Secretos de Cuba
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“”” EL VICENT “””

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“”” EL VICENT “””

Mensaje por EstebanCL el Sáb Mar 07, 2009 2:17 pm

“”” EL VICENT “””

-El compañero Vicent ha sido separado de la Juventud. Lo expresó con aquel tono solemne utilizado para despedir a un muerto y todos le prestamos atención. No eran muy frecuentes los avisos de sanciones, las tripulaciones contaban con muy pocos miembros del Partido. La isla estaba embarazada de un monstruo y dilataba con mucha molestia su entrepierna para parirlo, una nueva era nacería para los hombres de mar.

Trató de expresarlo en voz baja con la intención de darle cierto aire de secreto o misterio que solo se comparte cuando existe confianza. Esperó por la pregunta que estaba por venir, sabía perfectamente que la curiosidad era una enfermedad cubana, y aunque guajiro, poseía destacadas habilidades de manipulador.

-¿Por qué lo sancionaron? Preguntó El Sapo, uno de los dos que ahora no recuerdo, no era necesario que preguntaran los dos a la vez, todas sus cosas eran comunes, lo compartían todo, menos sus mujeres.



Eduardo se tomó algo de tiempo en responder, esperó a que tomáramos nuestras herramientas y nos dirigiéramos hacia la popa donde se realizaría la faena. Ese día el buque estaba embarcando agua por la banda de babor, hacía una semana que no nos dejaba trabajar en la cubierta principal. Años más tarde aprendería que eran los vientos Alisios, constantes, permanentes, fuertes y de una misma dirección. Siempre soplan por la amura de babor en casi todo el ancho del Atlántico cuando navegas para Europa. Tal vez no respondió cuando estábamos en la puerta del pañol para evitar que El Bicho se enterara, esas cosas misteriosas solo las compartía con gente de la nueva generación.



-Lo separaron porque tiene ruido de pato. Fue muy escueto cuando decidió abrir la boca, parco, lacónico. Su rostro dibujó una mueca de dolor o pena, quién sabe, pero de algo estábamos seguros, se trataba de una acusación muy seria. Aquel delito era tan grave como el de espía y la revolución exigía de machos para defenderla. Con la revolución, todo, se repetía como un eco en todas las cavernas de nuestros cerebros. Hasta el culo estaba comprendido en ese desesperado grito de guerra, el orificio anal comenzaba a ser considerado una propiedad del pueblo, estatal.



-¿Ruido, nada más? Preguntó Miguelito, había abandonado el pañol y nos siguió hasta la popa picado por la novedad. Tenía lógica su casi inocente pregunta, ¿solo por chismes o comentarios se podía condenar a un hombre? Todo parecía indicar que en los nuevos tiempos sería muy normal, luego, quedó establecida esa práctica y con los años formaría parte de nuestro código penal disfrazada con otras descaradas palabras. No hacía falta comprobar nada, solo un ruido era necesario para hacer rodar cualquier cabeza y la del Vicent sería de las primeras en estrenar aquella guillotina acabada de comprar y bien engrasada.



-Le sacaron ese sable en la última reunión de la Juventud. Volvió a detenerse para hacerse el importante, le gustaba jugar al gato y al ratón. No era mala gente, pero se empecinaba en demostrar exageradamente los valores morales de una militancia por crecer. Insistía siempre en la combatividad que debían poseer los revolucionarios y sus posiciones críticas ante el enemigo. ¿Era Vicent un enemigo?

-Peroooo, ¿lo agarraron clavado? Preguntó el otro Sapo y todos guardamos silencio esperando evidencias del crimen cometido. La situación se tornaba sumamente interesante y delicada, estaba en juego el destino de un ser humano.



-No, hasta el momento no se ha comprobado nada, pero el Partido no puede darse el lujo de esperar a que eso ocurra entre sus filas, es mejor atacar el virus desde su nacimiento. Todos respiramos un poco más tranquilo, continuaríamos comiendo bien hasta el final de ese viaje que recién comenzaba. Una cosa es una sanción producida por un rumor y la otra es que te agarren con la mano en la masa o la masa en el sitio equivocado. Tuvo mucha suerte de que esa reunión inquisitoria se realizara después de cruzar el Morro de La Habana, muy diferente sería si lo atrapaban dentro de la bahía.



-¡Ño, esa es mala! Si a Víctor lo metieron preso en un camarote por templarse a una pasajera… No terminó de completar su frase, El Sapo Bernardo era así, le gustaba dejar las cosas a medias y que alguien le pusiera la coletilla, como para no cagarse mucho. Muchas veces daba la impresión de querer estar bien con todo el mundo, con Dios y con el diablo, pero los momentos que se vivían exigían una pronta y clara definición. ¿Con el culo o contra el culo? No hay que darle muchas vueltas al asunto.



-¡Paredón! Si Arche se entera de que estaba guardando carne lo fusila en alta mar y nos jodemos, porque de verdad, el segundo cocinero es zurdo a la materia. Resumió el otro Sapo la idea inconclusa de su compañero de aventuras y todos aprobamos con movimientos de cabeza. Solo mencionar el nombre del secretario del partido a bordo hacía temblar al más valiente. Era temido por sus posiciones implacables, extremista, intransigente, despiadado. Arche no tenía compasión con nadie y nunca le tembló el dedo a la hora de condenar. ¿Cómo es posible que un solo hombre infundiera tanto temor? Quién sabe, todo es misterioso en nuestras vidas.



-¿Y quién fue el que trajo la información al barco? Preguntó Miguelito, él era muy limitado a la hora de intervenir sobre cualquier tema, pero esta vez fue muy oportuno. Todos los rostros se enfocaron en Eduardo y se observó un cambio de colores, no mucho, era mulato. Indudablemente se encontraba en un aprieto, debía poner las cartas sobre la mesa o todo se convertiría en un chisme más de pasillos. Sudaba copiosamente y daba muestras de arrepentimiento por haber tocado el tema. Tal vez no lo hizo voluntariamente y cumplía una orientación de su organización, pero rezaba porque llegara el contramaestre y lo sacara de aquella encerrona.



-Uno de los que vive en su barrio, no puedo decir más. Respondió con voz nerviosa, comprendía el riesgo al que se sometía en caso de una posible indiscreción. La mente de los presentes trabajó a una velocidad vertiginosa, los marinos eran muy ágiles para descifrar deducciones e intrigas. También para sacar cálculos del dinero que cualquier tripulante había gastado en una de sus salidas a tierra, tiempo le sobraba para llenar todos esos crucigramas de la vida ajena.



-¡No las pusieron de jamón! Vamos a ver, ¿quienes viven en el barrio del Vicent? Esta vez fue el Sapo Menéndez, siempre era más incisivo que Bernardo, más suelto al hablar, la gente lo tomaba por loco cuando soltaba la lengua.



-¿De Regla? ¡Ufff! Hay unos cuantos, tenemos a Puig, el gallego Meléndez, Chirino, Levi Tur y EL “SAPO”. Cuando mencionó a este último alzó la voz y logró asustarlo. ¿Cómo se llama ese camarotero que tiene un ojo comiendo mierda? Preguntó Juan Cardona, era el camarero de los oficiales, había salido a botar el cubo con las sobras del desayuno y se sumó a la pequeña reunión. Él estaba al tanto de la situación por su condición de militante, Eduardo se cagó cuando notó su presencia.



-¡A mí me sacan de esa lista! El Vicent es mi socio y yo no milito en nada por el momento. Protestó El Sapo Bernardo, se desmarcaba de la organización, pero lo hacía dejando una ventana abierta a esa posibilidad con la intención de protegerse.



-No hay que romperse mucho la cabeza, el trompeta tiene que estar entre esa gente. ¿Y qué fue lo que dijo? Tuvo que ser algo grave, no se sanciona a un hombre por gusto. Intervino nuevamente Miguelito, pero esta vez su voz perdía fuerza y se confundía con el golpe de las olas que chocaban contra el casco.



-¡Increíble! Con la clase de jeva que se manda el Vicent. ¿Ustedes han visto a esa blanca? Es un monumento, no me cabe en la cabeza ese ruido que han traído al barco. Yo no lo creo, el socio puede ser muy amanerado, pero las jevas tienen un ojo clínico para eso del carajo. ¿Creen ustedes que ese monumento estuviera empatado con un tipo que tiene ese ruido? No lo creo, eso es una mariconá que le hicieron. Esta vez fue Cardona el que salió en defensa del Vicent, tal vez no actuó así en la reunión y quería lavar su falta, pero todos estábamos concientes de la demora. -¡Ná! Lo que dijeron fue que el Vicent llegó a su cuadra y uno de los bandoleros del barrio manifestó en voz alta, ¡caballeros, llegó La Lola! Ya saben, no viró a rectificar, porque entre nos, un tipo de pantalones le parte pa’rriba a ese cabrón y hay que matarlo. El grupo se tomó algo de tiempo para pensar, era necesario hacerlo, aunque en casos como este las conclusiones llegan rápido.



-¡Esa es mala! Difícil que el gordo Arche lo perdone, estamos hablando de un cadáver, caballeros. Hubo otra pausa y él mismo continuó. –Debe ser duro para el Vicent, sabe que al regreso de viaje le van a pasar la cuenta. No es fácil presentarse ante la familia y explicar las causas por la que le dieron de baja en la marina. ¡Coño! ¿Por un simple comentario? Esta vez se detuvo definitivamente, Miguelito era de poco hablar.



-No es un simple comentario, tú sabes cómo funciona esto y las exigencias de las organizaciones políticas. Hay que mirarlo desde diferentes ángulos y situarlo en su condición de militante. El Vicent tenía que haber regresado y partirle la vida a ese hijoputa. No lo hizo por pendejo, quien sabe, tal vez no lo escuchó, quizás lo oyó y se hizo el de la vista gorda. No todo el mundo es amante de las broncas y él es una persona bastante educada. Cardona puso el cubo del rancho sobre cubierta y encendió un cigarrillo, estaba dispuesto a continuar, todos miraban en dirección a los pasillos esperando que apareciera el contramaestre y los pusiera a trabajar.



-En realidad es bastante educado, demasiado, muy amanerado. ¡Pero, coño! No por eso se le puede desgraciar la vida a una persona. Expresó El Sapo Menéndez,



-Hay que ver si regresa. Dijo Eduardo.



-Y si lo hace, el lío viene después, con la jeva. Concluyó Cardona y apareció El Bicho por la cubierta de botes, todos se sintieron sorprendidos y no pudieron fingir que estaban trabajando.



El Vicent nunca llegó a desertar, tampoco fue expulsado de la marina como se esperaba. Pudo sobrevivir a la cacería de brujas homofóbica desatada en la marina mercante cubana por la década de los setenta. Su estrellato como el mejor mayordomo de la flota, solo era discutido por el negro Baró y pudo ser una de las razones que lo salvaran de aquella posible expulsión. Fue un excelente trabajador y a bordo de nuestras naves nunca se le comprobó nada sobre aquella acusación de homosexual. Navegué con él a bordo de la motonave Habana durante mis primeros viajes, luego lo tuve como subordinado en el Frank País, Otto Parellada y por último en el Viñales, barco de donde deserté en Canadá. Puedo afirmar que en esas naves fue donde mejor se comió en todos los años que estuve activo en la marina cubana, gracias a la dedicación y amor por su profesión.

Como persona fue siempre muy discreto y se le podía confiar cualquier secreto, muy disciplinado, fiel y sincero, cualidades que luego fueron mermando entre los hombres de mar en nuestra flota. Antes de mi partida de Cuba visité su casa en varias oportunidades, continuaba viviendo en Regla con su hija, nieta y yerno. Hasta ese hogar me moví en busca de soluciones a la precaria situación alimenticia que reinaba, o sea, buscando algo que comprar en la bolsa negra.

El Vicent fue otro de los testigos de mi paso por la marina mercante, estuvo vinculado a mi principio y fin. No quería dejar de pasar más tiempo sin escribir unas líneas que le sirvieran como homenaje y rescatarlo del olvido.





Esteban Casañas Lostal.

Montreal.. Canadá.

2009-03-07

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Re: “”” EL VICENT “””

Mensaje por Patrio el Sáb Mar 07, 2009 8:06 pm

Maestro:
Cada relato suyo pone de manifiesto la repercusión del sistema político sobre nuestra marina y sus hombres. Es un verdadero placer leerle.
Saludos afectuosos,
Patrio

Patrio
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