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Respecto a la normalización de relaciones o el intercambio de presos realizado el miércoles como parte del acuerdo entre Cuba y EEUU

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ALGUNAS PRUEBAS DE LA CONEXION CUBANA CON LOS CARTELES DE LA DROGA LATINOAMERICANOS

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ALGUNAS PRUEBAS DE LA CONEXION CUBANA CON LOS CARTELES DE LA DROGA LATINOAMERICANOS

Mensaje por Invitado el Dom Nov 23, 2008 10:24 pm





CAPITULO 23
EL CARTEL DE LA HABANA


Castro siempre ha sostenido contactos y realizado transacciones con el "bajo mundo". El área de la Sierra Maestra, donde se desarrolló la lucha guerrillera contra el dictador Batista, era la principal zona productora de mariguana de Cuba. Castro no sólo permitió que en los territorios bajo su control se continuase cosechando la droga, sino que la utilizó para recoger fondos que le permitiesen adquirir armamentos. Fue a través del bandolero Crecencio Pérez, por años refugiado en esas serranías y ascendido a comandante guerrillero por el propio Castro, que tuvo lugar esta fructífera transacción comercial.

En julio de 1957, varios líderes de la oposición política opuestos también a los métodos de Castro, visitaron a los rebeldes en la Sierra Maestra. Luego de ese encuentro, Raúl Chibás, figura central de este Frente Cívico Revolucionario, ofreció una conferencia de prensa en el Hotel Sands de Miami Beach con portavoces de grupos anti-batistianos. Ante los líderes políticos y representantes de la prensa, Chibás expresó con desilusión1 "la gente de Fidel ha organizado siembras de mariguana en distintos puntos inaccesibles, y Fidel lo permite porque dice que la mariguana excita la combatividad de las gentes. Desde la Sierra se transporta la mariguana para los pueblos cercanos y se vende, y de este modo recaudan dinero".

Durante los años cincuenta, algunas de las familias más poderosas de la mafia de los Estados Unidos habían decidido trasladar sus centros operacionales y estados mayores a La Habana para burlar la vigilancia del FBI. Así, personajes como Lucky Luciano, Anastasia, Santos Trafficante, Meyer Lansky, las familias Gambino y Colombo operaban desde los lujosos hoteles y casinos de esta isla tropical.

En noviembre de 1957 tuvo lugar una convención de las veintisiete “familias” de la Mafia en los montes Apalache, al norte del estado de Nueva York, convocada por Vito Genovese, capo di tutti capi de Nueva York. A la convención de Apalache asistieron entre otros Carmine (Lilo) Galante, Joseph Dipalermo, Salvatore Santora, Santos Trafficante, "Big John" Ormento, Natale-Evola, Joseph Bonnano, las familias Luchese, Gambino, Colombo, Rusotti, Buffalino, LaRocca, Licavoli, Balistrieri, Aiuppa, etcétera.

El propósito de la conferencia era organizar el negocio más fantástico de casinos concebido hasta el momento; el lugar escogido era una franja de 120 kilómetros que corría de La Habana a Varadero, en la costa norte de Cuba, donde se erigiría una verdadera cordillera de hoteles y cientos de casinos. En La Habana se hallaba Lucky Luciano que sería el organizador de todo este andamiaje; y el negocio envolvería también el tráfico de heroína europea a Estados Unidos, vía Cuba. El plan no se pudo efectuar debido al derrocamiento de Batista, y la Mafia desarrolló entonces a Las Vegas y Atlantic City como alternativas a La Habana.


Cuando se inicia la revolución cubana, casi todas las operaciones de la mafia norteamericana cesaron, al interrumpirse sus vínculos con el antiguo régimen. Ello no fue óbice para en el transcurso del año 1959, el propio Castro se entrevistase con la mayoría de los grandes mafiosos que abandonaban la Isla, o que regresaban a ella para cancelar sus negocios. De tales conversaciones quedaron lazos y compromisos que luego fueron utilizados ventajosamente por Castro para realizar operaciones comerciales ilícitas a través de México, Suiza y Canadá, que también conseguían burlar el embargo norteamericano.

¿Cuál era el tipo de relaciones que Castro mantenía con cuatro poderosos grupos de la mafia norteamericana desde aquella época? Arthur M. Schlesinger, asesor personal del presidente Kennedy, explica en su libro Robert Kennedy and his Time, cómo tales conexiones permitieron que Castro sobreviviera fácilmente a los elaborados planes que la CIA acarició durante largo tiempo para asesinarle. Sus nexos con la familia de Santos Trafficante, entre otros, le mantenían informado sobre los planes de Washington.

En un informe de la época, emitido por el Buró Federal de Narcóticos de Estados Unidos, se especulaba ya sobre los tempranos orígenes de la coalición de Castro con el tráfico de narcóticos en los Estados Unidos a través de esas cuatro familias. Schlesinger comenta en su libro que, en julio de 1961, el Buró conocía que Santos Trafficante, uno de los jefes del crimen organizado con lazos en La Habana, representaba los intereses de Castro en el narcotráfico hacia Estados Unidos. Mediante esas lazadas ilegales, Cuba realizó durante la década de los sesenta una serie de transacciones comerciales, muchas veces en alta mar, a través de las que se adquirían semillas de arroz, pastos, semen congelado, ejemplares vacunos y otros productos agrícolas de alto rendimien­to.


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Re: ALGUNAS PRUEBAS DE LA CONEXION CUBANA CON LOS CARTELES DE LA DROGA LATINOAMERICANOS

Mensaje por Invitado el Dom Nov 23, 2008 10:29 pm





,EPIDEMIA ROSADA


Pero éstos no serían los únicos vínculos que Cuba explotaría. En el verano de 1960, Raúl Castro, ministro de defensa cubano, visitó Checoslovaquia donde sostuvo largas entrevistas con su contraparte, el general Jan Sejna. El resultado fue un acuerdo de asistencia mutua entre ambos ministerios para la experimentación de la producción de drogas. Este acercamiento checo-cubano sucede al tiempo que la URSS comienza a desarrollar una comunidad de inteligencia con el concurso de todos los aparatos de espionaje del bloque soviético, en que ha de figurar destacadamente el "Departamento Z" de la inteligencia checoslovaca.

En 1961, la Unión Soviética solicitó los servicios de especialistas checos para iniciar a Cuba en este campo, con instrucciones de prestar atención especial al estudio del tráfico de drogas desde América Latina hacia los Estados Unidos2. El GRU y la KGB soviética, asistidos por el Departamento Z de Checoslovaquia, y la Segunda Administración de espionaje, ayudaron a conformar los trabajos ilegales de Cuba, incluyendo el narcotráfico. Según el general Sejna, esta operación recibió el nombre de “epidemia rosada”.


De inmediato, los checoslovacos comenzaron un programa de tecnología especial en su centro de investigación secreta de Milovice para desarrollar las técnicas de producción necesarias. Los resultados fueron luego facilitados a los servicios cubanos que hasta el momento sólo conocían las crudas técnicas usadas en América del Sur. A pedidos del entonces premier moscovita Jruschov, y con la intención de acelerar los ya coordinados planes de inteligencia, el general soviético Nikolai Savinkin visitó a todos los países del bloque comunista, entre ellos a Cuba, para precisar detalles sobre el delicado componente del narcotráfico y disponer su despegue.

Una noche de noviembre de 1960, fue ultimado a balazos en un pequeño hotel de Ciudad Méjico el nicaragüense Jail Zarruck, en lo que las autoridades al principio calificaron de crimen pasional. Zarruck recién había regresado de un viaje a La Habana. Con posterioridad se comprobó que el asesino había sido Francisco Otero Lastra, conocido como "Paco el cubano" en el vasto mercado negro latinoamericano, cuya relación con Castro en la compra y venta de armas era sabida.



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Re: ALGUNAS PRUEBAS DE LA CONEXION CUBANA CON LOS CARTELES DE LA DROGA LATINOAMERICANOS

Mensaje por Invitado el Dom Nov 23, 2008 10:35 pm

Esa misma semana, agentes de la policía mexicana allanaron una casa ubicada en la calle Berlín, donde encontraron paquetes de drogas junto a varios cargamentos de ametralladoras, rifles M-1 y otros efectos militares provenientes de Cuba. Fueron detenidos Trecy y Debrowsky, a quienes se le atribuyó el envío de armas a la América Central para un movimiento castrista donde debía figurar el asesinado Zarruck.

El caso no halló una explicación más coherente hasta 1964. El 4 de junio de ese año, Otero Lastra fue asesinado en la prisión de Lecumberri, en Méjico. Su viuda declaró a periodistas que su marido había comprado armas para Castro con el dinero de la venta de narcóticos, y que ello era del conocimiento de La Habana. La policía mexicana consiguió pruebas de las actividades de Zarruck y de Otero en el negocio de narcóticos y de armas que vinculaban a funcionarios cubanos en Méjico y en otras capitales del continente en dicho tráfico.

Según el diario Wall Street Journal, en 1961 tuvo lugar una entrevista entre el entonces capitán Moisés Crespo, Che Guevara y un grupo de guerrilleros latinoamericanos en la que se discutió la introducción de drogas en Estados Unidos con vistas a levantar fondos para la guerrilla. Moisés Crespo había sido del círculo íntimo del ex presidente cubano Carlos Prío, razón por la que conspira contra Batista y se asila en los Estados Unidos en 1956, donde espera el triunfo de la Revolución. Su amistad con el comandante castrista Efigenio Ameijeiras hace que lo licencien junto con éste, en 1967, a raíz de un escándalo de consumo de drogas y mariguana. Crespo salió de Cuba, vía Mariel, en 1980, y no tardó en vincularse al narcotráfico; murió en Miami en 1986.

En marzo de 1961, la policía colombiana descubrió un vasto complot preparado por La Habana que había logrado establecer un pequeño frente guerrillero en Colombia. Los documentos probaban que dos funcionarios cubanos participaban directamente en la subversión y que otro cubano llamado Máximo Grever entrenaba a la guerrilla en Sumapaz. Lo que más llamó la atención fue la revelación de cómo el tráfico de armas se hacía por el golfo de Uraba y los aeródromos de Antioquía y de Valle aprovechando aeropuertos semi-abandonados y lugares solitarios de las costas. Al servicio de la embajada cubana había tres aparatos Piper tripulados por el aviador Alfonso de la Rosa, contrabandista de armas en el narcocircuito Panamá-Ecuador-Colombia, radicado en Barranquilla.

En su edición del 12 de agosto de 1961, el diario limeño La Prensa publicaba una entrevista espectacular concedida por los parlamentarios Mario Gutiérrez y Gonzalo Romero de Bolivia3. "Bolivia es actualmente una gigantesca fábrica de cocaína que está sirviendo para financiar el tráfico de armamentos y la preparación de futuros "fidelazos" en la propia Bolivia y en Perú, Chile y Argentina".

El senador Gutiérrez aclaró también que un avión derribado días antes en Bolivia no era un avión pirata. Explicó que antes de su captura se había realizado con el mismo otros quince vuelos sobre territorio boliviano transportando cocaína al exterior y trayendo armas y municiones a las poblaciones de Santa Cruz y Cochabamba. Agregó que en cada vuelo llegaban diez toneladas de armas automáticas y proyectiles provenientes de Cuba, para ser entregadas a los agentes y subversivos de Perú, Chile y Argentina que clandestinamente las internaban en sus respectivos países. Por último señaló que las armas se pagaban con los fondos de la venta de incalculables cantidades de cocaína traficada desde Bolivia.

Los congresistas bolivianos apuntaron que este tráfico ya había sido mencionado por el ministro de Hacienda de Bolivia, dato que en el exterior no se le había concedido importancia. A raíz de tales denuncias, fueron detenidos y enjuiciados por tráfico de cocaína y espionaje con Cuba el propio jefe de la policía del gobierno de Bolivia, coronel Gaytán Contador. Una semana después de los hechos en Bolivia, el vicegobernador de la provincia Argentina de Salta, José Guzmán, denunciaba un infame comercio en ambas fronteras, mencionando el papel de Cuba con el ya inculpado coronel boliviano. Se mencionaba además la relación de Cuba con José Requena, administrador de la empresa Yacimientos Petrolíferos Bolivianos y con un grupo de funcionarios argentinos de la provincia de Salta, entre ellos el doctor Bernardino Bella.

El 12 de septiembre, el diario argentino La Razón sacaba a la luz el contrabando de ametralladoras y cocaína introducido por el río Bermejo, a la altura del departamento de Orán, así como de otros contrabandos por Aguas Blancas, acarreados por elementos apoyados por Cuba. Es cuando el gobierno argentino decidió la ocupación militar de la provincia de Salta. El escándalo provocó una crisis gubernamental en Bolivia que trajo la renuncia del vicepresidente Juan Lechín. Una vez exonerado por una comisión investigadora del congreso de Bolivia, Lechín acusó a los exilados Mario Gutiérrez y Walter Guevara de estos sucesos; este último era el nexo principal con Cuba. Tanto Argentina como Bolivia expresaron sus protestas diplomáticas a La Habana, pero el hecho no cobraría proporciones internacionales ya que la diplomacia cubana se movió febrilmente para sepultar el descubrimiento.

En un audaz golpe de mano, el Frente Revolucionario Democrático (FRD), organización de exilados cubanos dirigida por el ex-premier cubano Antonio de Varona, hacía pública el 25 de septiembre de 1961 una información basada en documentos secretos obtenidos de la embajada cubana en Montevideo. En ellos se revelaba un plan de Castro y del Che Guevara para infiltrar la Argentina a todos los niveles, con el fin de preparar condiciones para el derrocamiento del gobierno y hacer ascender a los peronistas y a la izquierda al poder.



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Re: ALGUNAS PRUEBAS DE LA CONEXION CUBANA CON LOS CARTELES DE LA DROGA LATINOAMERICANOS

Mensaje por Invitado el Dom Nov 23, 2008 10:51 pm








El Che Guevara dirigía el establecimiento de centros de entrenamiento guerrillero en Argentina, controlando así los brotes subversivos entre Bolivia y Paraguay en los bordes fronterizos con Argentina. Los documentos revelaron que los agentes de la inteligencia cubana que trabajaban para el Che Guevara habían logrado integrar a este andamiaje a los principales traficantes de cocaína del área con el fin de establecer un corredor que facilitase el traspaso de armas y de hombres y la búsqueda de fondos para las operaciones4. El escándalo provocado por la publicación de los documentos trajo como consecuencia la expulsión de Cuba de la OEA en enero de 1962.

En abril de ese mismo año, agentes del Servicio Federal de Narcóticos de los Estados Unidos, al mando de Eugene J. Marshall, detuvieron al conductor de un pequeño camión estacionado en una barriada del suroeste de Miami. En su casa se hallaba su esposa; allí se hallaron pruebas que establecieron la conexión de la pareja con los servicios secretos de Castro. En un compartimiento de doble fondo se halló, además, una cantidad enorme de cocaína pura.

La operación concluyó con el arresto de cuatro cubanos: José Barral, Mario Delgado, José León y Gabriela Giralt; un quinto cómplice era el norteamericano Rudolph Martínez. En sus declaraciones los detenidos admitieron su conexión con los servicios cubanos, señalando como enlace a Juventino Guerra, otro cubano al servicio de Castro desde Nueva York, detenido recientemente en esa ciudad por tráfico de cocaína pura. Los cinco confesaron su participación en el narcotráfico entre Estados Unidos y La Habana.

En el curso de una conferencia de prensa en Washington, el Comisionado de Narcóticos de Estados Unidos, Charles Siragusa, aseguró que la cocaína procedía de Cuba. El 8 de mayo de 1962, Henry L. Giurdano, miembro de esa institución, informaba ante la Comisión de Drogas y Narcóticos de la ONU en Ginebra que5 "existían pruebas incontrovertibles para dudar sobre el informe del gobierno de Cuba sobre que el tráfico ilícito de drogas había sido erradicado de Cuba". En testimonio ante el Senado norteamericano, Thomas Cash, agente especial para la zona de Miami de la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) señalaba que desde 1963 su agencia recibía información que implicaba al gobierno cubano en el tráfico de drogas.

En junio de 1967, prestó declaración ante una comisión especial de la OEA el venezolano Marcano, quien daría pormenores de la subversión castrista en Venezuela. Marcano, entrenado por los servicios cubanos de inteligencia y contra inteligencia, participó en numerosos actos de sabotaje y terrorismo contra su país6. De acuerdo con Marcano, siguiendo instrucciones de los cubanos, en 1965 se supo en contacto en Colombia con el contrabandista Luis Pérez Lupe, que tenía en sus manos casi todo el comercio ilícito de mercancías, armas y drogas en la costa atlántica. Pérez Lupe aceptó trabajar para La Habana y propuso hacer un puente desde Aruba a las costas venezolanas, con el lanchero de bandera venezolana Nelson Sosa, quien debía trasladar una carga de hombres y armas.


Después, Marcano entró en Venezuela por Maicao, a través del famoso "camino verde" usado por la inteligencia cubana, y que era transitado, entre otros, por traficantes de drogas. Marcano destacó que los cubanos estaban involucrados en el mercado negro que recorre por el Amazonas hasta Manaos. Asimismo, los agentes de Castro organizaron el concurrido corredor de Aruba; otro importante conducto clandestino creado por los cubanos fue el de la costa atlántica colombiana, en el que utilizaban barcos franceses que trabajaban en los bananares de Santa Marta, los cuales podían trasladar hasta diez personas y hacer un viaje sin escala a Hamburgo.

A fines de 1963, un asistente de Raúl Castro viajaba a Checoslovaquia con el fin de obtener equipos especiales para la producción de narcóticos en Colombia y la manufactura de drogas sintéticas como parte de un programa experimental. Según el general Sejna, el propio Raúl Castro recogió los equipos en abril de 1964 tras una visita a Moscú. Posteriormente, el jefe de logística médica del ejército checo, general Miroslav Hemalla, voló a Cuba acompañado de dos subordinados y dos técnicos para analizar con Castro la posibilidad de producir la droga localmente en la República Dominicana7. En La Habana se firmó un acuerdo de cooperación médica para el entrenamiento de cubanos en el uso de los equipos especiales.

En octubre de 1964, los servicios de inteligencia del bloque soviético -incluidos los cubanos- firmaron un pacto estableciendo un sistema de inteligencia integrado. James Angleton, decano de los jefes de la inteligencia norteamericana declaró en una famosa entrevista que8 "la CIA y sus servicios hermanos en [Gran] Bretaña, Francia y Alemania Occidental habían encontrado suficientes evidencias de coordinación entre la inteligencia soviética, búlgara, de Alemania oriental, Libia, cubana, húngara, rumana y polaca, durante largos períodos, para convencer a los más escépticos".

Los soviéticos orientaron a los checos a introducirse en Méjico y aprender los detalles operativos de ese país, debido a que las más efectivas operaciones de narcóticos ejecutadas por Cuba se realizaban allí aprovechando la corrupción prevaleciente en los medios oficiales. El nombre secreto para esta operación encubierta fue el de “Rin”, y el agente responsable en Méjico fue el mayor Jidrich Strnad, que actuaba bajo las órdenes del Coronel Borsky. Cuba y Checoslovaquia desarrollaron operaciones conjuntas, como la de Chile, donde el agente checo Danislav Lhotsky estableció una red experimental de producción y distribución de droga en concierto con los cubanos. En 1967 Lhotsky recibió la condecoración Estrella Roja del gobierno de su país.

En la primavera de 1967, el general soviético Savinkin convocó una reunión de varios días en Moscú con la alta dirigencia de los países miembros del Pacto de Varsovia, incluida a Cuba. Entre los tópicos discutidos figuró el uso de los narcóticos como arma de erosión contra el Occidente. A la reunión asistieron por Checoslovaquia los generales Sejna, Bohimir Lomsky y el ministro del interior, Josef Kudrna; la delegación cubana estuvo encabezada por el Ministro de Defensa Raúl Castro.

Meses después, Raúl Castro se dirigió a Praga donde sostuvo intensas reuniones con los altos jefes militares y de inteligencia checos, entre ellos el general Sejna. Allí se abordaron pormenores de la previa reunión en Moscú concernientes a la futura expansión de la actividad narcotraficante y la coordinación de los trabajos de investigación de drogas entre Cuba y Checoslovaquia.


Es conocido que las misiones diplomáticas de Corea del Norte en Europa sufragaban sus gastos con el tráfico de drogas y el mercado negro9. Asimismo, el polvo para producir el metaqualon, el psicotrópico más ampliamente consumido en el mundo, provendría fundamentalmente de Hungría, Alemania del Este y de China comunista.

La política de burlar el embargo norteamericano condujo a Cuba a una cultura de corso, legitimada por el gobierno; y, de lo necesario se pasó a la generalización de estas prácticas. En la década de los sesenta, Castro planteaba reiteradamente el derecho de reproducir y de cualquier manera hacerse de productos occidentales, siempre y cuando se entendiera que dichas mercancías fuesen necesarias. Los derechos reclamados por Cuba habrían de ejecutarse por medios ilegales y en violación a acuerdos internacionales. Así, la empresa de los servicios secretos cubanos CUBALSE efectuaba las transacci­ones ilegales del régimen, incluyendo estas las relaciones con organiza­ciones mafiosas y cierto tráfico de narcóticos.

En la década de los setenta el énfasis comienza a desviarse a la actividad de transferencia tecnológica hacia la URSS y el país, y es precisam­ente cuando comienzan a organizarse empresas y departame­ntos especializados, a veces dirigidos directamente por Castro y otras en manos de sus servicios de inteligencia.

El esfuerzo masivo del bloque soviético en el tráfico de drogas alcanzó su cenit en la década de los setenta, donde Turquía devino en el centro de una extensa red de narcotraficantes, mercado negro de armas y terrorismo operado desde Bulgaria. Se utilizaron también los territorios de Sicilia, Trento y Trieste en el norte de Italia, y estuvieron involucradas las Brigadas Rojas. Esta sería una operación muy similar a la descubierta en el Caribe a través de Cuba, Nicaragua y Panamá.

Khun-Sa sería el monarca del famoso “triángulo de oro” que llegaría a producir 60 toneladas de heroína anualmente. El Triángulo se halla en los meandros de los ríos Mae-Sai y del Mekong, y bordea a Laos, Tailandia y Burma, en una tierra de nadie. Khun-Sa contaría con el apoyo del partido comunista de Burma, del marxista Pathet Lao10.

La heroína que sale del triángulo de oro encontraría un puente en un país del bloque soviético, Bulgaria, donde la firma comercial XINTEX, una filial de los servicios secretos búlgaros, el "Dajnavna Sigurnost" se ocuparía de comerciarla. El 70% de la droga que entraría en Europa se canalizará por los búlgaros; y uno de los narcotraficantes más célebres del viejo continente, el turco Bekir Celenk figuraría como el cliente más escogido del jefe de la inteligencia búlgara, Dimitre Savov11.

Dentro del bloque soviético los búlgaros encabezarían las vastas transacciones multilaterales de droga por armas, para beneficiar al Ejército Rojo del Japón, a la OLP Palestina, a la IRA de irlanda, el movimiento vasco de la ETA. En especial, la OLP dependería tanto en sus finanzas de las transacciones en drogas por armas, mediante los búlgaros sobre todo después de que la crisis del petróleo en 1973 redujo drásticamente sus ingresos provenientes de los países árabes amigos. La OLP cultivaba la droga en el valle del Bekaa, en Sraune y Sahle, que luego la remitían a Bulgaria.



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Re: ALGUNAS PRUEBAS DE LA CONEXION CUBANA CON LOS CARTELES DE LA DROGA LATINOAMERICANOS

Mensaje por Invitado el Dom Nov 23, 2008 10:57 pm



EL CARTEL DE MEDELLIN


En el curso de esa década se dieron cita dos coyunturas importantes; la primera tendría que ver con el consumo de narcóticos, que vería una gran expansión en Estados Unidos primero con la mariguana y luego con la cocaína. La otra coyuntura tenía que ver con el narcotráfico en sí. el Cartel de Medellín necesitaba de un punto intermedio cercano para operar hacia aguas norteamericanas. El Cartel de Medellín llegará a introducir unas 45 toneladas de cocaína en Estados Unidos, representando 25 billones de dólares, y alrededor de 10 toneladas en Europa.

En una intervención ante el Senado en abril de 1983, James H. Michel, Subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos expresó que existían pruebas de que en 1979, el buró político del Partido Comunista de Cuba había aprobado un plan para intervenir en el narcotráfico utilizando a Cuba como puente y base de apoyo para las redes de traficantes de Estados Unidos12. El suministro se organizó desde las fuentes de abastecimiento en América del Sur y el gobierno de La Habana necesitaba recursos en moneda convertible que estaría dispuesto a obtener de cualquier manera. La vinculación cubana con el narcotráfico era inevitable desde un principio, y además tenía que producirse de manera casi natural: primero, porque en las áreas de producción de Suramérica, los guerrilleros sostenidos por Cuba ocupaban el mismo espacio ilegal que los narcotraficantes.

La guerrilla necesitaba armas y dinero, mientras que el narcotráfico, siempre abundante en dinero, necesitaba protección armada y sobre todo acceso a las redes de organización clandestina de la guerrilla y su experiencia conspirativa. Además, una parte importante de todo el tráfico de drogas cayó en manos de exilados cubanos, sobre los cuales La Habana tenía abundante información para el chantaje. La parte del exilio que se vinculó al narcotráfico con Cuba también se sentía razonablemente segura de que no sería traicionada13.

En la medida que la crisis financiera y económica se hacía más profunda, la dependencia de la Isla para con los recursos extraídos de Angola y del narcotráfico se amplió. Apurado por lograr una nueva fuente de recursos, Castro se fue involucrando cada vez más en el tráfico de drogas, como apuntarás el general cubano exilado Del Pino14.

Tradicionalmente los barcos usados en el narcotráfico colombiano tenían que atravesar el Paso de los Vientos, entre Cuba y Haití, lo que muchas veces les situaba en aguas territoriales cubanas, donde eran interceptados. Las pérdidas de los narcotraficantes se incrementaron con alarma. Según el testimonio dado en 1982 por el narcotraficante de Miami Juan Lozano (alias Johnny Crump) es alrededor de 1975 que algunos de los más importantes narcotraficantes colombianos se entrevistaron en Bogotá con el embajador cubano Fernando Ravelo Renedo para negociar la devolución de los barcos y las tripulaciones.

El embajador cubano contestó con una contraoferta de La Habana: a cambio de $800,000 por cada barco, Cuba estaba preparada no sólo para ignorar la actividad de los buques madres que se detectasen en sus aguas, sino que podía proveerles de servicios de reparación y gasolina en sus puertos, así como identificación y escolta cubana hasta las proximidades de los cayos de la Florida. Así, los poderosos colombianos Alfonso Cotés y Alfonso García comenzaron sus negocios de tráfico a través de Cuba. Los agentes de inteligencia cubanos se pusieron en contacto con algunos potentad­os de la droga en Miami, como por ejemplo Johnny Crump y el conocido narcotraficante Jaime Guillot‑Lara que con posterioridad sería empleado de los servicios secretos cubanos y se casaría con una hija de Raúl Castro.


Entre los cubanos exilados en Estados Unidos implicados en el narcotráfico con Cuba estaban José Alvero Cruz y Osiris Santi. En noviembre de 1976, Alvero había viajado a España donde disponía de fondos bancarios; allí obtuvo de la propia embajada cubana en Madrid un pasaporte cubano. En 1978, actuando como agente de Cuba, Alvero arregló el envío de 5,000 armas para las guerrillas sandinistas en Nicaragua. Por su parte, Osiris Santi era un narcotraficante cuyos barcos ya recibían protección en los puertos cubanos. Su lugarteniente, Orlando Torres, se entrevistaba constantemente en Méjico con los funcionarios del régimen cubano destacados en Mérida.

El narcotraficante colombiano, Jaime Guillot-Lara -casado con la hija del ministro de defensa cubano Raúl Castro- será el contacto entre Cuba y el movimiento M-19. El 7 de noviembre de 1981, Guillot-Lara tiene que escapar a toda prisa de Colombia y se refugia en Méjico, donde los agentes cubanos negocian su libertad con las autoridades mejicanas con el fin de evitar que se descubriera su conexión con La Habana. En 1982, Castro hablaba de Guillot-Lara como "un buen amigo". La conexión cubana sería descubierta y probada más tarde. Los informes de la participación cubana en el tráfico de drogas saldrían por vez primera a la luz pública en 1982 cuando la Oficina Legal de los Estados Unidos en Miami nombró entre los acusados al jefe de la marina de guerra de Cuba, almirante Santamaría, y al ex embajador cubano en Colombia, Ravelo, en un caso que incluía 23 toneladas de mariguana.

El 15 de noviembre de 1982, los colombianos Guillot-Lara y Johnny Crump, y los cubanos Lázaro Visuña, Mario Estévez y David L. Pérez, brindaron a un tribunal en Miami amplias pruebas de las actividades de narcotráfico por parte de Cuba desde el año 1975; tráfico que tenía como uno de sus objetivos el envió de armas a la guerrilla colombiana del M‑19. Según con la deposición de Johnny Crump, él y Guillot-Lara se dirigieron a La Habana en compañía del embajador Ravelo, donde éste y el embajador de Cuba en Venezuela, Norberto de la Osa, les confirmaron que el barco Viviana, dedicado al narcotráfico obtendría salvoconducto todas las veces que atravesase las aguas jurisdiccionales cubanas.

Por la protección de este tránsito, Guillot-Lara pagaba $20 000 por cada tonelada de mariguana a bordo. A su vez el compromiso incluía el transporte de armas a las guerrillas del M‑19 en Colombia. Según Guillot-Lara, a su retorno a Colombia inició los trámites para preparar otro barco para enviar a Cuba en 1980. Conforme al testimonio de Johnny Crump, los funcionarios cubanos Ravelo y René Rodríguez Cruz -presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP)-, le sugirieron la posibilidad de comprar y enviar armas para elementos anti-Pinochet en Chile a través de Panamá. Una semana después, uno de los chilenos de apellido Galván, le hacía entrega de un microfilm en un cigarrillo que contenía la lista de las armas, alimentos y municiones para 300 hombres.


Por otra parte, Johnny Crump cuenta cómo durante una campaña en la costa norte del Pacifico, las autoridades colombianas cercaron a un grupo guerrillero del M-19 comandados por Carmenea Cardona, muchos de los cuales figuraron en el secuestro de la embajada dominicana en Bogotá y que supuestamente debían haber estado refugiados en Cuba. Entre los detenidos y testigos de la causa de Miami figuraba también Mario Estévez, un agente de la inteligencia cubano, infiltrado en los Estados Unidos en 1980. En su deposición ante el Gran Jurado, Estévez expresó que había sido infiltrado con el objetivo de activar el tráfico de drogas, comenzando por transacciones de mariguana hasta que fue arrestado el 29 de noviembre de 1981.

Estévez testificó ante una comisión del senado de los Estados Unidos que había introducido en la Florida mariguana y quaalude desde Cuba, y de ahí trasladado a Nueva York. Las declaraciones de Estévez resultaron desconcertantes: la alta cúpula de la dirigencia cubana había organizado una extensa red de narcotráfico desde América Latina hasta los puntos de distribución en ciudades norteamericanas, usando sus propios servicios secretos. Estévez identificó al alto oficial de inteligencia cubana, René Rodríguez Cruz y al vicealmirante Aldo Santamaría como las personas encargadas por Castro para canalizar este tráfico. Estévez apuntó que desde los inicios de la década de los setenta se producía mariguana en la región cubana de Manzanillo para venderla en los Estados Unidos; operación que Castro venía madurando desde los días de la guerra de Vietnam. Estévez estimó en $200 millones anuales los ingresos cubanos sólo por concepto de mariguana.

Durante el período de su actividad ilícita, Estévez logró el traslado de Cuba a Estados Unidos alrededor de 270 kilogramos de cocaína que se vendió luego en Miami, Chicago, Ohio, Nueva Jersey, Nueva York y otras ciudades. El dinero acumulado lo llevaba a Cuba él personalmente. También informó que en un momento de su actividad, sus jefes en el gobierno cubano le recomendaron se trasladase a Bímini, en Las Bahamas, para conocer y entrenar a Frank Bonilla, otro agente proveniente de Cuba. De regreso a Cuba, recalaron en la pequeña isla de Paredón Grande, donde hallaron el buque Viviana del colombiano Guillot-Lara con un cargamento de 8 millones de qualudes. El yate estaba escoltado por buques de guerra cubanos.

De acuerdo con la narración de Estévez, corroborada luego por otros narcotraficantes, estando en Paredón Grande concurrieron el jefe de la Marina de Cuba, almirante Santamaría, y el alto jefe de la inteligencia René Rodríguez, organismo pantalla de la inteligencia cubana, con quienes sostuvo una extensa conversación sobre el narcotráfico. Explicó que cuando salió de Cuba a bordo del Viviana se acarreaba otro barco, el Lazy Lady, hasta la isla de Andros en Las Bahamas, donde se hizo el traspaso de los qualudes. Después fue ordenado a seguir hasta Cayo Güincho donde recogió 23,000 libras de mariguana procedente de Cuba.

El testimonio de Estévez implicó en el narcotráfico internacional a Santamaría, René Rodríguez, al embajador Ravelo, a Gonzalo Bassols Suárez, diplomático cubano en Colombia; a Teodobaldo Rico Rodríguez y Francisco Echemendía, funcionarios del Ministerio del Interior de Cuba. Con posterioridad, René Rodríguez moría en La Habana, en circunstancias misteriosas, seguido al fusilamiento de los militares el general Ochoa, Tony LaGuardia y al deceso en prisión del general Juan Abrantes, jefe de la seguridad cubana. Coincidentemente, Estévez también fallecería en una prisión norteamericana. Los hilos de la trama que conducían hasta Fidel y Raúl Castro irían desapareciendo con el tiempo.


El ex secretario de Estado, Shultz, refiriéndose a los resultados del Gran Jurado de Miami, indicó que se "demostró la evidencia de la complicidad de Cuba en el tráfico de narcóticos en América Latina15”. En marzo de 1983 fue confiscado en la Florida un velero con 750 libras de mariguana a bordo. Durante el registro del bote se halló un diario con la ruta seguida. Había zarpado de la Florida para Las Bahamas, siguió a Haití, luego a Cuba, después a Jamaica, retornó a Las Bahamas y finalmente llegó a la Florida de nuevo. Poco después, el 20 de mayo de 1983, el presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan declaraba en Miami que existían fuertes pruebas de que funcionarios de Castro estaban involucrados en el tráfico de drogas desde Cuba. Un mes después, el administrador de la DEA, Francis Mullen ratificaba ante el senado estadounidense que el gobierno de Cuba estaba consciente de los movimientos de drogas a través de su territorio, y que facilitaban tales movimientos16.




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Re: ALGUNAS PRUEBAS DE LA CONEXION CUBANA CON LOS CARTELES DE LA DROGA LATINOAMERICANOS

Mensaje por Invitado el Dom Nov 23, 2008 11:01 pm









LA CONEXION CUBANA

La desmoralización en que se precipitó un grupo de oficiales de la seguridad cubana al verse envueltos en estas operaciones llevó a que Raúl Castro tuviera que sustituir a uno de ellos, al coronel Pedro Rodríguez Peralta, jefe de las tropas de guardafronteras. Según Manuel de Beunza, miembro de la seguridad cubana que desertó en Canadá, en 1980, Raúl Castro destituyó y degradó al vicealmirante Generoso Escudero por haberse apropiado de algunas pacas de mariguana y haberlas vendido dentro de Cuba cuando en su función de jefe del puerto de Cienfuegos brindaba apoyo al trasbordo de mariguana.

Asimismo Raúl Castro destituyó a los vicealmirantes José Cuza y Pedro Perera por haberse negado a usar sus unidades de superficie en el tráfico de drogas. Raúl Castro utilizaba una base cerca de Cienfuegos llamada La Caleta desde donde el yate de Castro, El Pájaro Azul, era utilizado para el tráfico ilegal.

La historia de la última década en América Latina registra el nacimiento de una poderosa internacional del tráfico ilegal de drogas que ha logrado imponerse por encima de cualquier ideología o tipo de gobierno. Dos organizaciones insurgentes colombianas desarrollaron conexiones con el tráfico de drogas: las FARC, la organización más antigua y con base rural, y el M-19. Los frentes guerrilleros de la FARC operaban en aéreas de producción de coca y mariguana donde establecieron acuerdos con los traficantes de quienes recaudan pagos de protección contra las autoridades. Asimismo, la FARC proporcionó un número de aeropuertos clandestinos a los traficantes a cambio de dinero para armas y vituallas.

En el mes de noviembre de 1981 el movimiento guerrillero M‑19 secuestró a Marta Ochoa Vásquez hija del connotado narcotraficante Fabio Ochoa, y pidió un cuantioso rescate por su liberación. Los hermanos Ochoa decidieron no pagar el dinero exigido por los guerrilleros del M‑19 y, al mismo tiempo, llamaron a una reunión de todos los traficantes colombianos para la organización de una defensa conjunta: así nació el Cartel de Medellín, para defender por las armas sus intereses contra la guerrilla del M‑19. En esa época, Cuba mantenía relaciones diplomáticas con Colombia; su embajador en ese país, Ravelo, logró un acuerdo entre el M‑19, el Cartel de Medellín y otros grupos guerrilleros con el fin de que las facciones se apoyasen mutuamente.


Para la época en que se inicia el Cartel, los servicios de inteligencia de los Estados Unidos ya habían recibido informes del papel de Cuba en el narcotráfico. Desde inicios de los ochenta se había hecho evidente -por las cartas náuticas, los diarios de navegación, y los aviones que se estrellaban en Colombia- de que Cuba facilitaba el tráfico trans-caribeño de narcóticos. Los funcionarios colombianos comentaron por esa época que los aviones transportadores de la droga retornaban con cargamentos militares para la FARC. Para el otoño de 1981, las evidencias eran incuestionables.

Un grupo de guerrilleros arrestados en Colombia implicaba a la embajada cubana como centro de contactos del M‑19 para la recepción de armas. Ellos informarían que a cambio de grandes sumas y del traspaso de armas al M‑19, Castro ofrecía la protección de sus puertos y aguas territoriales a importa­ntes narcotraficantes que operaban entre América del Sur y el sureste de los Estados Unidos. El acuerdo incluía el apoyo de Castro a las embarcaciones de transporte de la droga en su ruta de Bahamas a Miami. Por su parte, el Cartel suministraba armas y dinero a las guerrillas a través de Panamá.

Los barcos zarpaban desde el puerto colombiano de La Guajira y llegaban al cayo cubano Paredón Grande, en Sagua La Grande. Aun hoy día lo hacen. Allí, una lancha torpedera de la marina cubana los custodia. Miembros de la inteligencia cubana supervisan la transferencia del cargamento y cuidan de los botes rápidos de los traficantes de Miami escondidos en Cayo Güincho, en Las Bahamas. Estos barcos rápidos disponen de bandera cubana y son guiados por torpederas de la marina cubana hasta las costas norteamericanas. Asimismo, los aviones despegan desde pistas secretas cerca de La Guajira, en Colombia, hacen escala en Camagüey, Cuba, y se encaminan luego hacia la Florida o Tejas.

Tony de LaGuardia lo explicaría al Tribunal Militar de Honor durante el juicio en su contra y la del general Ochoa: no era difícil para Cuba lograr entre $2,000 y $3,000 millones anuales en el narcotráfico. Para lograrlo Tony de LaGuarcia tendría que lidiar con los productores de la droga y no con sus distribuidores, es decir, era necesario obviar al Cartel de Medellín.

Según Tony de LaGuardia, había que garantizar la producción de laboratorios para lo cual se precisaban apreciables sumas de dinero. Esto en general había sido el objetivo de Castro. Esta estrategia la corroboran otros acontecimientos, como por ejemplo el famoso incidente, en 1981, de la expedición de Jean Michel Cousteau por las junglas del Amazonas. En ese entonces, los ecologistas franceses hallaron en una pequeña aldea india un complejo secreto de laboratorios de cocaína. A preguntas de Cousteau, los indígenas indicaron ante las cámaras que la cocaína se intercambiaba por armas provenientes de Cuba para grupos guerrilleros17.

Al describir las operaciones de narcotráfico en Cuba, Tony de LaGuardia expreso que los botes entraban en Varadero donde un oficial coordinaba su arribo con el jefe militar del área. Los buques guardacostas permanecían junto a los botes y varios oficiales ayudaban a descargar el material. Según Tony de LaGuardia, estas operaciones se hacían desde 1980.

A partir de 1982, todos los contactos del M-19 y otros grupos guerrilleros colombianos como el FARC y el FLN se realizaron en Panamá. Bajo la jefatura de Jorge Luis Ochoa, el Cartel de Medellín estableció fuertes relaciones con Cuba, los sandinistas y el M‑19. Uno de los resultados de estas relaciones sería el apoyo de los jefes colombianos del narcotráfico al pago de la deuda externa de Panamá y Cuba a cambio de asistencia en el tráfico. Lo mismo hicieron en Colombia y Bolivia.


Jesús Raúl Méndez, capitán de la inteligencia cubana que desertó en Nueva York en julio de 1983, declaró a las autoridades norteamericanas que Raúl Castro, Ministro de Defensa de Cuba, aceptó dinero de los narcotraficantes a cambio del uso de la isla como base de operaciones para introducir drogas en Estados Unidos.

De acuerdo con William Casey, ex director de la CIA, una estrecha simbiosis se fue conformando a lo largo de las costas del Caribe entre los narcotraficantes y la subversiva organización de la FARC de Colombia que contribuyó al incremento del crimen y del desorden en los Estados Unidos. Por otra parte -continua Casey- se sorprendió al entonces gobierno sandinista de Nicaragua en plena producción y tráfico de narcóticos entre Colombia y Miami, en una búsqueda de dinero para depositar en Panamá18. Un estimado conservador de las agencias de inteligencia norteamericana que los ingresos anuales de Cuba, por concepto de mediador en el narcotráfico se elevan a cerca de 2 billones de dólares19.

En julio de 1983, un capitán de los servicios de inteligencia de Castro conocido como Pérez Méndez se asiló en los Estados Unidos informando a sus interrogadores norteamericanos que mientras se hallaba a cargo de una sección en el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, una organización pantalla de espionaje, pudo conocer que existía una red de 300 espías cubanos que trabajaban activamente en la Florida en el negocio del narcotráfico para La Habana. Asimismo expresó que este comercio ilícito se hallaba bajo la supervisión personal de Raúl Castro20.

El 7 de agosto de 1984, el Secretario de Justicia norteamericano William French Smith acusó públicamente a Cuba y a Bulgaria de haber empleado activamente el tráfico de drogas para ayudar a los terroristas. Las motivaciones cubanas se ponen al descubierto en las declaraciones de Francis Mullen21, director de la DEA en 1984: "perjudica a la sociedad estadounidense ayudando a los traficantes y recibe de éstos dinero para financiar actividades terroristas. Informes de inteligencia demuestran que la participación de Cuba en el contrabando de drogas en gran escala no ha cesado a pesar de los cargos formulados contra cuatro funcionarios importantes del gobierno cubano".

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Re: ALGUNAS PRUEBAS DE LA CONEXION CUBANA CON LOS CARTELES DE LA DROGA LATINOAMERICANOS

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