Secretos de Cuba
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Respecto a la normalización de relaciones o el intercambio de presos realizado el miércoles como parte del acuerdo entre Cuba y EEUU

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PARTES 5 Y 6...NUESTRA SALIDA DE CUBA

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PARTES 5 Y 6...NUESTRA SALIDA DE CUBA

Mensaje por Yucateca el Vie Feb 27, 2009 9:37 pm

Antes del final propuesto, quiero decir que la narración original se torna larga, por descripción y detalles que nos rodearon en aquel momento, por eso, debido a que quiero terminar y que nadie de los que han invertido tiempo en leer los anteriores se quede sin el final de la pelicula, haré un resumén con los actos que deseo denunciar que nos han ocurrido, así como a otros miles de cubanos que también tienen sus anégdotas diferentes, incluso más dolorosas y tristes que las nuestras, sólo con el deseo de huir de la isla-prisión que es nuestra querida Cuba.

Nuestro temor era que vinieran en horas del dia y al estar todos en sus distintas obligaciones, la casa estuviéra sola y el oficial que debía recogernos para llevarnos al lugar indicado se marchara, perdiéndo así la única oportunidad esperada por tanto tiempo; por eso me puse de acuerdo con mi vecina, la abuelita postiza de mi niño, para que vigilara mi casa y si esto ocurría, me llamara rápidamente al trabajo y que si por algún motivo no me encontraba o alguien de los muchos que allí laborábamos contestaba al teléfono y le solicitaba que dejara el recado, que no se le fuera a ocurrir decir para lo que era, sino que sencillamente dijera que -"de la escuela del niño habían llamado para que pasara a recogerlo porque tenía fiebre"-;
los departamentos de personal de todas las empresas, se dieron a la tarea de vigilar muy de cerca los movimientos de los empleados; esto consistía en chequear diariamente las tarjetas de entrada-salida que debían marcarse cada mañana, pasada la primera media hora, las recogían para comprobar las ausencias del dia y todo aquel que no hubiera llegado a su hora, pues salía un personal destinado a la calle, a los domicilios de cada uno a averiguar, si lo que sucedía era que ya estaba en vías de salir del país, pues inmediatamente era reportado y se formaba el piquete para que su despedida fuera "inovidable", aunque ya estuviera lejos, daba igual; el escándalo se lo armaban a los familiares que quedaran viviendo en la casa.

Ese miércoles 14 de mayo de 1980, uno de esos piquetes organizados de respuesta rápida, (posiblemente muchos con la "doble moral" de la que ya les comenté), acompañaba a uno de esos desdichados que con la cabeza baja y en silencio, continuaba su camino sin responder a la agresión y el insulto; bañado en huevos y basura, humillado y colérico, pero callado y firme, porque todo aquel que se sublevara a la manifestación, ese, por agredir al pueblo y rebelarse contra la opinión pública, era conducido detenido y después condenado a permanecer preso.
Al lado del teléfono y por circunstancias casuales, se encontraba trabajando una recién incorporada a las filas del partido, su ganada militancia era producto de su incondicional lealtad a la causa comunista, el ser fiel confidente y de ser gran entusiasta de las participaciones ya antes mencionadas.
Al segundo timbrazo descolgó el auricular para que al momento lo hiciera descansar de nuevo sobre la mesa, al oir que pronunciaba mi nombre, se cortó mi respiración porque no acostumbraba a recibir ninguna llamada por cuestiones de trabajo y con un ágil movimiento, como si alguien quisiera arrebatármelo; un precipitado -!oigo!- que salió más de mi corazón que de mis labios, hizo que volviera su mirada y sus ojos fijos en mi con una interrogante en la ceja arqueada que me volvió a la realidad del tiempo y lugar que me encontraba; un escalofrío me sacudió el cuerpo al oir del otro lado del aparato, una voz desconocida para mi que me preguntaba si era yo, llamándome por mi nombre y apellido.
La extraña voz volvió a repetir mi nombre sacándome de la abstracción momentánea; recuperada del primer impacto y con la fracción de tiempo que dispuse para pensar aceleradamente, respondí con un seco -!si!-, fue suficiente para que apartara sus ojos de mi, pero no así sus oidos, que por la corta distancia que nos separaba, apenas un susurro de mis labios, hubiera podido ser capáz de escucharlo perfectamente.

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Re: PARTES 5 Y 6...NUESTRA SALIDA DE CUBA

Mensaje por Yucateca el Vie Feb 27, 2009 9:38 pm

Había llegado el momento de poner en práctica lo que tantas veces había ensayado en las noches en vela, contemplando todas las dificultades que pudieran surgir y calcular con lógica cual debía ser mi actitud para no denunciarme ante los que pudieran estar presentes; controlar los gestos, los nervios, las palabras que podrían ser escuchadas a mi alrededor aunque no así las que pudiera escuchar yo a través del aparato: eso lo analicé en innumerables veces para tener control de mi misma sobre la situación, visualicé tantas veces la escena, que sólo me quedaba poner en práctica lo estudiado A pesar de lo tenso que resultaba, tragué en seco y dominando la emoción articulé mis palabras más suavemente al repetir:
-Si, dígame.
Sus palabras fueron escuetas y con un tono parejo en la voz:
-"Señora, le habla el oficial de inmigración que tiene su caso, para informarle que le llegó la salida del país".
Por supuesto que no era la voz que esperaba oir, pero el contenido de la noticia si era el mismo y con una sangre fría que me sorprendió a mi misma le respondí:
-¿Cuántos?--el hombre que me hablaba, mencionó a mi esposo e hijos, incluyendo al jóven de 18 años y agregó:
-"Debe localizarlos a todos, pasaré por ustedes para entregarles el documento conque deben presentarse en el "Abreu Fontán".
Para los que puedan leer esta narración, he estado mencionando algunos nombres que son completamente del conocimiento de los cubanos, sobretodo de los habaneros, pero para los que no lo son, les aclaro que el "Abreu Fontán", era algunos años atrás de todos estos acontecimientos, un club social en la zona de Miramar, en la playa, donde sus miembros disfrutaban de reuniones y veladas artísticas, bailes y otras actividades; desde la intervención por parte del Gobierno de todas las propiedades, se convirtió en el Círculo Militar con ese nombre; desde luego que siguió siendo club, pero con la única diferencia que ahora solamente era para la nueva clase social naciente en las esferas de la también nueva, Sociedad Socialista.
Era imprescindible mantener la calma.
Ya la escena me era familiar, fueron tantas las veces que en mi coloquio nocturno imaginé situación y lugar semejantes que fue como toda una obra de teatro bien aprendida y ensayada...pregunté tratando de lucir lo más serena posible.
-¿No puede dejárselo a la señora que le dió el teléfono?
Me respondió, si no amable, al menos no fue grosero ni aspero, me pareció sensible.
-No es posible, tiene que ser personalmente, faltan diez minutos para las diez, a las once en punto estaré de nuevo aqui, debe darse prisa o de lo contrario...usted comprende.....
Le interrumpí con precipitación para borrar la duda de que la falta de tiempo fuera un impedimento.
-Está bien, dentro de una hora estaremos ahí.
Si usted que se encuentra leyendo en estos momentos mi relato, nunca le ha parecido que se le une el cielo con la tierra, créame que en un momento así, le parecerá que todo el infinito azul se le torna gris sobre su cabeza y la inmensa tierra se abre ante sus pies.
Como todo lo que se planea bien y se repite mentalmente, aunque sea una mentira, dicha muchas veces se convierte en verdad; le respondí sin pensarlo mucho y con la mayor seguridad posible
- Pues si, me llamaron de la escuela del niño que tengo que pasar a recogerlo porque tiene fiebre.
Sin más explicaciones, huí de ahí al salon contigüo, tratando de coordinar mis pensamientos:
¿por donde empezar?
Todos los hijos estaban en sitios diferentes, tenía que encontrar el modo de buscarlos para que dentro de la hora señalada, pudiéramos estar en la casa; mi esposo, que trabajaba conmigo, tampoco estaba presente, había tenido que salir a otro edificio de la misma empresa a resolver asuntos de trabajo, tenía que localizarlo a él primero que a todos para entre los dos, ver qué hacíamos para encontrar a los muchachos.
La primera idea que se me ocurrió, fue irme derechito a la oficina de una de las secretarias que trabajaba conmigo, para que ella me ayudara a localizarlo a través de los teléfonos que conocía de las oficinas donde pudiéra estar.
Resulta que varios dias antes de ésta llamada, uno de esos que la depresión le hace a uno soltar la lengüa para descargar toda la presión que lo ponen a uno al borde de la histeria, me senté con ella en su oficina y le confesé en el dilema que me encontraba, que estaba esperando que en cualquier momento vinieran a buscarnos, pero que yo no sabía qué hacer, que mi hijo no podría venir con nosotros porque tenía 18 años y que estaban impidiendo la salida del país incluso a los que en ese año cumplieran los 15, por aquello del servicio militar obligatorio, que tendría mi hijo que quedarse solo y que eso estaba durísimo para mi; tener que irnos y dejárlo por detrás, que tendría que pensarlo: ella con la sinceridad reflejada en el rostro y con los ojos aguados me dijo:
-" Lo que está más durísimo todavía es que se queden por él, que pierdan la oportunidad ahora y cuando quieran salir juntos, entonces ya no puedan y se embarquen aqui, tienes más hijos a quienes salvar ahora y después que estén allá, pues tienen la oportunidad de entre todos, sacarlo a él cuando cumpla el servicio; no es lo mismo uno solo que toda la familia, eso no se va a repetir, mi amiga".

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Re: PARTES 5 Y 6...NUESTRA SALIDA DE CUBA

Mensaje por Yucateca el Vie Feb 27, 2009 9:39 pm

En las oficinas donde se trataban asuntos civiles, aunque todas pertenecían al Estado, no se disponía de computadoras ni de todos los elementos que se le adicionan a estas, por eso, cuando entré toda temblorosa en aquel pequeño espacio donde apenas cabía un buró, con una máquina de escribir y un par de sillas, mi amiga, que se encontraba mecanografiando, me miró asustada y adivinando aseguró:
-Ya se lo que te pasa.
-Me acaban de llamar y no la abuelita de mi hijo, sino el oficial de inmigración que le pidió el teléfono para llamarme personalmente: nos vinieron a buscar.
Ella encogió y juntó las manos cerrando los puños y luego los abrió para tomar las mías que se me agitaban.
- !Hay que bueno!
Y reaccionando rápidamente me dijo:
- Dios mio, pero no te puedes poner nerviosa, cálmate que tu sabes que nadie debe darse cuenta; su sabes eso, cálmate.
Me repitió varias veces.
Estaba ella loca tratando de comunicarse con varios teléfonos de distintos lugares y mi esposo no aparecía, yo estaba también con la operadora en aquella pequeñísima cabina, entrando y saliendo, preguntando dónde podría conseguir el teléfono de la dichosa escuela; cruzando el salón grande del lado opuesto donde estaba yo, se encontraban la escalera y el elevador que se abrió en aquel momento y de allí salió mi esposo; recuerdo que venía con una camisa azul claro, y él, al verme, su rostro se puso del mismo color, aun más pálido y me preguntó desde lejos, con un gesto alucivo de cabeza y hombros qué sucedía, agitada pero tranquila ya por verlo caminando hacia a mi, le repetí la frase mágica, lo de la famosa llamada de la escuela del niño y le conté por arribita lo de la otra llamada.
Poniéndose las manos en la cabeza, me dijo:
-Pues nos estamos yendo !pero yaaaa!.
De momento se quedó serio y abriéndo los brazos exclamó:
-Coooño, pero no tengo gasolina para irnos.
Le comenté que mi amiga me estaba ayudando en esto, nos fuimos a la oficina de ella y comentamos que nos retiraríamos en la guagua, que no había gasolina para mover el auto; ella nos dijo:
-Espérense aqui, el jefe está en una reunión que no se puede interrumpir, pero esto es una emergencia.
Salió de detrás de la mesita donde tenía su máquina de escribir, tocó brevemente la puerta del despacho y abrió sin esperar respuesta, por el pequeño espacio que dejó sólo para asomar la cabeza, le explicó que teníamos que salir a la escuela del niño a recogerlo y que el auto tenía el tanque seco; la vimos entrar y salir rápidamente, traía en sus manos el pedazo de papel que nos llevaría de allí para siempre; cuando lo puso en nuestras manos, nos deseó suerte, que nos cuidáramos y que no la olvidáramos.
Eso estoy haciendo ahora.
En todos estos años que he vivido fuera de mi Isla querida, la he recordado con mucho cariño y agradecimiento por ese silencio que mantuvo, por esa amistad que me demostró.
Intenté por medio de terceras personas localizarla para hacerle llegar mi reconocimiento, pero no la pudieron encontrar, le perdí la pista y no se dónde se encuentra; donde quiera que esté, si logra leer este testimonio algún dia, sabrá que estoy hablando de ella, por eso a través de estas líneas....Gracias de todo corazón y que Dios te Bendiga.

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Re: PARTES 5 Y 6...NUESTRA SALIDA DE CUBA

Mensaje por Yucateca el Vie Feb 27, 2009 9:42 pm

Como un ángel venido del cielo, la vi delante de mi, con los brazos caídos a los lados del cuerpo, relajada, silenciosa y mirándome con los ojos extrañados de encontrarme en la casa a esa hora; mi hija, la que suponía que se encontraba a kilómetros de distancia, estaba allí delante, pálida y con mirada interrogante. No pude evitar preguntarle con sorpresa el por qué de su presencia si a esa hora debería estar en las clases vocacionales; me explicó que la maestra del parque no había ido y que las viraron para la escuela en la misma guagua; como había hecho una tarea la noche anterior y se le había quedado en la casa, que ella había pedido permiso para venir a ver si había alguien que le abriera la puerta y recogerla para entregarla a la maestra en la clase de por la tarde; le pregunté si sabía que estaba yo ahí y me contestó que no, que sólo había sido una idea que le llegó de momento y que pensó que trataría antes de tener que repetir el trabajo en la escuela.
Había venido acompañada de una amiguita con quién siempre hacía todos los trabajos y que le gustaba mucho dibujar al igual que a ella, cuando le dije que se quitara el uniforme y que debía decirle a la niña que volviera para la escuela, que teníamos que salir, me miró fijo y en ese momento a pesar de que tenía sólo 11 años, me pareció como si hubiera crecido de pronto y como una adulta me preguntó sin preámbulos:
-¿Es que nos vamos, mami?
No me quedó de otra que decirle la verdad: que si, que papi había ido a buscar a su hermana a la escuela y que pronto vendrían por nosotros.
Ella fue donde la amiguita, tomó de su gabeta los colores, hojas, libretas y todo artículo escolar que le habíamos comprado y "conseguido" en nuestro trabajo, se los puso en las manos, diciéndole:
-Toma, te lo regalo, dice mi mamá que ella me va a cambiar de escuela y puede comprarme más dentro de unos dias, dile a la maestra que tengo que acompañar a mi mamá al médico que se siente mal, no le digas a nadie que yo te regalé esto ahora.
Sin más, le dió un beso, la acompañó a la puerta y viró a cambiarse presurosa el uniforme por ropas de andar que mucho necesitaría después.

Posiblemente, entre todos aquellos vecinos que venían a desearme la mayor de las suertes, hubiéra muchos que en ese momento deseaban estar en nuestros zapatos y debido a la doble moral muy generalizada para esa época, tuvieran que guardarse el comentario correspondiente.
Después de transcurridos algunos minutos de gran confusión, porque a decir verdad, nadie esperaba que esto estuviese ocurriendo; llegó mi hija la mayor, venía nerviosa y agitada por ver desde la esquina próxima la cantidad de gente que tenía en la casa; mi esposo había dejado estacionado el automóvil de la empresa, a dos cuadras para que los vecinos no lo vieran llegar en él porque sabían que no era nuestro y no quería presentar ese problema a última hora; venía detrás y también vió a la gente en el portal e imaginó lo peor, pero cuando llegó y se encontró que era todo lo contrario a lo que esperaba, no perdió tiempo, agradeció a los vecinos su presencia y estos, poco a poco se fueron retirando cuando vieron que teníamos todavía algunas cosas que resolver.
Llegó a la escuela y preguntó por nuestra hija, un profesor le preguntó la urgencia de la búsqueda, porque creía que ya habían terminado los exámenes que tenían señalados para ese día; mi esposo le explicó que yo había sufrido un accidente y que estaba en el hospital, que debía llevarla porque tenían que operarme; no sabe si se lo creyó o no, pero lo llevó a la oficina de la dirección para que por el altoparlante la llamaran a ver si todavía estaba en el edificio, con tanta suerte que apareció por uno de los pasillos; dice mi hija que cuando lo vió, enseguida sospechó de lo que se trataba, que le preguntó y le dijeron que era que me había caído y que me había roto un brazo. Por supuesto que no pensó que eso fuera verdad, que por un brazo roto no irían a buscarla a la escuela;
le pregunté por qué no se habían ido a la hora que tenían pensada.
Su respuesta me dejó pasmada por la tremenda (¿casualidad?), me dijo:
-Cuando llegamos, le dijimos a una maestra que nos iríamos a la playa después del exámen, nos pidió que la esperáramos, que ella tenía una trusa en la cartera; que cuando terminara con el aula que estaba examinando en ese momento, se podía ir con nosotros. -Ya estabamos a punto de salir cuando me llamaron por el altavoz- terminó diciéndo.
La verdad que si ese ángel con cara de maestra no se hubiera interpuesto para demorar la salida, hubiéra sido imposible localizar a mi hija con tanta playa diferente donde se les hubiera ocurrido ir.
Llegó el oficial de inmigración poco más de la hora que nos había dicho, pero no fue en ningún momento altanero ni déspota, nos trato con amabilidad si se puede decir así; como le dijimos que mi hijo no se presentaría para irse, que se quedaba en la casa, fue donde el presidente del CDR, y con el de vigilancia para decírselo, que ahí no podrían tocar nada, que la casa no se sellaría porque se quedaba habitada por el muchacho.
Como no se había podido localizar aún, nos entregó los papeles para que fuéramos directamente nosotros al Circulo Social Abreu Fontán, que mi muchacho tenía que ir también porque tenía que firmar la renuncia a la salida, ya que estaba incluído en la lista de los reclamados.
Después de esto, le escribí una nota a mi hijo, diciéndole que pasaríamos por casa de su papá para recogerlo,mi hijo y yo habíamos quedado comprometidos a que él cuidaría de la casa, que se portaría bien y trataría de hacer una vida normal hasta que quedara liberado de los compromisos que lo involucraban al servicio militar obligatorio y nosotros le hicimos la promesa que nunca nos olvidaríamos de cumplir con el trato de sacarlo en cuanto fuera posible.
Como la hija mayor aún legalmente no lo era, acababa de cumplir los 17 años y tenía su papá que autorizar la salida mediante la firma de un documento que debía firmar ante las autoridades correspondientes a la hora de la salida. Nos habíamos puesto de acuerdo que cuando esto sucediera, pasáramos por su casa, lo recogeríamos e iría con nosotros al lugar que fuera para hacer la gestion necesaria.
Llegamos a la casa del padre de mi hija para dejárle saber que se había presentado el momento de cumplir con lo que nos había prometido.
Allí pudimos relajarnos un poco; nadie, ni en nuestro centro de trabajo, ni los vecinos, podrían saber dónde estabamos en ese momento, fue un alivio "desaparecer" de la realidad; aunque fuera por unos minutos. Era necesario tomar nuevos brios para lo nuevo que se apareciera en el camino sin regreso que se abría ante nosotros.

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Re: PARTES 5 Y 6...NUESTRA SALIDA DE CUBA

Mensaje por Yucateca el Vie Feb 27, 2009 9:44 pm

La tormenta no se hizo esperar, no recuerdo haber oido nunca la cantidad de truenos con descargas eléctricas que me estremecieran como las de ese día, eran centellas que caían por doquier iluminándolo todo: era apenas la una de la tarde y parecia que fuera de noche, lo negro del cielo y la lluvia intensa no daban deseo de asomarse a averiguar qué estaba sucediendo afuera; me sentí un poco más tranquila cuando miré alrededor mio y los vi a todos, esperando pacientemente a que la lluvia pasara; al menos, todavía estábamos bajo techo, con tiempo suficiente para llegar a nuestro destino, el día todavía no se terminaba y la lluvia cesaría en algún momento; "nunca ha llovido que no escampe": dijo alguien que sabía más que yo.
Después que la lluvia amainó lo sufiente como para salir al exterior, afligidos por la falta de noticias de mi hijo que no aparecía, salieron los dos hombres a buscarlo; su padre y su padrastro irían cerca de la casa, su padre pasaría caminando por el barrio y buscaría a alguien conocido a quién poder preguntarle por él. No fue necesario que lo hiciera, por la buena relación existente en la familia, los vecinos lo conocían y apenas lo vieron, salieron a su encuentro para decirle que ya había estado en la casa; la gente le dijo todo lo que había sucedido y se había ido en un taxi apenas unos minutos antes.
Me encontraba esperando impaciente en el portalito de la pequeña casita cuando pude descubrir que dos autos se aproximaban; el que guiaba mi esposo y un poco más atrás, el taxi que traía a mi hijo que venía siguiéndolo.
Justo cuando todos ya estábamos reunidos, empezamos a recobrar la calma; comenzó ahora la nueva preocupación que debía resolver mi esposo, con respecto al auto que estaba manejando y que no le pertenecía: se le ocurrió que lo estacionaría en algún lugar visible, que lo cerraría herméticamente y que le dejaría la llave a mi hijo; él se quedaba, así podría llevarla al día siguiente, al centro de trabajo nuestro, localizaría a mi amiga y le diría el lugar donde lo había dejado; que ya nos habíamos ido y que estabamos a esa hora en el mar, muy lejos de allí; para que no se molestaran en salir a buscarnos.
Fueron muchas las sorpresas que nos tenía el destino preparadas, apenas había cesado la tremenda tormenta que cayó ese mediodia, la angustia que nos embargaba por la demora de todos los hombres que estaban dispersos, había terminado junto con ella; ya reunidos y dispuestos para salir hacia lo desconocido, nos despedimos de los vecinos atentos que nos acogieron durante varias horas y con el pequeño taxi que nos esperaba salimos amontonados, unos encima de otros, dispuestos a enfrentar lo que nadie sabía; ese era el camino de ida con una sola vía; todo el que lo emprendió, no había podido regresar para contarlo y nosotros éramos una familia más en aquel desfile interminable.
Apenas nos acercamos al ya mencionado club de Miramar, comenzaron las distintas postas de vigilancia a detener el auto y a todos hubimos de mostrar el papel citatorio que nos había dejado el oficial que fue por nosotros en la mañana. No eran pocas las miradas repulsivas de los guardias apostados y no poco el disgusto que mostraban al dejarnos pasar al lugar donde se concentraban las personas que habían sido reclamadas.
El primer lugar donde debíamos dirigirnos era el campo donde se jugaba beisbol, allí, entre los presentes, reinaba el desconcierto y la desinformación. La intensa lluvia que habíamos pasado en casa del padre de mis muchachos, a aquella pobre gente le había caído toda encima, eran unos cuantos cientos de personas que se encontraban con el agua acumulada en el terreno fangoso tapándole los tobillos, hombres, mujeres y niños chorreados, de pie, sin tener lugar donde cobijarse y deseosos que le dijeran cual sería el próximo paso a seguir.
En una puerta situada en uno de los muros que comunicaba el terreno de pelota con la terraza del Círculo Social, se encontraba una pequeña mesa y un altoparlante que aunciaba cada cierto tiempo, el nombre de las embarcaciones que se encontraban en el puerto.
Cuando las embarcaciones llegaban, le entregaban al oficial del puerto, la lista de las personas que venían a recoger, la dirección de estas y el nombre del barco que había venido por ellos; a su vez, los oficiales que pasaban por las casas haciendo la recogida, informaban de ello y así, en aquel lugar, sabían los "pasajeros" de cada barco que se encontraban presentes, entonces, la llamada era por barco, no por persona, cuando el altoparlante mencionaba el nombre de la embarcación, las personas debían hacer una fila frente a la mesa que se encontraba en el paso hacía la parte del edificio, techado y seco; allí pedían el carnet de identidad junto con el citatorio, a todos los que abandonaban el país, le ponían un cuño en la hoja delantera del libraco donde decía: "Salida Mariel".
Apenas llegamos a aquel lugar de espanto, comprendí cuan afortunados habíamos sido con todas las demoras que se habían presentado, mientras que esperabamos a que apareciera mi hijo, aquel temporal terrible lo habíamos pasado bajo techo y sin problemas; pudimos bordear el lagunato, buscar las partes que estuvieran menos inundadas y otra vez miré al cielo y le dí las gracias a Dios y a mi madrecita querida que seguía acompañándonos.
Cuando por aquel altoparlante chillón y con un ruido ensordecedor por la estática y me imagino que mal funcionamiento, por fin mencionó el nombre de "BETTY M", fue un ataque de nervios lo que nos embargó, nos llegó al fin el llamado para atravesar aquella puerta, dejándo atrás el contacto con todo lo que nos había acompañado en nuestras vidas hasta ese momento, fue una sensación tan extraña la que se sintió en lo más profundo del corazón que no existen palabras adecuadas que puedan describirla.
A la oficial que se encontraba en ese momento poniéndole el cuño a los carnets que le presentaban, le informamos que el muchacho y su papá no se irían con nosotros, solamente estaban presentes porque nos habían orientado que debían ir a firmar, uno, la autorización para que la muchacha pudiera salir, el otro, porque no deseaba hacerlo y se quedaría con su papá; esto les valió la entrada para que permanecieran con nosotros unas horas más, dentro de aquel lugar donde otros cientos permanecían tirados por todas partes, solos algunos, en grupos otros, pero con el desasosiego reflejado en el rostro y las ansias infinitas todos de salir de allí.
Aquella puerta no representaba de ninguna manera poder ingresar al edificio ni a ninguna instalación del club; solo daba paso a lo que era la terraza, un portalón ancho y largo que se encontraba frente a la arena, un lugar amplio con algunas palmeras y mucho espacio entre ellas para las personas que gustaban tenderse en los dias soleados frente al mar, en ese momento, muy embrabecido por el mal tiempo; en el cobertizo había muchas puertas de grandes cristales que daban directamente a un inmenso salón para bailes y actividades sociales, donde se veían decenas de hombres y mujeres vestidos de verde olivo, andando de un lugar a otro, papeles en mano.
Delante de cada portón grande, como de esos que se estila en lugares de recreo como ese, se encontraban unas mesas bloqueando entrada o salida del lugar, con par de oficiales sentados por la parte interior del salón, rodeados de cajones por todas partes, libros grandes como de contabilidad y de guardias merodeando y supervisándolo todo; por la parte de la mesa que daba a la terraza, se encontraban las sillas donde sentaban a todos los marchantes para entrevista preliminar.
Por supuesto que la primera impresión al encontrarnos en aquel lugar, es imposible de describir, la confusión y aturdimiento son las palabras que más se le acerca a lo que sentíamos en ese momento, no saber a donde ir, donde voltearse, ni siquiera donde pararse o caminar, fue verdaderamente inenarrable.
Como nadie nos preguntó ni nos detuvo, lo que determinamos fue acomodarnos en un rincón para observar lo que sucedía allí con los que habían pasado primero que nosotros.
Como en Cuba se acostumbra hacer cola para todo, aquel lugar no era la excepción y las personas debían pedir su turno en alguna de las puertas para poder sentarse en aquellas sillas para su entrevista con los oficiales. Cuando cumplimos el requisito con su correspondiente espera, la entrevista consistió en que debímos entregar las libretas de racionamiento
chequear en el carnet de identidad el tipo de trabajo que hacía cada uno, porque si era profesional universitario y su rama pertenecía a algún lugar donde estuvieran vetados los permisos de inmigración, allí mismo le decían que no podría salir del país, aunque ya le hubieran acuñado su carnet con la "Salida Mariel".

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Re: PARTES 5 Y 6...NUESTRA SALIDA DE CUBA

Mensaje por Yucateca el Vie Feb 27, 2009 9:49 pm

Asimismo, todos los jóvenes, después de haber pasado por lo antes mencionado, si estaban con la edad militar para el servicio obligatorio, tampoco les era dada la autorizaciòn para seguir adelante con los trámites sufriendo las consecuencias posteriores: así de sencillo.
No fueron pocos los oficiales con mala cara que pasaron por el lado de mi hijo de 18 años mirándolo con ojo atravesado; le preguntaban la edad, si se iba del pais y qué estaba haciendo allí, insistiéndole todos si ya estaba inscripto para el servicio militar y pidiéndole el carnet de pre-recluta; a todos se les dió la misma respuesta; no se iba, sólo vino a firmar que renunciaba a la salida para poder quedarse viviendo en la casa que nosotros dejábamos que era también su casa donde vivía.
Después de haber estado sentados en aquellas sillas calientes durante casi una hora entre preguntas y respuestas, pudimos replegarnos lejos de lo que oliera a verde olivo, sólo había que esperar a que llamaran de nuevo a nuestra embarcación para que nos trasladaran fuera de allí, nadie sabía tampoco en ese momento cómo, dónde y cuándo.
Como era fácil suponer, toda aquella gente que nos rodeaba estaba en la misma situación que nosotros, por eso nos dimos a la tarea de caminar para reconocer el terreno, vimos casos verdaderamente lamentables y que herían toda la sensibilidad humana; como por ejemplo, el de un viejito, que tendría más de 70 años, luchando con su mamá que tenía más de 90 y padeciendo de atzeimer, él la había colocado en una colchoneta vieja y arenosa, junto a una palmera, ella tenía puesta una sonda para el orine y el tubito que le salía del entrepierna, llenaba un pomito de cristal pequeño que el viejo le cambiaba a cada rato. Cuando alguien le preguntó por qué se llevaba a la viejita del país, que si no era peligroso y doloroso para ella el atravesar el mar en un barco estando enferma, el anciano respondió:
-Toda mi vida se la he dedicado a mi madre, ahora mis hijos y nietos que están allá, me mandaron a buscar, aqui estoy solo con ella, pero si pierdo esta oportunidad, no viviré para alcanzar otra, a ninguno de los dos nos queda mucho tiempo de vida y aunque me duele el corazón por llevármela en estas condiciones, más me dolería tener que dejarla, por eso, la suerte que corra yo, será la de ella también.-
Después que llegamos a los E.U., me interesé por este señor con alguien que lo conocía y me informó que la señora había llegado bien y que había rebasado el problema renal que tenía.-
También presenciamos el caso de una mujer con un ataque de llanto, gritos, completamente histérica; resulta que después de dados de bajas de las libretas de racionamiento, entregados todos los papeles requeridos en la entrevista y en fin, haber completado todos los requisitos, la llamaron por el altoparlante a la oficina improvisada en aquellas mesas, para dejarle saber que el hijo que se iba con ella, de sólo 14 años, no le era permitido salir porque cumplíria los 15 en diciémbre y estaba considerado ya en la edad donde tendría que presentarse para el servicio militar obligatorio.
Casos similares a esos vimos muchos, escuchamos muchos lamentos y llantos imposibles de describir en pocas palabras y lo que es más importante en esta narración, que después de tantos años pasados, los detalles no se escapan con el tiempo, quedándo en el recuerdo como los más significativos e inolvidables.
Llevabamos ya varias horas en aquel lugar mirando lo que acontecia a nuestro alrededor, muchas recomendaciones entre ambos lados se iban haciendo, mi esposo actual se dirigía con verdadera cordialidad al padre de mi hijo, pidiéndole que lo cuidara, que estuviera al tanto de las cosas que pudieran pasar en el barrio donde vivíamos cuando él regresara a la casa; por su parte, el padre que se quedaba, le pedía que no se olvidaran de él y que por favor cuidara a la hija que ponía en sus manos, que confiaba sería para su bien y su futuro desarrollo; que le mantuviéramos informado de cuanto pudiera suceder.
Era ya noche cerrada, el altoparlante recomendaba a las personas que se encontraban haciéndo algún trámite por otra persona y sin ánimo de salir del país y que ya hubieran terminado, que por favor abandonaran el lugar; allí, en medio de todo aquel espectáculo deplorable, donde cada uno estaba inmerso en sus propios problemas y preocupaciones, llegó el momento de la despedida, no se puede reproducir en palabras las emociones, no es posible transcribir en verbo los sentimientos, fue algo increíblemente sensible y emotivo, ver aquellos hombres en un abrazo fraternal, compartiendo hijos, haciéndo votos por la felicidad de la que se marchaba y dejándo promesas esperanzadoras al que se quedaba. Fueron besos de despedida donde ambas partes sabía que no estaba próxima la hora del reencuentro, que el tiempo que transcurriría desde entonces, hasta el nuevo beso, nadie podría decir cuán largo sería; las lágrimas fueron el único testigo de todo lo que dijo el silencio, dolor callado y húmedo para los que partían y tristeza en los ojos de los que se quedaban, que caminando al frente y volviendo la cabeza por última vez, tiraban besos al aire.
Volviéndo a la realidad de hoy, recordándo aquel momento que vivimos, deseo hacer el póstumo reconocimiento a ese hombre que me autorizó la salida del país de mi hija mayor, porque de no haber sido así, no estuviera hoy escribiendo estas memorias porque no hubiera, bajo ningún concepto, abandonado a su suerte a mi muchacha; gracias por ese gesto de amor y sacrificio que hiciste por nuestra hija. E.P.D.
Después de enjugar las lágrimas inevitables del momento vivido, volvimos a la realidad del lugar donde nos encontrábamos; ya teníamos que comenzar a buscar un rincón dónde pasar la noche y sobretodo, huir del paso de todos aquellos oficiales que merodeaban entre la gente.
Mi esposo ocupaba un puesto de alguna importancia en una oficina del gobierno, el jefe nuestro ya debía estar enterado de nuestra partida, conocíamos su línea de "trabajo" y estábamos temerosos que en cualquier momento alguno de ellos se nos acercara a pedirle cuentas, fueron angustiosos los minutos que siguieron, cada vez que veíamos aproximarse a uno de ellos, trataba de esconder la cara.
Ya hacía muchas horas que estábamos en ese proceso, las necesidades fisiólogicas se hicieron presentes, mi hijo, por ser varón fue el que menos problemas tuvo en poder hacer su "pipi" porque en cualquier matojo pudo resolver, pero las hembras, ya presentaron la crisis conocida y no les quedó más remedio que alejarse a la orilla del mar buscando un poco de oscuridad entre alguna de las matas de punta caleta que abundan en la costa; nos turnamos para eso debido a que el lugarcito que encontramos donde ubicarnos, no queríamos abandonarlo porque había mucha gente como nosotros, dando vueltas con la misma intención, gente que pasó la puerta después y que estaban sintiendo en ese momento la misma desorientación; teníamos el derecho de antiguedad, en pocas horas ya era nuestro territorio y conocíamos el lugar como "nuestra casa".
Había que adaptarse rápido porque no se sabía el tiempo que pasaríamos allí y teníamos que crear las condiciones para soportarlo.
Pasó mucho rato antes de que mis hijas volvieran del "baño", cuando las ví a lo lejos aproximándose, no tuve por menos que reirme, sobretodo por la más jóven, venía echando chispas y peleando, traía el genio en su punto y con razón; como allí todo el mundo estaba en las mismas, se había tropezado con mucha gente en el mismo sitio haciendo "lo mismo" y resulta que había pisado en la oscuridad, varias "huellas" de no sabía quién, pero que olían muy mal.
Por mi parte, no me quedó otro remedio que irme al baño donde supuestamente entraban las mujeres a buscar aseo; allí, en aquel sitio no había ni donde pararse, todos los servicios estaban desbordados, la mierda y el orine corrían por todo el piso buscando el nivel más bajo, saliendo por la puerta de entrada y corrían por el portalón donde la gente dormitaba o al menos, entre aquella fetidez, trataban de encontrar algo de tranquilidad para poner en orden los pensamientos; ese lugar era el mismo infierno maloliente, asqueroso y repugnante, ya las mujeres para hacer sus necesidades ni siquieran entraban a los servicios con puertas como se acostumbran en los baños de mujeres, cualquier rincón era bueno para agacharse y tirar los desperdicios humanos, cambiarse el trapo de la mestruación, o simpletemente tratar de llenar alguna botella o vasija cualquiera, para beber de la poquísima agua que salia de los lavamanos, que se habían convertido también en el escusado de los niños que algunas madres ponían allí, que aunque recogieran y tiraran la porquería en un rincón, siempre vestigio de la misma quedaba como huella de la falta de higiene y abandono que había, donde nadie se ocupaba de esas cosas en un sitio que estaba, para los que administraban el lugar, "lleno de escorias".
Era noche cerrada, ni siquiera la luna fue gentil para salir a darnos la despedida, eso si, noche estrellada y serena, ni una nube se veìa en el horizonte, había pasado el mal tiempo, la tormenta de aquella tarde habíase desplazado a otro de los puntos cardinales, no se cual de ellos, pero ya allí, en aquel lugar, no quedaba vestigio de ella, gracias a Dios, porque cientos de seres humanos pernoctarían bajo ese cielo sin luna, pero al fin sin llanto....porque así interpretaba en ese momento toda la lluvia que cayó, como si el cielo llorará por nosotros en una triste despedida.
Sería repetir si cuento las escenas de dolor y sufrimiento que se subsiguieron durante la noche y todo el dia siguiente; nosotros, cansados de escondernos de cuanto militar nos pasaba por al lado, decidimos caminar un rato por aquel lugar para poder estirar las piernas; ya se había calmado bastante el alboroto que las brigadas de repudio tenían formado en el frente y costado del edificio; como el jefe nuestro era militar retirado, temíamos que estuviera entre los allí reunidos, incluso, que pudiera tener acceso al lugar y detectarnos entre los viajeros, ese era el motivo de evitar dar la cara para no ser reconocido dado el caso que el distinguido señor se decidiera o le fuera permitido entrar al lugar.
Cuando salimos de la casa, parte del dinero que teníamos, se lo dejamos al hijo que se quedaba, nosotros cargamos con lo que creíamos sería suficiente para un par de dias, pensábamos que llegaríamos pronto a nuestro destino y ya Dios se haría cargo de la ayuda que nosotros necesitabamos porque nadie estaba enterado de nuestra partida ni nadie nos esperaba en tierras de libertad, lo poco que llevabamos se agotó; los kioskos que abrieron para vender alimentos a los allí concentrados, vendían panes con algo dentro, refrescos y de vez en cuando traían un arroz amarillo con ´na, que daba grima, pero eso si, todo carísimo.
Una pareja recién conocida que también saldría en el mismo barco que nosotros, había llegado de Camagüey, ellos se percataron de nuestra situación y generosamente nos dijeron que no habría problemas, que ellos traían suficiente para cubrir nuestros gastos también porque el dinero no se lo podrían llevar y no quisieron dejárselo a la gente que se apoderaría de la casa, no tenían más familiares y llegado el momento de partir, lo echarían al mar, que mejor lo compartían con nosotros.
Gracias a estas personas, mis hijos no pasaron hambre ni sed en los dos dias restantes que permanecimos en aquel campamento habilitado de urgencia y con las más perentorias condiciones.
Entre el edor de los baños con absoluta ausencia de higiene, el sudor del verano que teníamos encima y la falta de una buena ducha, estábamos agotados, sedientos y adormilados. En las noches no se podía dormir con tranquilidad porque a cualquier hora llamaban a las personas por el nombre del barco en que partirían y temíamos dormirnos y que no escucharámos; los altoparlantes, además de estar defectuosos y con mucho ruido, no cesaban de emitir himnos y entre una y otra consigna, mencionaban las listas de los que debían abandonar el lugar; era muy difícil entender lo que decían estando bien despiertos, así que dormidos, ni pensar que pudiéramos siquiera reconocer nada de lo que dijeran. Andábamos caminando un poco estirando las piernas y apenas nos disponíamos a sentarnos en la arena, la estridente música cesó y el silencio que invadió el lugar fue interrumpido de nuevo por la voz del oficial de turno que hacía el llamado a una nueva embarcación.
Cual no fue el sobresalto que nos acogió cuando aquel aparato dijo el nombre del "Betty M"; ese era el llamado que estábamos esperando con tanta impaciencia, al fin lo habían mencionado y no podíamos creerlo; fue un momento de aturdimiento que duró apenas unos segundos para poder recuperarnos del impacto de ese choque con la realidad. Al fin podíamos salir de allí hacia lo desconocido.
Cada vez que esto ocurría, en un área apartada de donde estaban las personas concentradas, habían unos guardias apostados delante de una puerta de salida estratégicamente ubicada en un muro que colindaba con el estacionamiento del edificio. Allí se hacia una larga fila compuesta por las personas que papel en mano, se identificaban como pasajeros de esa embarcación que habían llamado.
No fuimos diferentes de los demás, allí estábamos con la autorización que nos entregaron cuando llenamos los papeles, como gallina cuidando a sus polluelos, tenía a mis tres hijos al lado mio tomados de la mano y con la muy repetida advertencia de que debíamos permanecer así por todo el tiempo que fuera necesario y que por nada del mundo debíamos separnos uno del otro; nadie podía moverse solo. Era tanta la ansiedad y la angustia que nos invadia, que le supliqué a los muchachos, sobretodo al más pequeño que ni hablaran, ni se movieran, estaba tan asustada de que cualquier acto, por inocente que fuera, se convirtiera en el motivo de una llamado de atención o una reprimenda de los oficiales, que hasta la respiración hubiera querido controlarles.
Siempre fue un enigma todo el proceso que estábamos viviendo, desde que comenzaron todos los acontecimientos que se fueron sucediendo poco a poco, dia tras dia, nadie sabía lo que ocurría con los que iban delante; no llegaban noticias de nadie, no se publicaba nada al respecto, no se sabía el curso que tomaban ni donde llevaban a la gente, el que quedaba detrás, lo hacía en la más absoluta ignorancia, era como una carretera de una sola vía rápida, nadie sabe quién va delante y quién viene detrás, había solamente que seguir la orientación de los que manejaban aquel rebaño de ovejas, obedeciendo las órdenes para cualquier movimiento y esperar en silencio, sin hacer preguntas que no tenían respuestas y pedirle a Dios que tuviera piedad de todos.
Pasaba la medianoche; las horas siguientes serían las más largas para vivir en toda mi vida.

Gracias por su paciencia en compartir conmigo mis experiencias.
Saludos, Yucateca

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Re: PARTES 5 Y 6...NUESTRA SALIDA DE CUBA

Mensaje por Patrio el Vie Feb 27, 2009 10:03 pm

Gracias, hermana, por compartir. Excelente testimonio.
Saludos,
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Re: PARTES 5 Y 6...NUESTRA SALIDA DE CUBA

Mensaje por PLACETA el Vie Feb 27, 2009 10:49 pm

Un testimonio inolvidable para usted, estimada hermana Yucateca, mis respetos para usted y familia.

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Re: PARTES 5 Y 6...NUESTRA SALIDA DE CUBA

Mensaje por Yucateca el Sáb Feb 28, 2009 2:20 am

Gracias Patrio, Gracias Placeta....Aun quedan cositas pendientes que no las voy a postear, quizás aparezcan por ahí muchos, más y mejores historias, solo que como dije al principio, éstas fueron las nuestras.
Quiero recordarles a todos los foristas que hayan llegado hasta aqui, que en esa salida que ocurrió el 18 de mayo, fue cuando fui...."TESTIGO DE UN CRIMEN"...que fue el primer artículo cuando me bauticé en este foro, que por cierto lo anduve buscando en el indice y no lo encontré. Lo adjunto aqui por si alguien no lo leyó en su momento, pues puedan continuar la historia.
Gracias de nuevo, saludos

UNA MAS DE LAS TANTAS HISTORIAS QUE SE HAN ESCUCHADO DE LOS PROTAGONISTAS DEL ÉXODO DEL MARIEL EN 1980

Testigo de un crimen.....

Recuerdo que cuando estabamos en la época de espera, donde no sabíamos si la carta que mi esposo escribió a su tia en Puerto Rico había llegado a su destino y tendríamos respuesta, o si la llamada que hizo posteriormente habría surtido efecto o no, estábamos y vivíamos pendientes de cuanta noticia relacionada con el Mariel se publicaba o si algo decían en la TV nacional sobre el tema.
El caso fue que nos tranquilizó la idea de que el gobierno decía que establecerían un puente de embarcaciones para cuidar a los que iban rumbo norte, para que no les ocurriera ningún percance y si alguna de ellas necesitaba ayuda, pues ofrecer el rescate que fuera necesario....por supuesto, que en esa época no teníamos ni la menor idea del engaño constante en el que estabamos sumidos y en el que vivíamos, que todo lo que se decía era solo lo que ellos querían que oyéramos y creyéramos, pero que la realidad estaba muy lejos de ser lo que hablaban y publicaban.
Cuando después de la odisea tan grande que pasamos para poder salir y que en otro momento contaré; llegamos al barco esperando como todos los demás para lanzarnos a lo desconocido, a nosotros nos sentaron en la quilla del barco, sobre la soga de amarre al muelle, esa que es gorda como una serpiente y pesada y áspera, allí teníamos nosotros, mi esposo, dos hijas adolescentes, un niño de 5 años y yo, el rinconcito donde la borda pasaba justo por encima de mis ojos y para poder mirar afuera, tenía que erguirme cuanto podía para que los ojos asomaran por encima del nivel de madera que rozaba mi cuello...
Después de 2 dias que no dejaban salir a nadie porque había mal tiempo en el estrecho y ya habían sosobrado algunos barcos, dieron luz verde a todas las embarcaciones, decenas de ellas, que estaban llenas de gentes y aun más de ilusiones, para que salieran a la mar.
Aquello fue una desbandada de pájaros como cuando se les abre la puerta de la jaula hacia el aire libre y sin barreras, mirando hacia un horizonte desconocido pero lleno de esperanzas.
Según ibamos avanzando sobre aquella alfombra de un azul tan intenso como jamás había disfrutado, la vista se perdía en la costa que cada vez se nos alejaba mas y que se hacía mas pequeña e inalcanzable, aquella tierra se nos hacía ahora mas querida y mas grande era la angustia de no saber cuándo podríamos volver a pisarla, a pesar de que sólo estabamos apenas saliendo, ya la comenzábamos a extrañar.
Nuestro barco camaronero estaba capitaneado por un lobo de mar que sabía del peligro que corríamos todos, cuando en su embarcación estaban pendientes de su conocimiento y maestría, la vida de 180 personas, cuando ese viejo cascaron sólo podría resistir el peso de 60... el viejo americano tenía pleno dominio de la situación y la travesía se realizaba tratando de tomar el menor riesgo posible, en una carrera que comenzaron los demás barcos para tratar de ver quién llegaba primero, o tal vez, para tratar de huir lo antes posible de todas las ataduras que dejaban atrás....
Nosotros veníamos despacio y por eso, en una oportunidad que me erguí sobre la borda, el horizonte se me hizo circular, esa línea azul que nos rodeaba donde quiera que volteara los ojos, hizo darme cuenta que estábamos casi solos en medio de un mar azul intenso que sólo la propela del barco hacia convertir en espuma blanca el agua que agitaba...muy lejano, surgiendo en el horizonte, se divisaba el único acompañante, un barco grande que rápido se aproximaba.
En otro momento que mis ojos se asomaron, justo en el borde de la borda, no muy lejos de nosotros, distinguí el barco bastante cercano ya como para reconocerlo; desde la ventana donde tenía mi mesa, en la empresa donde trabajaba en La Habana Vieja, los veía pasar por la entrada del puerto, estaba segura que era un mercante de la Empresa de Navegación Mambisa, en ese momento lo vi detrás de nosotros, (para más exactitud, como si yo estuviera sentada en las 6 y viera el barco en las 2), como la posición que asumía era muy incómoda, dejaba caer el cuerpo sobre la soga que me servía de asiento solo por unos segundos para poder respirar y volver a erguirme, vi que el barco estaba atravesado y así varias veces que subía y me sentaba de nuevo, el barco lo veía una veces hacia atrás, otras de costado, otras de frente y otras de costado otra vez,....inocente de mi que pensé que ese era el límite de las aguas donde debían custodiar las fuerzas cubanas porque mas adelante, se encontraba un portaviones norteamericano que dejó salir un helicóptero que cruzó por encima de nosotros, rumbo al barco mercante que había visto, mi mente, crédula, pensó que estaba funcionando aquello que escuché sobre la protección a las embarcaciones menores etc.; el caso que dejé de prestarle atención al barco cubano que ya habíamos dejado muy atrás para mirar de cerca a aquel monstruo de hierro que teníamos entonces mas cerca, como no nos detuvimos, pues pronto también quedó atrás.
Después que llegamos a Key West, (Cayo Hueso), nos recibieron, alimentaron, transportaron y nos montaron en el avion que nos llevó a Pensilvania, al fuerte de Indiantown Gab, un lugar de entrenamiento y albergue para casos de emergencia donde en su oportunidad alojaron también a los vietnamitas que llegaron cuando la guerra. Allí habían instalado en una de las barracas de las tantas que hay, una central telefónica, con muchos aparatos a nuestra disposición para que nos comunicáramos con nuestros familiares y les dejáramos saber donde estábamos porque se creía que los recién llegados se encontraban todos en Miami y eran tantos que hubo que repartirlos en distintas ciudades de los EU....después que fuimos alojados en el área para familias, recibidos los artículos de aseo y descansado de las tantas horas invertidas en el viaje y relajados un poco los nervios, fuimos a tratar de establecer comunicación con nuestra tia en Puerto Rico, allí esperando en la línea mi turno para llamar, se encontraba delante de mi, una muchacha con una enguatada azul que tenía en la espalda unas letras blancas: USA. Los dos niños, una hembra y un varón, también tenían las suyas, grandes por demás, pues pertenecían a los soldados que les habían salvado la vida, ellos andaban con unas chancletas metededos recortadas, que se veían que eran de una talla grande, adaptadas a sus pies pequeñitos, una señora que también esperaba en la fila le preguntó que de dónde había sacado esa ropa y la muchacha comenzó su historia.....Venían en una lancha pequeña, donde cabían 6 personas, en el Mariel metieron a 15 y estaban mas abajo de la línea de flotación y navegaban sumamente despacio porque el motor no tenía la fuerza necesaria para tanto peso, cuando se encontraron que un buque mercante de la Mambisa de Navegación, les cayó atrás y donde pudieron leer perfectamente, porque los tenían encima de ellos, que era el Buque "Las Mercedes", la tripulación que se asomó a la borda del buque, les empezaron a gritar obscenidades y cosas horribles, así como también la palabra que se había puesto de moda para la ocasión, "escorias", les deseaban que se hundieran y que tuvieran "buen viaje" etc....el barco empezó a dar vueltas alrededor de ellos, tratando de hacer remolinos para que naufragaran, ellos les gritaban que había niños, los de ella y otros más, y los del barco les decían que no les importaban, estaban solos en medio del mar, solo un barco se divisaba que iba delante de ellos pero tan lejos que era imposible que se dieran cuenta de lo que estaba ocurriendo ni que pudieran escuchar sus gritos, (resultó ser el nuestro), los del buque seguían dándoles vueltas y el remolino, entre la propela del barco que era enorme y haciendo giros, se les estaba volcando la lancha y el agua inundando a toda la gente tambaleante, que gracias a Dios que el helicóptero que salió del portaviones que estaba cerca fue a su rescate, que el mismo tuvo que disparar al mar para obligarlos a que pararan el ataque y que se fueron huyendo a todo motor de la escena, que ella tenía a sus dos hijos abrazados pero que con tanto nervio y mareo, debido al movimiento de la lancha que se hundía, se dió un golpe que perdió el conocimiento y no supo dónde fueron a parar sus hijos, no recordaba cómo la habían sacado de allí.... cuando ella abrió los ojos se encontró en el dispensario del barco y cuando preguntó sustada por sus hijos, le abrieron una puerta para que entraran y llegaron con compotas, sodas, manzanas y todo lo que le pudieron dar, con la ropa seca puesta y con las sandalias recortadas esas que guardaría por siempre.
Esta boba sentimental se puso a llorar, como ahora que estoy haciéndo el recuento, porque me di cuenta que aquello que presencié del barco cambiando de posición con los giros para atrás, de costado y para alante, que pensaba que nos estaban cuidando, etc. etc...con mi mentalidad entrenada para pensar lo que ponían en ella, esos sólo estaban tratando de matar a esa pobre gente que se encontraba sola en medio del mar y estaba totalmente horrorizada y en pánico.
Enseguida que escuché esa historia, me di cuenta que había sido testigo de un intento de asesinato múltiple....eso jamás lo olvidaré.
Llegado el momento del juicio final, cuando la gente sinvergüenza, mala y despiadada tenga que rendir cuentas por los hechos de lesa humanidad y en contra de los derechos humanos, puedo decir que la tripulación que se encontraba el 18 de mayo de 1980, en el buque mercante "Las Mercedes", de la Empresa Cubana de Navegación Mambisa, son unos frustrados asesinos y deberán pagar por lo que hicieron, yo fuí testigo de ello.....

Yucateca.

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Re: PARTES 5 Y 6...NUESTRA SALIDA DE CUBA

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