Secretos de Cuba
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“””IVÁN FREYRE, ALIAS TETERA “””

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“””IVÁN FREYRE, ALIAS TETERA “””

Mensaje por EstebanCL el Jue Oct 30, 2008 6:12 pm

“””IVÁN FREYRE, ALIAS TETERA “””



-¡Coño, compadre! Hacía tiempo que no nos veíamos. ¿Qué es de tu vida? Aquella alegría no era fingida y ambos la manifestamos con un fuerte apretón de manos. Nunca se reía con toda la boca abierta y tenía una magnífica dentadura de la que podía presumir. Aquel enorme bigote que casi siempre descansaba sobre sus labios había sido recortado un poco, tiempo atrás parecía un charro mexicano.

-¡Nada! Tirando, tratando de sobrevivir. Contestó con la misma pastosidad que lo caracterizaba, bien bajito y sin apurar las palabras, siempre estaba sereno, nada lo alteraba. Su uniforme estaba impecablemente planchado, algo sudado debajo de las axilas, muy normal entre nosotros. Usaba charreteras de jefe de máquinas y las llevaba con la solemnidad del que las logró por sus conocimientos.

-¡Ño! Veo que te superaste, ¿dónde estás de jefazo? Él alzó la vista y se fijó en las mías, la última vez que navegamos juntos yo ocupaba la plaza de segundo oficial y él la de cuarto maquinista.

-Al fin te sacaron del tanque, ya era hora que ascendieras a primer oficial. ¿Dónde estás enrolado? Respondió sin contestar mi pregunta.

-Ahora me encuentro en el Bahía de Cienfuegos, estamos atracados en el Margarito Iglesias, ¿y tú?

-No estoy navegando, me cansé un poco y estoy dejando que pase algo de tiempo antes de regresar a la plancha. Me encuentro de supervisor de máquinas en Navegación Caribe, mañana parto con un barco cementero para España, voy a supervisar esa reparación.



Buscando mi reloj en la gaveta del buró, encontré aquella vieja libretica de teléfonos que me acompañó durante años y logró desertar conmigo. Tengo que manipularla con mucho cuidado, sus hojitas se encuentran desprendidas y tan frágiles como cualquier anciano. Voy pasándolas y me encuentro con nombres que tal vez ya no existan, viejas direcciones cuyos inquilinos dejaron vacías. Veo números desparramados entre varias de sus hojitas y comprendo aquellos lenguajes cifrados que utilizábamos en la isla, así se conservan y después del paso de tantos años no puedo unirlos, no los comprendo. Yo sé que pertenecieron a teléfonos de amigos en el extranjero, pero no podía escribirlos completo, tenía que despistar a los guardias que realizaban sondeos en nuestros camarotes. Un solo teléfono de aquellos podía condenarte en las filas del enemigo, había que cuidarse mucho, vivíamos con un policía dentro de nosotros, paranoia. Leo y regreso nuevamente hasta la isla, quizás entro a cualquiera de mis camarotes a conversar con ellos. Tal vez me desnudo en la casa de alguna amiga, su nombre aparece en masculino. La libretica es la única sobreviviente de aquellas pequeñas pertenencias que pude bajar cuando deserté, las ropas que tenía guardadas de recuerdo fueron botadas en descuidos, mudadas o limpiezas de closets que se hacen cada temporada. Me detengo en una de sus hojitas, estaba escrita a puño y letra por Iván Freyre.



En el buque Renato Guitart lo apodaron “Tetera”, lo hicieron por sus modales refinados, muy bitongos. Demasiado anacrónicos en aquel ambiente formado por hombres rudos, contrabandistas, mujeriegos, borrachos y pendencieros que se resistían a desaparecer del escenario marítimo en nuestra isla. No quiere decir que Teterita, porque en ocasiones le llamábamos así de cariño, tuviera alguna inclinación a la mariconería. Lo expreso de esa manera porque en esos tiempos no se utilizaba la palabra homosexual ni gay que hoy impone la moda. El maricón era maricón y para más desgracia podía ser calificado como un contrarrevolucionario. Él no era nada de eso, solo un muchacho bien educado con un lenguaje diferente al de nosotros. No era amante al alcohol y tampoco mujeriego como la media de aquellos tiempos. Nunca se le conoció un enemigo, ¿quién se iba a fajar con un ángel en aquel infierno flotante? No digo que fuera infierno porque estuviera habitado por el diablo, ni su ambiente estuviera saturado de azufre. Creo más bien, haya sido ésa una de las mejores tripulaciones con las que me tocó navegar en muchos años. Teterita sabía sobrevivir en medio de aquel ambiente unas veces violento, allí los problemas internos se resolvían a trompadas y al día siguiente no quedaban secuelas de rencores ni revanchas.

Algunas veces lo sacábamos de ese encierro voluntario y lo enredábamos en cualquiera de nuestras aventuras. Sin quererlo, se vio casi en el centro de aquella batalla librada por Francisquito en el Hotel Casa Granda contra una vieja barbera armada de una navaja. No estaba a su lado en aquellos instantes, hubiera pagado con mucho gusto por disfrutar el pánico que reflejó su rostro.

-¡Tetera, asere!, ¿tú eres mula? Le dije esa madrugada en la piscina del hotel Jagua.

-¡Qué no, compadre! Tengo miedo a la gonorrea, aquí no se sabe quien lleva el premio. Siempre le encontraba una justificación a sus huidas, pero esa noche daban ganas de matarlo. Tres coristas del show se habían puesto para él y no reaccionaba, toda la noche permaneció inmutable, patético, frío como un muerto. Aquella orgía duró hasta el amanecer y nuestro escándalo podía escucharse en el último piso del hotel. Nadie tenía ropa de baño, nosotros andábamos en calzoncillo y las mujeres en paños menores. Algunas muchachas no podían ocultar sus abultadas y oscuras pendejeras debajo de los pequeños bikinis, los ojos viajaban de una a otra con esa avidez animal observada en las películas de piratas y corsarios. Marañón se lanzó desnudo a la piscina y su acción fue premiada con un aplauso, una muchacha lo imitó dejando todo su pecho al aire y minutos después eran varios los que se bañaban en cuero. Iván permanecía mudo en la misma mesita que ocupara cuando salimos del cabaret, su camisa continuaba abotonada hasta el cuello, solo observaba mientras con sus dedos y en un gesto casi involuntario, hacía girar el vasito con ron que le había servido una de aquellas divertidas muchachas.

El buque se encontraba de salida a la mañana siguiente y Tetera me ayudó a trasladar a la tripulación en taxis. Algunos de ellos no habían superado la borrachera y fue necesario ayudarlos a subir por la escala del barco. Esa vez tuvo razón, tres días después de la salida le explotó una gonorrea al engrasador Madrigal y Tetera no paraba de justificarse.

-¿Cómo está Maité? Desvió su mirada hacia la estación de bomberos marítimos y observé algo de nerviosismo en él. De aquella cabellera negra como el azabache, comenzaban a brotar hebras blancas que aparecían como hilos descocidos de una tupida alfombra. Tuve conciencia del paso del tiempo sobre nosotros, había perdido la cuenta de los años que estuvimos sin vernos, comprendí la lejanía que existía entre aquellas alocadas muchachadas y la madurez dibujada en nuestros rostros.

-Ella está bien, hace un tiempo nos separamos. Sacó un pañuelo de su bolsillo trasero y se lo frotó suavemente por la frente, sus dedos temblaron un poco. La recuerdo en la cola de los pagos autorizados que siempre se formaba por el costado de la calle Obispo, ese día andaba con la niña, tendría unos seis años, yo iba en dirección a la entrada de la empresa. Su grito de alegría al verme no me sorprendió y el sentimiento fue recíproco, nos abrazamos y besé a la niña que aún se acordaba de mí, era muy parecida a la madre. No recuerdo si ya estaban casados cuando nos conocimos, creo que sí. Flaca, vivaracha, hiperactiva, orejoncita, muy cariñosa y familiar, demasiado divertida para el prototipo de Iván.

EstebanCL
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Re: “””IVÁN FREYRE, ALIAS TETERA “””

Mensaje por EstebanCL el Jue Oct 30, 2008 6:12 pm

-¿Te acuerdas cuando estuvimos alquilados en la playa? Preguntó Maité y la niña desvió toda su atención a las palabras de su madre, ella no había nacido aún. No recuerdo la fecha de su nacimiento, no puedo recordarla porque Tetera no lo celebraba como nosotros, no se emborrachó como hacían todos los marinos cuando recibían ese mensaje.

-¿Cómo voy a olvidarlo? Tenía deseos de decirle que fueron los días más aburridos de mi vida, pero el recuerdo de algo contuvo esa imprudencia que siempre me ha acompañado. -¿Te acuerdas? Tremenda casa alquilamos en Boca Ciega.

-La pasamos bien, fue una semana inolvidable. Dijo ella y la niña no dejaba de escuchar, como estudiando cada una de las acciones pasadas de sus padres. No la pasamos tan mal tampoco, pensé. Fue una de aquellas pocas oportunidades donde verdaderamente compartimos en familia y alejados del ambiente algo nauseabundo de nuestro mundo, yo era el cocinero de aquella enorme casa. Uno de los cuartos se encontraba ocupado por la madre de Iván, una mujer mayor de edad y bastante enferma, lo suficiente para que permaneciera postrada en cama aquella semana. Tetera era hijo único, el niño mimado de aquella mujer a la que solo yo veía durante escasos minutos del día. Disfrutaba verla degustar todos mis platos y recibir elogios de su parte.

-Tú no te imaginas cómo cocina mi vieja. Siempre me decía Iván con exagerado orgullo cuando nos sentábamos en el portal de la casa durante horas, hasta que los mosquitos nos obligaban a entrar sin que él terminara de consumir su única cerveza. Él no me lo decía, pero muchos de los secretos que se escondían tras la puerta de aquel cuarto me los contaba Maité. Los minutos que Iván se perdía de nuestra presencia los gastaba para ayudar a su madre a comer, bañarla y asistirla cuando hacía sus necesidades. Aquella paz extrema a la que nunca me acostumbré y llegó a molestarme, cambió radicalmente en admiración. Sentí incluso algo de envidia por esa cualidad de buen hijo de la que Tetera me daba una excelente lección. Le devolvía a su madre toda la ternura y amor que le hubiera brindado durante años para lograr lo que tenía frente a ella, un verdadero hombre capaz de renunciar a placeres mundanos por atenderla hasta sus últimos momentos.

-¿Y la niña? Consumió algo de tiempo antes de contestarme y su mirada continuaba perdida entre el muelle Luz y la estación de bomberos. Con la niña habíamos compartido en varias ocasiones de manera informal, era tan activa como su madre y de gran parecido a ella.

-Está bien, vive con la madre, no hace falta te diga cómo la atiende Maité.

-Y ahora, ¿dónde vives?

-¿Te acuerdas de aquella mañana que nos encontramos en la parada de la ruta quince en Mayía y Luís Estévez?

-Sí, recuerdo perfectamente que andabas con una mulata que paraba un tren.

-Pues esa es mi mujer actual, yo vivo a unas cuadras de allí.

-¡No jodas! Dame la dirección y nos ponemos de acuerdo para sonarnos unos tragos cuando regresemos de viaje.

-¿Tienes dónde apuntarla? Me toqué el bolsillo izquierdo de la camisa del uniforme donde siempre la cargaba y la desabotoné, se la ofrecí con aquel bolígrafo de lujo que me habían regalado en uno de mis viajes a Tokio de color aluminio, pero él tenía un lápiz a mano.

-¿Te acuerdas de aquellos viajes a Varna? Se tomó unos minutos en responderme, prefirió mantenerse concentrado en sus anotaciones mientras yo lo observaba viajando de la mesa a la barra en el Seaman Club de aquella ciudad. -¡Tetera, asere! Esa jeva está que se despetronca por ti, ¿no vas a decirle nada?

-Yo no estoy en esa, second. Le tengo miedo a las enfermedades, además, no quiero traicionar a Maité. No había manera de sacarlo de aquel bache, Tetera no era marino, era un tipo fiel que había jurado fidelidad y se prometió cumplir aquel extravagante juramento. No era un ser normal para nuestro mundo y sus justificaciones fueron elementos de peso en todas las acusaciones y sospechas creadas en torno a su virilidad. Nunca nos detuvimos a pensar que los anormales éramos nosotros e insistíamos en que todos compartieran nuestros puntos de vista tan podridos que teníamos de la vida.

-¿Te acuerdas de los viajes a Varna?

-¡Claro que me acuerdo de los viajes a Varna! Imagino hayas ganado un poco de madurez con esas charreteras que cargas.

-Tetera, ¿qué carajo tienen que ver las charreteras con nosotros? Son dos mundos muy diferentes, uno es fantástico y el nuestro es real, uno tiene tiras doradas como el oro y se oxidan con el tiempo, el nuestro brilla en la medida que seamos capaces de pulir la superficie del metal.

-Te lo digo por los años, no por el color dorado.

-¿Te acuerdas de aquellas búlgaras? Perdiste prenda, men. Te quedaste con la duda del sabor de aquellas mujeres, ¿y ahora?

-¿Ahora? Siempre estamos viviendo en presente, nada cuenta antes o después, solo hoy. El salón de oficiales se encontraba a tope de muchachitas de la escuela de enfermería de Varna, duplicaban en cantidad a los tripulantes. Una cinta de Barry White alegraba el ambiente y todos trataban de bailar, Iván era buen bailador, era una de sus pocas virtudes.

-¿Cuándo te vas?

-Mañana partimos, ¿y tú?

-Yo salgo dentro de una semana. Nos abrazamos nuevamente y nos despedimos, siempre era así, nunca sabíamos cuándo volveríamos a coincidir, esa era nuestra vida, perdida tal vez entre hojas de un diario de bitácora o vulgares recuerdos mojados con semen. Yo continué rumbo a los muelles Margarito Iglesias, mientras Iván se dirigía a las oficinas de Navegación Caribe en el edificio de la Lonja del Comercio.



Encontrándome de guardia y con la radio encendida en el camarote, escucho por la estación Radio Rebelde la noticia sobre la colisión del buque Capitán San Luís de Navegación Caribe con el barco de pasaje Celebration de la Carnival Cruise Line. Mencionan el nombre de tres desaparecidos, Iván Freyre es uno de ellos y me estremece aquella noticia, hacía menos de veinticuatro horas que nos detuviéramos a conversar en la Alameda de Paula.

-Cuando llegué al puente y vi la poca distancia que había al otro barco yo caí a estribor. Escuché de boca del timonel en aquella entrevista radial, pudo haber dicho a babor, no lo recuerdo exactamente después de tantos años. La entrevista fue repetida en varias oportunidades y se mantuvo la misma versión. Yo era primer oficial de cubierta con una vasta historia de experiencia en ese campo de nuestra profesión y aquellas declaraciones despertaron en mí las dudas y sospechas que inmediatamente compartí con otros capitanes y oficiales de la flote.

-Solamente han hecho públicas las declaraciones del timonel, de acuerdo a la hora del accidente quien se encontraba de guardia era el primer oficial del buque y éste no aparece por ningún lado. ¡Aquí hay gatos encerrados! Alguna paja ocurrió en esa guardia para que mantengan oculta la existencia del primer oficial. Les manifesté a conocidos y amigos. Todos me daban la razón, pero nadie hablaba y esa duda se mantuvo durante casi veinte años de silencio.

Hace solo unos días y en fecha posterior al inicio de estas letras, recibo una nota publicada en un foro de marinos cubanos y firmada por el capitán Orlando Díaz donde no hay espacio a las dudas. Tetera había muerto junto al capitán de la nave y otro asesor técnico por una negligencia personal del primer oficial del buque como yo había sospechado. Esa nota la pueden encontrar en la siguiente dirección: http://www.circulonaval.com/Marina%20Mercante/Accidentes/Colision%20Capt%20San%20Luis.htm



Como quiera que sea, siempre me propuse rendirle un merecido homenaje a uno de nuestros magníficos hombres y Tetera no deja de serlo. Yo sé que estas líneas llegarán tarde o temprano a las manos de su hija, Maité, su última esposa y los compañeros que una vez compartimos vida con Iván, todos coincidirán conmigo. Tetera fue un gran hijo, padre, amigo, compañero, amante, esposo, ¿quien sabe? La diversidad del pensamiento humano nos llevará a juzgarlo desde posiciones individuales muy distantes de lo que fuera en vida su verdadera personalidad. Si yo fuera su hija me sentiría orgullosa con su recuerdo.





Esteban Casañas Lostal.

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2008-10-30

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Re: “””IVÁN FREYRE, ALIAS TETERA “””

Mensaje por Patrio el Vie Oct 31, 2008 9:19 am

Esteban:
El homenaje al amigo perdido ennoblece a quien lo ofrece. Dios quiera que su hija esté donde esté pueda leer vuestro artículo.
Un abrazo,
Ramón

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Re: “””IVÁN FREYRE, ALIAS TETERA “””

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