Secretos de Cuba
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Esta genialidad la encontré en un blog, y pone en su justo lugar al lacayo de Castro, Vargas llosa

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Esta genialidad la encontré en un blog, y pone en su justo lugar al lacayo de Castro, Vargas llosa

Mensaje por Invitado el Miér Ene 28, 2009 3:33 pm

¿En qué se parecen Mario Vargas Llosa y José Saramago?


¿En
qué se parecen Mario Vargas Llosa y José Saramago? En que ambos son
negacionistas de la Shoá. ¿Y en qué se diferencian? En que Saramago ya
ganó el Premio Nobel gracias a sus posiciones de izquierda, mientras
que Vargas Llosa, que hace ya varias décadas abandonó ese credo,
necesita fungir de
progresista en algún entuerto para que la Academia no siga pasándole de largo.
Saramago
es una de las figuras relevantes del ámbito literario que se han sumado
al bando del revisionismo afirmando que la Shoá nunca sucedió. Lo hizo
hace unos cuantos años, cuando comparó Ramala, territorio dominado por
la Autoridad Palestina, todavía en la era Arafat, con el campo de
exterminio de Auschwitz. Ahora Vargas Llosa se suma con un argumento
negacionista semejante:
Son
esos pobres infelices, niños y viejos y jóvenes, privados ya de todo lo
que hace humana la vida, condenados a una agonía tan injusta y tan
larval como la de los judíos en los guetos de la Europa nazi, los que
estaban siendo masacrados por los cazas y los tanques de Israel, sin
que ello sirviera para acercar un milímetro la ansiada paz
,
ha escrito en el artículo "Morir en Gaza", publicado por el diario argentino La Nación el pasado día 24, refiriéndose a los habitantes palestinos de Gaza.

Lo
que Saramago nos dijo entonces, y Vargas Llosa repite ahora, es que la
Shoá fue lo siguiente: los judíos no estaban de acuerdo con la
existencia de Alemania, por lo tanto atacaron el territorio alemán,
desde los países vecinos y con objetivos específicamente civiles,
matando una y otra vez civiles alemanes. Frente a esto, Alemania se
alzó contra los terroristas judíos y, en el combate, también mató
civiles judíos, aunque sus blancos eran exclusivamente militares y
siempre fue mayor la proporción de militares enemigos muertos que la de
civiles. También avanza Vargas Llosa, con esta comparación, que
Alemania intentó varias veces hacer la paz con los judíos, pero estos,
conducidos por un liderazgo irredento, se negaron a aceptarla,
proponiendo en cambio, una y otra vez, la destrucción de Alemania.
Curiosamente, siguiendo la lógica de Vargas Llosa, que compara a los
palestinos de Gaza con los judíos de los guetos de la Europa nazi, en
la Alemania que nos pinta Vargas Llosa vivían un millón y medio de
judíos con plenos derechos, que jamás fueron siquiera molestados por la
población no judía de Alemania. (Como viven más de un millón y medio de
árabes palestinos, con plenos derechos, en el Israel contemporáneo).

Siempre
según Vargas Llosa, los judíos de los guetos de Europa tenían acceso a
toda la prensa de las democracias occidentales, y de los países del Eje
también, como hoy los palestinos de Gaza gozan del apoyo de la mayoría
de los medios de comunicación y de los intelectuales del mundo libre, y
también de los países dictatoriales como Irán y Siria, y su causa era
profusamente difundida y defendida de una punta a otra de la Tierra.

Para
concluir, según Vargas Llosa, los nazis no fueron los peores enemigos
de los judíos en el período 1939-1945, sino que fueron otros países los
principales asesinos de judíos, ya que si comparamos a los israelíes
con los nazis tendríamos que buscar en la ficción alguna tabla
comparativa para los jordanos y los sirios, que mataron muchos más
palestinos que los israelíes en mucha menor cantidad de tiempo.

En
fin, volvamos a la realidad, pues Vargas Llosa, tal vez obnubilado por
la necesidad del Nobel, pierde de vista algunos datos que sin duda
conoce, aunque más no sea en su condición de telespectador:



Los
judíos del Gueto de Varsovia dispararon contra los nazis sólo porque no
querían morir indefensos; mientras que si los palestinos no disparan
contra los israelíes, simplemente los israelíes no disparan. Los judíos
del Gueto de Varsovia no tenían la más mínima ilusión de vivir, sólo
aspiraban a morir en paz consigo mismos; mientras que los palestinos,
desde 1948 y hasta nuestros días, tienen la posibilidad de elegir vivir
en su propio Estado, en paz con Israel.

En
su acceso a los alimentos, a la información y a la salud hay la menor
relación entre los palestinos de Gaza y los judíos exterminados en
Europa. Bastaría con simples estudios científicos, con una sencilla
cuenta matemática.

No
hace falta negar la Shoá para defender a los palestinos. No hace falta
negar la Shoá para atacar a Israel. No sólo si Israel se comportara
como los nazis este conflicto nunca hubiera existido, sino que bastaría
que Israel se comportara como Jordania o Siria para que este conflicto
no existiera. Si existe un conflicto palestino-israelí es precisamente
por el comportamiento humanitario de Israel, desde el 48 hasta nuestros
días, en contrastante diferencia con las potencias occidentales y
árabes en las respectivas fundaciones de sus Estados. De haber perdido
Israel una sola de sus guerras, comenzando por la del 48, en la que
murió el 1 por ciento de la población judía de entonces, huelga aclarar
que no habría conflicto palestino-israelí, porque sencillamente Israel
no existiría. Por supuesto, continuarían los conflictos entre los
déspotas del Medio Oriente, ya que las matanzas en la zona –por dar
sólo un caso: el millón de muertos en la guerra que libraron Irán e
Irak en los 80– son mucho más frecuentes y sangrientas que cualquier
conflicto árabe-israelí.

Nunca,
en toda su historia, el ejército del Estado de Israel mató
voluntariamente a un niño palestino. Eso no admite discusión. Pero sí
podríamos discutir el comportamiento israelí respecto a los derechos
humanos de los terroristas.

En
1984 dos terroristas palestinos secuestraron un autobús israelí,
colmado de pasajeros, que viajaba de Tel Aviv a Ashkelón, con la
intención de llevarlo a Gaza. En un control del ejército, luego de un
tiroteo, los terroristas fueron neutralizados y el autobús recuperado.
El ejército de Israel anunció que los terroristas habían muerto en
combate. Los fotógrafos de los periódicos israelíes, sin embargo,
advertidos del incidente, alcanzaron a fotografiar a los terroristas
vivos, en manos de las autoridades militares israelíes. Las fotografías
y la información que contradecía la brindada por el ejército se
publicaron al día siguiente en los principales periódicos de Israel.

El suceso causó un escándalo nacional. En inglés, un uproar.
La opinión pública israelí y los distintos escalafones militares y
políticos permanecieron en estado de conmoción hasta que los
sospechosos fueron debidamente juzgados y varias carreras, militares y
políticas, resultaron arruinadas por aquel evento. La propia prensa
libre de Israel obligó a su ejército y a su gobierno a mantenerse en el
camino de la legalidad. Los militares y políticos israelíes no
intentaron matar a los periodistas que revelaron la verdad: lo que
intentaron fue recuperar inmediatamente el camino de la legalidad,
incluso contra sus peores enemigos. Y esto no fue antes del 1967, en
ese Israel al que Vargas Llosa recuerda –en cada uno de sus artículos–
haber defendido; fue en 1984, cuando ya no lo defendía más. Israel
sigue siendo el mismo, un país democrático y legal que no sólo no
masacra a los palestinos como lo hicieron los nazis con los judíos,
sino que intenta, desde 1993, incentivarlos a fundar su propio Estado,
separado de Israel y en armónica convivencia no sólo con Israel, sino
con su vecinos Egipto y Jordania, quienes los dominaron entre 1948 y
1967 y están mucho menos dispuestos a colaborar con ellos en ningún
orden: ni en el de la libre circulación, ni en el económico ni en el
político.



¿De
qué estamos hablando, entonces, cuando comparamos a los palestinos con
los judíos y a los israelíes con los nazis? No se está acusando a
Israel de nazi, como lo hace Vargas Llosa, por lo que los israelíes
hacen; se le acusa de nazi porque el grueso de sus habitantes son
judíos. Antes, hasta el 67, cuando Vargas Llosa defendía a Israel, ser
nazi era matar judíos; ahora, lo nazi es lo que haga Israel. Si Hamás
publicita su propósito de asesinar a todos los judíos del mundo, eso es
liberación nacional y social. Pero si Israel mata a un terrorista de
Hamás, eso es nazi. No se acusa a los judíos de ser nazis por su
comportamiento, sino por ser judíos: para deslegitimar su historia y su
presente. Y para negar el pasado en general.

La
comparación de Vargas Llosa tiene un propósito siniestro: todo el mundo
puede ver que Israel no sólo no practica ningún genocidio contra los
palestinos, sino que en Cisjordania, donde la Autoridad Palestina ha
decidido no disparar más contra civiles israelíes ni poner bombas en
Israel, la situación política, social y económica es una de las mejores
desde el 2001. Pero los niños y los adolescentes no necesariamente
están familiarizados con la Shoá: de modo que creerán, como lo enseña
Vargas Llosa, que la Shoá fue una guerra de los judíos contra los
alemanes en la cual murieron mil judíos, entre combatientes y civiles,
aunque más combatientes que civiles. Lo que hace Israel no es nazi,
pero difundir esa falacia lo es.

"
(…) y una crítica a esos intelectuales progresistas, como Amos Oz y
David Grossman, que, antes, solían protestar con energía contra hechos
como el bombardeo de Gaza y ahora, tímidamente, reflejando la
involución generalizada de la vida política israelí, sólo se animan a
reclamar la paz", escribe Vargas Llosa.

¿Cuándo
han hecho otra cosa Grossman y Oz que no sea reclamar la paz? Oz, en
particular, defendió a Israel, como soldado, en el 67, y fue un
avanzado en reclamar la división en dos Estados para dos pueblos.
Siempre ha mantenido las mismas posiciones, contra viento y marea:
defender el derecho de Israel a la existencia y a la seguridad y
reclamar la creación de un Estado palestino. ¿Qué deben reclamar Oz y
Grossman, según Vargas Llosa, que no sea la paz? ¿Deben reclamar que
Israel no se defienda? ¿Qué debería pedir Grossman, que perdió un hijo
en la lucha contra los terroristas de Hezbolá, según Vargas Llosa? ¿Por
qué está mal que reclamen por la paz?

En mi novela Tres mosqueteros
un personaje dice, más o menos, que el marxismo es un virus que corroe
la inteligencia. Alguna vez Vargas Llosa lo padeció, y luego logró
desembarazarse de él. Pero el antisemitismo es un virus mucho más
persistente, sobre todo si sirve para fungir de progresista. Vargas
Llosa declama: "Nadie me lo ha contado, no soy víctima de ningún
prejuicio contra Israel, un país que siempre defendí, y sobre todo
cuando era víctima de una campaña internacional orquestada por Moscú,
que apoyaba toda la izquierda latinoamericana". La verdad, los judíos
que apoyamos la existencia del único Estado judío del mundo, y que
sabemos que de él depende nuestra libertad, nuestra seguridad y
nuestras vidas, no necesitamos el apoyo de Vargas Llosa, ni en el 67 ni
ahora. Sólo necesitamos que no difunda mentiras infamantes. Sólo
necesitamos que no niegue la Shoá.

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Re: Esta genialidad la encontré en un blog, y pone en su justo lugar al lacayo de Castro, Vargas llosa

Mensaje por Invitado el Miér Ene 28, 2009 4:12 pm

Gracias por esta información, dentro de la riada informativa de estos días no había reparado en este artículo de Vargas Llosa. Muy bien conocian los peruanos a este cambiacasaca cuando prefirieron votarle a un chino mafioso(Fujimori). Muy bien Vargas Llosa, vas muy bién. Por suerte tus libros nunca me atraparon. El propio Saramago me parecía más creíble.

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