Secretos de Cuba
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“”” MANSO, PRINCIPIO Y FIN DE UNA AVENTURA “””

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“”” MANSO, PRINCIPIO Y FIN DE UNA AVENTURA “””

Mensaje por EstebanCL el Mar Ene 20, 2009 1:18 pm

MANSO, PRINCIPIO Y FIN DE UNA AVENTURA.

Archivado en: General — Esteban Casañas Lostal @ 19:00 Editar






Cuando el sobrecargo me entregó la llave del camarote él se encontraba de franco, acomodé mis pocas pertenencias sobre la litera y me puse ropa de faena. El contramaestre no era una persona amable, no recuerdo haya respondido el saludo y tampoco le di mucha importancia. Su ropa se encontraba en estado deplorable y apestaba a tres metros de separación, sostenía presionado entre los dientes un mocho de tabaco y hablaba por un costado de su boca, su aliento me invitó a mantener distancia. Le ordenó al pañolero que me entregara una piqueta, rasqueta, cepillo de alambre y una lata con minio. Lo seguí por la cubierta principal hasta la bodega número tres, como andaba delante de mí, observé un extraño tic nervioso en su hombro izquierdo que le daba cierto aire de títere infantil. Lanzó un grueso escupitajo color ámbar que chocó con violencia en el trancanil de la bodega, luego subió por la escalerilla hasta las tapas seguido por mí. Allí se encontraban varios marineros repiqueteando sobre ellas, el eco de aquellos picotazos descargados sobre verrugas de óxido viajaba hasta las profundidades de la bodega como campanadas de cualquier iglesia.



-Esta tapa es tuya. Fue todo lo que dijo y se marchó en dirección a la superestructura, lo vi escupir nuevamente y se perdió por el pasillo de acceso a la cubierta principal.

-¿Estás enrolado? Preguntó un flaco bigotudo muy próximo a mí, era la reencarnación de Tres Patines. -Yo me llamo Menéndez, pero todo el mundo me dice “El Sapo”.

-Sí, vengo enrolado de agregado de timonel.

-¿Y qué camarote te dieron?

-Voy a vivir con un timonel que se llama Manso, pero hoy se encuentra de franco.

-¡Muchacho!, te ganaste la lotería, no hay quien se meta a ese individuo.

-¿Por qué?

-Es insoportable, gritón, autosuficiente y sobre todas esas cosas, no resiste a las nuevas generaciones.

-A esta gente hay que sacarlas de los barcos a patadas por el culo. Intervino otro de los marineros que formaba parte del grupo. -Partía de contrabandistas de mierda, hay que sacarlos al carajo, nosotros somos el futuro de este país, mi nombre es Eduardo. Lo saludé, comprendí su mensaje, pertenecía a la generación que una vez pensó y luego se privara de esa virtud que posee la mente humana. Ya había trabajado en otros barcos dando mantenimiento y tenía una idea clara de lo que debía hacer.

-Llégate al pañol y dile al pañolero que te de unos espejuelos contra impactos, vas a perder un ojo. Me recomendó El Sapo.



-Esta es tu cama, aquí está tu gaveta. La abrió para mostrarme que se encontraba vacía, solo habían dos debajo de su litera y me pertenecía la derecha, no existía posibilidad de equivocación. -Esta es tu taquilla. Abrió la puerta para mostrar que se encontraba en igual condición y comprobé de paso el reducidísimo espacio disponible para acomodar mis pertenencias. Tampoco necesitaba mucho más, contaba con una sola muda de ropa para salir y dos uniformes, ya había sacrificado el pantalón en peores condiciones para las labores de mantenimiento. -Tu botiquín es el de la derecha. Abrió la puertecita y vimos que quedaban algunos objetos de su anterior ocupante. Manso los sacó y arrojó al cesto de la basura

-Y la ropa sucia de trabajo, ¿dónde la guardamos?

-Ahora te enseño un pañol donde nos cambiamos, no debes traerla para el camarote. Lo seguí por el pasillo hasta una puertecita muy próxima al baño, la abrió y fue como activar una bomba lacrimógena, una combinación de gases reprimidos penetró profundamente por nuestras narices y sentí náuseas.

-¡Cojones, que peste!

-No te asombres, hay gente que no lava la ropa de faenas durante todo el viaje.

-Eso es una cochinada.

-Regla número uno. El sueño de los tripulantes es sagrado, si no tienes sueño sale del camarote y te vas al salón, pero a la gente que hace guardia de madrugada hay que protegerla. Cero ruidos, silbidos, luces encendidas, música, tirones de puertas, gritería por los pasillos, etc. Antes del mediodía no se realizan trabajos cerca de la superestructura, grábate todo esto para que evites problemas.

-No creo que tenga muchas dificultades para cumplir esas reglas, ¿hay algo más?

-Regla número dos. Cero pajas…

-¡Coño! De eso no me habían hablado. Le interrumpí algo asombrado por la regla que acababa de dictar, creo que eran aportes privados.

-Bueno, quiero decir cuando estemos los dos en el camarote. Cero revistas pornográficas, si te agarran con una vas preso y te botan de la marina.

-¿Y cómo se la han hecho ustedes hasta ahora?

-Mucha imaginación, muchas fantasías, pero nada de eso cuando estemos los dos juntos en el camarote.

-Ya sé, eso se cae de la mata.

-Regla número tres. Tienes un puesto fijo en el comedor de tripulantes, hay que esperar por la llegada del contramaestre para sentarse y servirse después de él. Esta regla es inviolable y forma parte de nuestras tradiciones. Al comedor hay que entrar limpio, nunca en ropa de faena.

-¿Y si estoy de guardia de bodegas?

-Agarra el plato y comes en la popa, son las reglas del juego.

-Pero debo entrar a servirme.

-Le dices al camarero que lo haga, es parte de su trabajo. Regla número cuatro…

-¿Aún hay más? Volví a interrumpirlo y parece que no le gustó mucho.

-Los relevos de las guardias deben hacerse puntuales, no hay razones para llegar tarde al puente. Las posiciones que ocuparás en las maniobras son fijas, sea en proa o popa.

-Tienes razón, aquí no hay que agarrar guagua para llegar al trabajo.

Manso medía unos seis pies de estatura, pero esa altura era superada por el volumen y tono de su voz. Cada uno de nosotros era bautizado con un apodo, yo no poseía ninguno en esos momentos y las razones eran obvias, acababa de hacer mi entrada. Al pasar los años nunca me enteré cómo rayos me llamaban. Manso era conocido como “La voz más alta de Caibarién”, supuse entonces que su origen radicaba en aquel pueblo marino de la costa norte de Cuba.



No podía quejarme, creo más bien haberme comprendido entre los más afortunados de mi grupo y motivos sobraban. Había sido enrolado en una motonave en tiempos donde parte de nuestra flota estaba integrada por viejos vapores de la Segunda Guerra Mundial. Su línea de viajes era muy disputada entre los marinos, cada dos meses y medio se encontraba de regreso y siempre tocaba el puerto de La Habana. El buque había sido construido en Inglaterra el año 1959 y contaba solamente con nueve años de edad, relativamente joven cuando se comparaba con el resto. No todo era color de rosa tampoco, existían ciertas incomodidades propias de la época a las que nos adaptábamos sin otras opciones. Los camarotes del personal subalterno eran compartidos y los baños de uso colectivo. El agua de consumo era racionada durante las navegaciones y el aire acondicionado no funcionaba. Como medios de entretenimiento poseíamos un juego de dominó, un radio de onda corta y un proyector ruso de 35 mm para proyectar una película semanal. Recuerdo que aquellas películas con imágenes de contenido erótico, siempre se quemaban en la misma parte ante las peticiones de los tripulantes para que la detuvieran. Fuera de esto, dependíamos de las tertulias que se producían en la popa y las historietas narradas por los propios protagonistas, el tiempo restante se empleaba en leer.

Aquella tripulación con la que atravesé por primera vez el Atlántico, se dividía en dos grupos muy bien definidos. Por un lado, aquellos que se aferraban a la vieja escuela y tradiciones de la profesión. Algunos de ellos con rasgos pequeño burgueses que comenzaban a pintar anacrónicos, pero excelentes como marinos y navegantes. El otro grupo se encontraba formado por los “Marinos Embajadores”, así se refirió Castro a nosotros en un discurso, luego, esas “sagradas” palabras fueron utilizadas en esa especie de bautizo fatal. Los primeros, dedicados por entero a su trabajo y amor por la nave que tripularan en su momento. Los segundos, envenenados con las corrientes ideológicas de la época y dedicados a destruir todo lo que perteneciera al pasado, incluyendo a esos hombres que supieron introducirnos en el mundo marino con sus ricas experiencias. Creo haber participado en una de las épocas de oro de la marina cubana donde sobrevivían aquellas costumbres que luego desaparecerían para siempre junto a sus hombres.

EstebanCL
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Re: “”” MANSO, PRINCIPIO Y FIN DE UNA AVENTURA “””

Mensaje por EstebanCL el Mar Ene 20, 2009 1:18 pm

-¡Aboza! Me gritó un día en la proa durante una maniobra de atraque y no supe como hacerlo. Le dio unas vueltas de más al cabo sobre el tambor del molinete y vino hasta mí. –Observa bien, no te lo voy a repetir. Seguí cada movimiento de sus manos sobre aquella gruesa estacha de henequén. ¡Sujeta aquí! Regresó nuevamente al molinete.

-¡Reconoce! Gritó el contramaestre por un lado de su boca y luego mordió más fuerte el mocho de tabaco. Manso fue lascando poco a poco el cabo hasta que todo su peso y presión cayó sobre la boza. ¡Firme! Volvió a gritar el contramaestre seguido de un grueso escupitajo que chocó contra uno de los manguerotes de ventilación del pañol.

-Este tipo tiene escupidas por todas partes del barco. Dije bien bajito al Sapo y Eduardo mientras le daban vueltas en ocho al cabo en una de las bitas.

-Después que tenga tres vueltas puedes aflojar la boza. Me dijo Manso, no le hagas mucho caso a los escupitajos del Bicho. Así le decían al contramaestre. –Hay que adujar todo ese reguero de cabos y tratar de mantenerlo alejado de la persona que se encuentre cobrándolo en el tambor del molinete. Cualquier estrechonazo que dé el cabo puede accidentar al hombre que esté trabajando con él. Cada una de sus palabras era el fruto de toda la experiencia cumulada en su vida de lobo de mar y llenaban ese vacío que siempre dejan las escuelas. Fue un gran maestro que no solo trasmitía esos conocimientos, pertenecía a un grupo de hombres que sufría cada avería, indolencia, indiferencia, arañazo sufrido por el casco en las maniobras de atraque.



Durante la navegación empleaba su tiempo de descanso en leer, consumía todo tipo de literatura. Era muy normal encontrar mezcladas sobre la mesita del camarote obras de la literatura universal con novelitas rosas, cowboys, policíacas, revistas de cualquier género, etc., Manso era una polilla insaciable. Asombrosamente, este hombre era de muy bajo nivel educacional, es muy probable que no haya vencido un sexto grado, sin embargo, la riqueza de su cultura era incomparablemente superior a la del hombre nuevo que conocí en el futuro. Te daba una disertación literaria sobre cualquier obra o autor de una manera sorprendente.

Si existían cosas que me molestara durante ese tiempo que compartimos camarote, se destacaba la cantidad de basuras que compraba en el exterior y apenas dejaba espacio por donde movernos. Un viaje iba con el camarote repleto de gomas de uso para su viejo carro, otras veces un refrigerador del año del descubrimiento de América y por último, sacos de arroz, frijoles, cajas de puré de tomate, condimentos, etc.

El sombrío panorama económico que afectaba a la isla, provocó un cambio dramático en la conducta de esos hombres que años atrás sus vidas fueran dedicadas al libertinaje de cualquier marino. Las **** y el alcohol pasaron a ocupar un segundo plano, mientras mantenía su vigencia el contrabando, muy perseguido y delatado en aquellos tiempos. En la medida que pasaban los viajes y transcurría el tiempo, aumentaba también la presencia de militantes del partido abordo y eso significaba el desenrolo o la expulsión de aquellos hombres. Sin muchas explicaciones encontré al Bicho de pañolero en los muelles Aracelio Iglesias, lo habían separado de la flota por “no confiable”, muchos otros siguieron su camino, Manso logró sobrevivir.



Uno de esos viajes cualesquiera, el partido me informa que yo ocuparía la plaza de pañolero. Yo no militaba en nada y los miembros de la juventud comunista abordo eran muy pocos, ninguno de ellos pertenecía a cubierta. Debo imaginar que esa selección se deba a mi condición de cantera del hombre nuevo y acepté sin condiciones, sin preguntar las razones por las que no se ascendía a Manso, el hombre con más experiencia abordo. La conciencia me persiguió durante ese y muchos viajes más, yo trataba de buscarle una justificación a un acto tan vil y cobarde donde me comporté como un cómplice más de aquella infamia. Ese era el pago que yo le daba al hombre que había sido mi primer maestro y que no escatimó tiempo, ni guardó secretos con tal de ver en mí a un verdadero marino. Me consolaba respondiendo a la voz de mi conciencia que aquello era una tarea del partido, que yo no podía negarme, y en el peor de los casos, si yo no aceptaba aquella tarea se la pasarían a otro y quedaría marcado.

Me mudé al camarote del pañolero, un poco más amplio, pero compartido también con un camarotero llamado Emilio Garro, un borracho de profesión pero muy buena persona.

La reacción de Manso no se hizo esperar, ese viaje ocurrieron demasiadas averías cuando él se encontraba de guardia. Hoy partía uno de los viradores que se utilizaban para abrir las bodegas y me obligaba a trabajar de noche para preparar uno nuevo, él desconocía que yo sabía tejer cables de acero. Otro día partía cualquier driza de banderas en el palo mayor y me obligaba a subirlo para sustituirla. Descarrilaba tapas de bodegas, escondía herramientas, etc. Yo sabía que esas acciones eran intencionales, pero nunca se me ocurrió delatarlo, era sencillamente el pago que yo estaba recibiendo por un acto despreciable. Me lo encontré varios años después, creo que ocupaba la plaza de contramaestre y nos saludamos con mucho afecto, yo cargaba sobre mis hombros las charreteras de oficial. Hablamos mucho sobre aquellos tiempos, aquellos hombres y los actuales. –No puedes imaginar cuánto yo daría por tener abordo uno de aquellos marinos. Le dije y el sonrió, aún conservaba el pedacito de bigote que usaba a lo Hitler, continuaba siendo una muralla de fuerte y se burlaba de los años.



-Mambicuba-Habana, Viñales que te llama.

-Adelante Viñales, aquí Mambicuba.

-¿Puedo hablar con el operador del barco?

-Un momento, Viñales, voy a localizarlo. Permanecí a la espera durante varios minutos, las operaciones de carga habían finalizado y nos disponíamos partir con rumbo a Canadá, Alicante, Marsella e Italia cargados de mariscos. Después permaneceríamos fletados un año en Marruecos transportando cítricos para Europa. –Viñales, aquí Mambicuba.

-¿Quién por esa? Aquí el Viñales.

-El Operador del buque.

-Muy bien, mi hermano, te habla Casañas el primer oficial.

-¿Algún problema?

-Sí, y bastante grave. Hace un mes que estamos pidiendo combustible y hasta el momento no ha llegado nada. Me dijeron que cargara el buque a full y les advertí sobre las condiciones de estabilidad del mismo.

-Efectivamente, primero. No se ha resuelto el combustible y tenemos conocimiento de las existencias abordo. Con el que tienen pueden llegar a Canadá y allí se les suministrará.

-Bueno, mi hermano, pueden ir buscando a otro oficial que de este viaje, ya tengo mis pertenencias en las maletas. Les advertí bien claro que terminaríamos la carga con una estabilidad que no garantiza la navegación hasta el próximo puerto. El buque tiene en estos momentos el mínimo permisible y cuando pasen tres días de navegación su estabilidad será indiferente. Sabes bien que a partir de ese instante la estabilidad se convertirá en negativa.

-¿No puedes llenar los tanques de lastre?

-Esos tanques se encuentran permanentemente lastrados en este buque, ya sabes la arboladura que se manda y sus pobres condiciones de estabilidad.

-¿Tú has verificado esos cálculos?

-Mi hermano, éste es uno de los pocos buques de la flota que posee computadora para esos fines. Te repito, yo no voy a salir en estas condiciones.

-Primero, yo voy a mandar a un capitán inspector a realizar las comprobaciones pertinentes.

-Puedes mandar a todos los capitanes que se encuentren disponibles, pero este que te habla no va a salir de este puerto en esas condiciones, es un suicidio, no sé si me comprendes.

-¡Oká! Dentro de unos minutos va el capitán inspector para tu buque, ¿algo más?

-No, negativo, solo que finalizaron las operaciones de carga y estamos en espera de los trámites pertinentes.

-Muy bien, quedamos libres.

-Libre.

Una hora después me llaman desde el portalón para decirme que un capitán inspector se dirigía a mi camarote.

-Buenas tardes. Dijo el hombre y me extendió su mano derecha. Era un tipo alto e impecablemente uniformado.

-Buenas tardes y adelante, mi nombre es Casañas.

-Yo soy el capitán Manso. Marqué el número de la cocina y le pedí al cocinero que me enviara un servicio de café para dos personas al camarote. Le fui introduciendo a la máquina todos los pesos existentes abordo y él seguía con atención aquella operación que además, constituía una novedad en la flota.

-¿Ves el resultado? 0.25 m de altura metacéntrica positiva. Ahora vamos a restarle el consumo de solo tres días, ya sabes que los viajes a Canadá pueden durar entre siete y ocho días, depende el puerto. Los resultados no se hicieron esperar, aquellos valores se aproximaron peligrosamente a cero y él quedó convencido de los riesgos que implicaban una partida en esas condiciones.

-El barco no puede salir así, tienes toda la razón del mundo, esto es una locura, voy a informarlo inmediatamente. Tomó el walky-talky que tenía en la portilla del camarote y conversó durante unos minutos con el operador del buque. Acordaron suministrar algo de combustible para garantizar la navegación hasta Canadá, donde rellenaríamos para continuar viaje.

-¿Eres pariente de Manso el de Caibarién? El hombre se sorprendió un poco con el cambio de giro de nuestra conversación.

-Soy su hijo. Me respondió y lo ataqué con otras preguntas sobre su padre.

-¿Sabes una cosa? Yo compartí camarote con él en el año 68, él me inició en esta profesión cuando yo era timonel. Entonces se interesó por la vida de su padre, trataba de buscar algo negativo que nunca salió de mi boca.

-¡Qué casualidad!

-¿Cuál? Me di cuenta de la metedura de pata y traté por todos los medios de rectificar con absurdas historietas del pasado. Tenía muchos deseos de decirle que era una casualidad muy grande que su padre me recibiera en la marina y fuera precisamente su hijo quien me despidiera. Ese viaje yo tenía planes de desertar y lo hice cuando toqué el primer puerto.





Esteban Casañas Lostal.

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2009-01-20

EstebanCL
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Re: “”” MANSO, PRINCIPIO Y FIN DE UNA AVENTURA “””

Mensaje por francisco germes cuesta el Mar Ene 20, 2009 2:24 pm

Magnifico articulo y ameno relato.
Como siempre:
Mis Respetos, Hermano.
Saludos

Paco

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Re: “”” MANSO, PRINCIPIO Y FIN DE UNA AVENTURA “””

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