Secretos de Cuba
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"""CABALLERO CUBIERTO"""

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"""CABALLERO CUBIERTO"""

Mensaje por EstebanCL el Dom Ene 18, 2009 5:01 pm

CABALLERO CUBIERTO

Archivado en: General — Esteban Casañas Lostal @ 22:48 Editar



Las guardias con Leiva transcurrían en medio de pequeñas discusiones y casi siempre por la misma razón. Él era amante de la música lírica y se inspiraba con frecuencia casi diaria. No puedo negar que poseía buena voz de tenor que me resultaba molesta, mis gustos de entonces se inclinaban por la música de aquellos tiempos, unos Beatles prohibidos y todo lo que se comenzaba a importar desde España. A Leiva le importaba muy poco todos aquellos argumentos que yo utilizaba para abstraerlo y sacarlo del paso, cuando menos lo esperaba, retumbaba el pequeño puente de la motonave Habana con aquella voz estridente que estremecía todo. Nuestras guardias eran de tres horas por seis de descanso, el buque no poseía piloto automático y debías permanecer soldado al timón durante ese corto tiempo que resultaba muy agotador. De noche, se sufría el castigo de tener la vista clavada permanentemente al repetidor del girocompás y terminabas con los trescientos sesenta grados tatuados en los ojos. La guardia de los oficiales se mantenía como era habitual en toda la flota, ellos hacían cuatro horas de guardia por ocho de descanso, razón por la cual rotábamos cada cierto tiempo entre ellos. Leiva se encontraba enrolado de agregado de cubierta, pero iría cubriendo la guardia del tercer oficial, no recuerdo exactamente si esa responsabilidad se la signaron a partir del segundo viaje abordoCosme era peor en ese aspecto, su voz era de barítono y mucho más potente que la de Leiva. Otro amante de la música lírica al que debíamos soportar infinitos conciertos que comenzaban generalmente a las cuatro de la mañana, un poco antes de disponerese a observar las estrellas, astros a los que supe amar desde temprano y consideraba mis salvadoras de aquellas terribles sesiones de tortura. Ambos eran de Santiago de Cuba y siempre traté de encontrar una relación entre sus orígenes, la carrera de piloto y las congas santiagueras que dieran como resultado a esos oficiales tan chillones. No recuerdo haberlos escuchado en un dueto, creo más bien que trataban de imponerse individualmente en una especie de desafío en las que nos sometían a esos sacrificios. Ninguno de los dos era mala gente, creo que pertenecen a esa época de oro de la marina mercante cubana, donde las distancias entre los hombres eran estrechas, aún cuando las diferencias y rangos eran más respetadas. Leiva abandonó los viajes largos por culpa de Cupido, creo que era primerizo y no soportó los dos meses y medio de duración de nuestros viajes separado de aquella princesa con más poderes que Neptuno. Cosme fue sancionado un tiempo después y separado de la flota por aquellas causas que en cualquier país civilizado pueden resultar insignificantes. La última vez que lo vi, se encontraba manejando un auto antiguo como taxista.



Embriagado en sus actuaciones imaginarias y vagando por los escenarios de teatros creados por su mente cuando se encontraba inspirado, era muy frecuente que a Leiva se le pasara la hora de la meridiana del sol cuando ocurría antes de las doce del día. Otras de las broncas más comunes escuchadas en el puente, se debían al olvido por tomar marcaciones a un faro cualquiera cuando se encontraba en las cuatro cuartas, ocho cuartas y doce cuartas. Como un simple y novato timonel, me resultaba casi imposible comprender la gravedad de aquellos hechos en momentos donde la pericia de los hombres de mar era un factor determinante en el éxito de cualquier aventura marítima. La ausencia de las técnicas actuales, obligaban a la oficialidad de aquellos tiempos a emplear a fondo todos los conocimientos adquiridos en la academia naval y cuanto objeto facilitara la determinación de la posición del buque. Leiva violaba con frecuencia esas reglas impuestas por la necesidad, luego de convertirme en piloto, pude comprender la gravedad de sus negligencias. No puedo negar que sufría como nadie aquellos ataques recibidos por el capitán del buque y muy pronto me solidaricé con él hasta convertirme en su paño de lágrimas.



Su amor por el arte e inclinación por el canto le produjo muchos contratiempos, no solo el olvido de las meridianas o las marcaciones a cualquier faro fueron el límite de las condenas recibidas entonces. Se le culpó por el mal estado en que se encontraban los botes salvavidas y eso era responsabilidad del tercer oficial, plaza ocupada por Ricardo Puig Alcalde en aquellos tiempos, pero como dice el refrán, la cadena siempre se rompe por el eslabón más débil. Puig era el secretario de la juventud comunista y ya desde aquellos tiempos comenzaron a considerarlos intocables sordamente. Era muy buena persona también, pero después de convertirme en oficial fue que pude comprender la injusticia que se le aplicó a Leiva. Estando atracados en Nicaro me pidió ayuda para actualizar el estado de aquellos botes en horarios comprendidos fuera de mi jornada laboral y acepté sin condiciones. Fue desde ese momento que nació aquella amistad, provocada quizás por la solidaridad que sentía por la persona encontrada en desgracia, fueron varias las tardes que trabajamos juntos dentro de aquellos botes.



-Mira que ajustadores más cómicos le compré a mi novia. Me dijo una de aquellas tardes en su camarote, los tomé y comprobé que eran de muy buena calidad, me encantaron. No le pregunté por el precio, pero imaginé que habían costado varios días de trabajo. En aquellos tiempos nos pagaban cinco dólares semanales y nosotros teníamos que asumir las compras de esos artículos que habían desaparecido del mercado cubano

-Tú no vas a permitir que ella se ponga esto. Le dije con malicia, yo conocía perfectamente su ingenuidad.

-¿Están lindos o no?

-Están preciosos, son encantadores, pero ponte a pensar, son de media copa.

-¿Y eso qué tiene que ver?

-¡Coño! Si tú no le permites que use minifaldas, ¿cómo carajo le vas a dejar enseñar las tetas?

-Eso no puede ser, ¿tú crees que enseñe algo?

-¡Claro que sí, pedazo de anormal! No te das cuenta que se le salen todos los mondongos, ese ajustadorcito solo cubre la mitad del pezón.

-¡Pal carajo! Toma, te lo vendo. Fue una reacción violenta que yo esperaba.

-¿Cuánto te costaron?

-Dos dólares, son bastante caros.

-Pero la plata no la tengo ahora. Le respondí mientras le devolvía el ajustador.

-No importa, me lo pagas el viaje que viene, pa’eso somos socios.



El viaje siguiente fuimos como casi siempre a cargar níquel en Nicaro, luego regresábamos a La Habana a rellenar con tabaco y otras cargas para Europa. Estando un día trabajando en el bote salvavidas con él, me manifiesta que al regreso de ese viaje sería la boda.

-Tengo que confesarte algo muy importante, fíjate que lo hago contigo nada más por ser mi socio. Detuve todo lo que estaba haciendo y le presté más atención.

-Pues suéltala, mi hermano, pa’luego es tarde.

-¿Tú crees que sea molesto llegar al matrimonio siendo caballero cubierto? Al principio me dejó sin respuesta porque yo también lo era, eso sí, sabía de las molestias que se sufrían cuando se hacía el sexo con una mujer estrecha o que lubricara poco.

-Mortal, amigo mío, ni se te ocurra. Fue lo que se me ocurrió decir.

-¿Por qué? Se detuvo y era todo oídos.

-Porque a lo mejor te produce mucho dolor y no la puedes romper, o ella te rompe a ti y formas tremenda embarrazón, nada, tremendo papelazo.

-¡No jodas! Fíjate en la fecha, ¿cómo puedo resolver el problema? Cuando me hizo aquella pregunta me acordé que Puig tenía una jevita que trabajaba en el hospitalito de Nicaro.

-Operándote, mi hermano.

-Sabes bien que no puedo ahora, tengo que dar este viaje para completar algunas cositas que me faltan.

-Pero no seas burro, no tienes que dejar de navegar. En esa operación solo te dan unos punticos y a las dos horas estás en el barco.

-Pero no me gusta la idea de apelar a la jevita de Puig, eso sería material para que me agarren pal relajo.

-No te preocupes, los otros días estuve bebiendo con el director del hospital en el cabaret y le voy a hacer el disparo.

-¡Pero, coño!, que sea con bastante discreción.

-No tienes lío, voy a cuadrar la caja y te aviso enseguida, pero no debes dejar de hacerlo.



Cuando terminé de trabajar fui por Puig y lo puse al tanto de la situación, esa tarde fuimos a ver su jevita que se encontraba de guardia y a los pocos minutos entrábamos en la oficina del director. Era un médico joven y jodedor como nosotros.

-Pero fíjese doctor, el hombre quiere toda la discreción del mundo, hace falta que no observe nada anormal mientras se encuentra en preparación.

-No hay lío muchachos, me gustan esas vaciladeras también.

Al siguiente día acompañamos a Leiva hasta el hospitalito, lo pasaron a un cuartico donde le hicieron desnudarse y le dieron una bata verde para que cubriera su cuerpo, nos despedimos de él.

Cuando llegó al barco no paró un solo instante de mentarnos la madre, unos días después y cuando se encontraba calmado, nos contó que todo iba muy bien mientras lo pasaron al salón de operaciones, solo se encontraba el personal acostumbrado, pero unos minutos antes de iniciar la operación y cuando le habían inyectado anestesia en el pito, se abrió la puerta y pasaron alrededor de 15 muchachitas estudiantes de enfermería. Quiso levantarse y abandonar el salón, pero el médico le dio una arenga revolucionaria sobre su deber de aportar a la ciencia. Las chicas comenzaron a reírse y el pito se le puso del tamaño de un ají de cocina. No le quedó más remedio que soportar la vergüenza como buen militante de la juventud.

Un tiempo después yo decidí superar ese problema del pellejito cubriendo la cabeza, lo hice por cuenta propia, no estaba dispuesto a visitar un salón de operaciones. Aprovechaba las guardias de Manso, quien compartía camarote conmigo y me echaba el pellejito para atrás. Veía como la cabeza comenzaba a inflamarse y cambiaba de color, era como si lo estuvieran ahorcando. Soportaba la molestia durante varios minutos y luego lo regresaba a la posición de origen. Esa operación la fui repitiendo durante varios días de navegación mientras le extendía el tiempo, la piel se fue dilatando hasta llegar a acostumbrarse a su nueva medida. Cuando dejó de ahorcar la cabeza decidí dejarla fuera y la sensación experimentada por el roce de la tela era algo molesta, pero al pasar el tiempo la cabeza se acostumbró a marchar sin casco, había dejado de ser señorito.



Leiva se casó y pudo hacer el amor como Dios manda, imagino que lo haría por primera vez en su vida, luego abandonó la marina. Ese aparatico de las mujeres jala más que un tractor, años después lo encontré en Santiago, andaba trabajando en unos barquitos muy pequeños de cabotaje y seguía tan enamorado como antes, no le pregunté si aún cantaba. El buque Habana fue hundido en Angola y con él naufragó el recuerdo de mucha gente valiosa hasta las profundidades del Atlántico, el mismo que tantas veces desafiamos en aquel cascarón. Los avances de la técnica llegaron a nuestra flota, la gente se acomodó al paso de los satélites y muchos oficiales dejaron de dominar al sol, las ocho cuartas fueron páginas de la historia y la meridiana razones suficientes para acomodarse bajo techo y disfrutar los placeres del aire acondicionado. Los camarotes eran individuales, era más fácil masturbarse.







Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá

2003-03-01

EstebanCL
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Re: """CABALLERO CUBIERTO"""

Mensaje por francisco germes cuesta el Dom Ene 18, 2009 9:03 pm

Magnifico relato.
Empujaste a Leiva de base material!!

Saludos y Respetos

Paco

francisco germes cuesta
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