Y cuando se les pase el miedo, al recordar estos
momentos quizás tarareen: "¿A quién cogió la rueda?
Al negro ése".

Anonymou
Invitado


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Re: ¿Aquién cogió la rueda?¿Al negro ese?

Mensaje por Anonymou el Miér Ene 31, 2007 11:31 am

El caso Robinsón (por Manuel Cuesta Morua)

Su defenestración describe el ciclo completo de las caídas dentro de la
élite cubana: primero hacia arriba y después en la dirección física de
dicho movimiento: hacia abajo y hacia el olvido.


Momentáneamente vuelve ahora a ser recordado por el poder para
mostrarnos que su caída está siendo bien estrepitosa, con lo que se
garantiza una sima más profunda en la memoria de sus contemporáneos: ha
sido condenado a 12 años de prisión por presunto tráfico de influencias;
demostración de que había que salir de él a cómo diera lugar.


Su caso despertó los comentarios de oficio, una rara defensa en el campo
contrario y alguna que otra justificación de la actitud del poder frente
al "vanidoso". En realidad, parece que el tipo no resultaba muy
simpático, de modo que todos sus enemigos, cercanos o distantes, estarán
satisfechos con lo que podríamos llamar una venganza de tipo vicaria.


Como intuyo, Robinson será olvidado, con más rapidez a partir de mañana,
aun cuando su situación merece una especie de acción afirmativa
analítica por lo que implica para la sociología y cultura cubanas.


Si, como se dice, el hombre está henchido de altanería y corrupción, no
se debe doblar su página. Si para el bufete de abogados anticastristas
no hay la suficiente cantidad de duda razonable que justifique un
seguimiento del caso, los que sí tienen una preocupación por las
dimensiones históricas y culturales de la democracia y por el debido
trato a los seres humanos deben prestarle más atención.


Seguridad en el olvido

Ante la cualidad de su caída y el rápido archivo de su historia,
adelanto la hipótesis de que la profundidad de su defenestración guarda
una relación dialéctica con las seguridades que el poder tiene de que
Robinson va a ser prontamente olvidado.


¿Por qué? Porque la defenestración de un negro no es tan importante ni
genera tanta especulación como la defenestración de un blanco.


Roberto Robaina, se dice, tenía dos ambiciones más peligrosas en Cuba
que las veleidades de carácter y actitud del último de nuestros occisos
políticos: la del poder y la de las reformas. Se dice algo más: estaba
relacionado, en un presunto caso también de tráfico de influencias
—acusación que en su momento rozó a Carlos Aldana, un ex todo poderoso
que anda suelto—, con políticos corruptos de México conectados a
intereses en el negocio sucio.


Sin embargo, comparado con Juan Carlos Robinson, el de Robaina es un
derrumbe "a sedal" si tenemos en cuenta la magnitud y el "peligro" de
sus movidas, que presumiblemente mezclaban la política y la economía.


Y hay más: para el público en general, para cualquier ciudadano de
Guanabacoa poco enterado de los asuntos del poder en Cuba, Robaina
todavía es miembro del Buró Político: no hay información pública en
sentido contrario. Un hombre que desató todas las especulaciones de la
prensa y de ciertos círculos políticos sobre las posibilidades
malogradas de los reformistas en Cuba. Todavía hay personas que hablan
de él con nostalgia gorbachoviana.


¿Y el negro? "El negro no tiene na' caballero", como expresa una popular
canción cubana: parece que a más folklore, menos sustancia en la raza.


El único enigma de nuestra cultura

La cuestión del negro continúa expresando el enigma de la cultura cubana
y la zona de temor y desprecio que las élites rehuyen y manifiestan
según sean las circunstancias. La estructura cultural y mental de esas
élites —una parte de ella ni siquiera se toma este trabajo— ha cooptado
exitosamente al negro, pero detrás de él quiere ver a un blanco
convenientemente teñido para la ocasión postmoderna que vivimos y para
mostrar las verdades de una retórica emancipatoria insuflada.


Robinson no escandaliza hacia arriba; como no escandaliza hacia abajo el
hecho de que la policía en Cuba sólo parece existir porque existen
muchos negros "molestando" la tranquilidad ciudadana y "malogrando" la
clara visibilidad del gran proyecto revolucionario.


Enigma: acertijo sin descifrar, caja de Pandora que no puede abrirse,
misterio al que se teme y no puede ser develado. Es penoso observar aquí
cómo la preocupación intelectual por el único enigma de nuestra cultura
—que en Cuba se cifra en el negro— genera una copiosa ética de
opiniones, algunas lúcidas y la mayoría retóricas e insustanciales, pero
una escasa ética de consecuencias que afronte los efectos de exponer al
público y al poder el principal de los problemas que subyace tras
nuestra inconclusión como proyecto nacional.


Un documental que ofrece una versión estética sobre la llamada Guerrita
del 12, la única guerra de la que no se habla en Cuba —un país que se
alimenta simbólicamente de las guerras—, es censurado por las élites aun
cuando podría ser asimilado dentro del circuito de defensa revolucionaria.


Desde la sacarocracia cubana del siglo XIX hasta la aristocracia
revolucionaria y los círculos democráticos del siglo XXI, el negro en
Cuba constituye la pesada carga que —en términos generales— el hombre
blanco de nuestras cúspides diversas, y en muchos casos divergentes, no
sabe cómo llevar sobre sus hombros.


Robinson antiCrusoe, condenado por tráfico de influencias —otro
delito-saco que podría tener a media élite en la cárcel—, no será la
última prueba de la represión y el olvido.

Anonymou
Invitado


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