Secretos de Cuba
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Respecto a la normalización de relaciones o el intercambio de presos realizado el miércoles como parte del acuerdo entre Cuba y EEUU

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Mensaje por EstebanCL el Dom Sep 07, 2008 5:27 pm

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El “Cebo” fue uno de los grandes socios que tuve en la marina cubana, era uno de los jodedores más famosos de nuestra generación de marinos. Su familia poseía un carácter admirable, el viejo Toribio ( el puro del Cebo) tenía unos seis pies de estatura. Cuando llegaba a la escuela de Oficiales a bordo de un pequeño Renault, alrededor de doscientos alumnos paraban todo lo que estaban haciendo, para gritarle a una sola voz: ¡Toribio, Cebollón! Entonces, el viejo se agarraba aquello con las dos manos y se dirigía a nosotros, eso sucedía cada mañana a la hora del matutino, toda la escuela explotaba en una larga carcajada. A la mujer de Cebo le decíamos “La Gallega” por su manera de hablar, usaba mucho la zeta, algo poco común entre nosotros, era una mujer hermosa y joven. Las hijas de ambos eran conocidas por las “Cebollitas” y se dirigían al padre por su apodo. Su madre era Leonor, a ella no le decíamos nada, la vieja se mandaba una lengua peligrosa, como para respetar, era súper chévere, pero poseía la colección de malas palabras más grande que cualquier diccionario hispano pudiera tener, solo la jodíamos cuando queríamos oír alguna barbaridad. De toda esa familia solamente quedan las Cebollitas, que hoy son mujeres y deben estar casadas.

Con Cebolla navegué a bordo del buque escuela Viet Nam Heroico y luego coincidimos en el Renato Guitart, yo ocupaba la plaza de segundo oficial y él era el tercero. Fue un tipo súper inteligente, debo hablar en pasado de él porque encontrándome en esta orilla del mar me enteré que había fallecido. Es de esas pérdidas que se sienten con mucho dolor y dejan un vacío muy profundo en esta tierra. Fue un tipo muy fuerte que luego invadiera un poco la obesidad, pero su gordura nunca fue exagerada y se pronunciaban aquellas huellas de lo que había sido un cuerpo atlético. Durante las navegaciones me contaba sus aventuras como hombre rana, parte de su escasa vida la había gastado entre acualones y trajes térmicos. Me contó sobre algunas misiones cumplidas cuando se encontraba en el cuerpo de “Tropas Especiales”, deben imaginar que era la élite del ejército cubano. Me dijo el Cebo que una noche atacaron un cayo donde acampaban cubanos contrarios al régimen de Castro, no recuerdo exactamente si fue Cayo Sal. Bueno, me dijo que llegaron remando a bordo de balsas inflables, muy silenciosos y protegidos por la oscuridad. Me contó que sorprendieron a la gente durmiendo y sin nadie de guardia. Volaron el pequeño campamento a golpe de granadas y un fuego rasante de ametralladoras, escuchó algunos ayes seguidos del mismo silencio reinante antes de que ellos llegaran. Siempre los premiaban con algún discursito y alguna actividad política, me habló de muchas otras misiones como aquellas. Cuando hablaba se le escapaba algo del peso sostenido por su conciencia, yo debía insistir mucho para arrancarle aquellas narraciones, gracias a Dios el mar era nuestro mejor cómplice para deslastrar todo lo que llevaba dentro.

-¡Mira! Cuando el buque esté próximo a la terminación de sus operaciones, yo voy a provocar una crisis presentando problemas familiares. Si la empresa alegara falta de personal para relevarme, yo propondré que te pueden ascender a segundo y que suban al agregado de cubierta a tercero. Esas maniobras eran muy frecuentes en aquellos tiempos de hombres, me molestaba verlo ocupando aquella plaza habiendo sido Cebolla el tercer expediente de nuestra promoción. Los tiempos cambiaron y no se repetían gestos como estos, los que te pisaban los talones trataban de joderte para ocupar tu plaza, los hombres iban desapareciendo de nuestra marina.

La última vez que compartimos fue en Barcelona, él se encontraba de primer oficial en el buque Bolívar y yo era mantenido de segundo en el Pepito Tey por no pertenecer al partido comunista. Aquel buque era el más moderno de la flota en ese tiempo, luego se perdió cuando la guerra entre Irak e Irán por caprichos del gobernante de la isla.

No era mi propósito hablar de estos seres a los que quise mucho y recuerdo con refinado cariño, pero mencionarlos me produce una gran satisfacción, sentí mucho dolor cuando me enteré de sus muertes y quisiera que continuaran vivos en mi memoria, de verdad se lo merecen.

Quería hablarles de las cebollas, de esas deliciosas liliáceas que se encuentran comprendidos en casi todos los platos cubanos, desde los tradicionales frijoles hasta el último pedacito de carne que no es nada para nosotros, si no está condimentada con su correspondiente cebolla. Quién pudiera disfrutar de un buen bistec frito, si no se le han agregado varias rebanadas de ese bulbo, creo que muy pocos.

La cebolla se perdió del mercado como por arte de magia, no se puede negar ese poder que tienen los comunistas para desaparecerlo todo, toman su varita mágica, pronuncian la palabrita mágica “proletariado” y al rato todo se esfuma, todo lo que esté a su alrededor se pierde, así se fueron las cebollas al carajo. Pero bueno, para complacer a algunos enfermos diré entonces que la cebolla se perdió por culpa del bloqueo americano. Como lo oyen, nos quedamos sin cebollas en Cuba por culpa de los degenerados gringos, es increíble pero cierto. En una tierra donde se da de todo, que se pierda una cosa como ésta, no tiene justificación. Hablo de una tierra donde los pajaritos se comían una guayaba y cuando cagaban, se reproducían solas sin nadie sembrarlas.

Bueno, por culpa de los yanquis se fueron los pajaritos también, como no comían las guayabas y no cagaban las semillas, nos quedamos sin esas frutas. Los bueyes perecieron en accidentes ferroviarios y los guajiros no tenían equipos para arar la tierra. Digo que murieron de esa manera, porque los guajiros los amarraban cerca de las líneas del tren y cuando aquellos los mataban, solo aparecían las cabezas, el hambre hace maravillas.

Conseguir una cebolla era algo terrible, nunca llegaron al mercado y había que apelar a la bolsa negra donde se tenía que pagar a precio de oro. No todo el mundo tenía el poder adquisitivo para darse esos lujos y estoy hablando de antes del Período Especial. Más tarde, cuando se arribó a esta etapa, la situación se tornó crítica. Nunca he logrado explicarme esa incapacidad de los regímenes comunistas en producir alimentos y no me refiero a Cuba solamente, yo visité casi todo el campo socialista y arrastraban los mismos problemas que nosotros.

Hoy, mi esposa me pidió que bajara a comprar cebollas, las había de todos colores y tamaños. Venían en bolsas de 20 libras, diez, cinco y hasta una. Los precios para las de 20 libras oscilaban entre los dos y tres dólares por bolsa, yo no compro tantas porque se nos echan a perder. Ese sabroso bulbo no falta en todo el año, unas veces es de producción nacional y otras veces es importado, pero nunca llega a ser muy caro. Debo destacar que en este país solo se logra una cosecha anual, las otras se producen en invernaderos, mientras en Cuba y muchos de nuestros países se pueden lograr hasta tres y cuatro cosechas anuales.

El último viaje que di en la marina cubana, fue a bordo del buque refrigerado “Viñales”. Recuerdo que cargamos mil toneladas de cebollas en el puerto español Castellón de la Plana para La Habana, si la memoria no me falla, una tonelada tiene dos mil libras, así que mil toneladas serán dos millones de ellas.

Estando atracados en el muelle “Margarito Iglesias’ y en plena faena de descarga, se presenta en mi oficina un militar acompañado de otro individuo vestido de civil. No me asombré con la presencia de ellos porque en Cuba eso es muy normal, casi siempre llegan para pedir algo, cualquier cosa, todos necesitan de todo y creen poder resolverlo en los barcos. Es inimaginable los motivos por los que se reciben a diario a decenas de personas a bordo. En la mayor parte de los casos solo logran interrumpir el trabajo, porque llegó el momento en el cual los barcos estaban tan pelados como cualquier centro de trabajo.

-Buenos días compañero, ¿es usted el Primer Oficial? Preguntó el militar sin dar tiempo a contestar el saludo.

-Sí, soy yo, ¿en qué puedo servirles?

-Mire, yo soy el Capitán del Puerto y el camarada es miembro de la Seguridad del Estado. Como nos informaron que el Capitán del buque no se encuentra a bordo, necesitamos tener una breve reunión contigo. Cuando el hombre mencionó la palabra reunión, lo primero que me vino a la mente fue la palabra contrabando.

-Pasen adelante. Detrás de ellos cerré la puerta para darle más privacidad a esa misteriosa reunión y todos tomamos asientos en la larga mesa que poseía aquella oficina.

-El asunto que nos trae es un poco o bastante delicado. Fue el preámbulo del Capitán del Puerto.

-Ustedes dirán.

-¿Ha tomado algún tipo de medida especial relacionada con el cargamento que traen a bordo? Intervino el miembro de la Seguridad.

-Se han tomado las normales, las que se llevan a cabo en cada barco. Respondí algo intrigado.

-No creo que me haya entendido, me refiero a este cargamento con características especiales.

-Pues yo no le veo nada de especial a un cargamento de cebollas, si estuviéramos descargando armas o explosivos sería otra cosa, pero, ¿cebollas?

-Aunque usted no lo crea, debido a las circunstancias que se encuentra atravesando el país, debe considerar este cargamento como especial.

-Si usted lo dice, pero hasta ahora nadie me ha hablado de ello y las operaciones se llevan a cabo con la normalidad que la caracteriza.

-¡Mire, Primero!, el asunto es que hay que redoblar la vigilancia, poner hombres de la tripulación en cada bodega y alertarlos sobre los posibles hurtos que se puedan producir durante las operaciones.

-No le discuto lo referente a la crítica situación actual y las posibilidades de robo, esas han existido desde siempre en éste y todos los puertos del país, pero en lo referente al refuerzo que me pide, lamento decirle que es algo casi imposible en nuestro buque. Tengo a dos hombres de cubierta de guardia, la brigada es muy pequeña, está compuesta por una camarera que además de limpiar y montar los comedores, tiene que hacer guardia en el portalón. El engrasador que está en el departamento de máquinas junto al maquinista, el telegrafista que se encuentra en estos momentos en el portalón, el cocinero y yo. Como verá, este buque posee una tripulación reducida y cada cual tiene sus funciones de las que no se pueden apartar.

-Esa es una terrible tiñosa, el problema es que no podemos dejar a los estibadores actuar a su libre albedrío. Intervino el Capitán del Puerto.

-Yo creo que en un caso de semejante importancia, deberían colocar policías marítimos en cada escotilla o miembros de guardafronteras, pero créame, no cuento con personal para dedicarlo a esas actividades.

-Bueno, no tendremos otra alternativa que situar a personal militar, ¿pueden garantizarle comida a esos compañeros?

-Negativo, acabamos de llegar de viaje y no han servido víveres, pero aún así, dudo que le ofrezcan ese servicio porque afectaría a la tripulación.

-¡Oiga, Primero!, usted no puede imaginarse la magnitud de la gravedad de este caso, necesitamos todo su apoyo porque la cosa es muy delicada, al extremo, que los choferes se niegan a salir del puerto después de las seis de la tarde. Intervino el Capitán del Puerto nuevamente.

-No tengo la menor idea de lo que me dice ahora, es algo nuevo esa actitud de los choferes.

-El caso es que los que han salido de noche, cuando han parado en alguna esquina de la ciudad o en semáforos, han sido asaltados por ninjas.

-¿Cómo es eso?

-Como lo oye, cuando el vehículo para, se monta uno en el estribo del camión y le pone un cuchillo en la garganta al chofe, mientras los otros descargan una parte de la mercancía.

-Bueno, creo que la cosa está fea de verdad, es en extremo peligrosa.

-Algo increíble, pero se han dado varios casos de asaltos como éste desde que el buque inició la descarga.

-Por parte del buque le daremos el apoyo necesario, no quepa la menor duda y se lo pueden informar a los compañeros que lleguen a prestar el servicio.

-Muchas gracias camarada, esperamos por su colaboración, ahora nos retiramos porque tenemos otras visitas pendientes para hoy. Dijo el miembro de la Seguridad mientras se levantaba y me extendía la mano, lo mismo hizo el Capitán del Puerto. Después del saludo los acompañé hasta el portalón y mientras se alejaban por el espigón, los que se encontraban allí me preguntaron si había algún “bateo” de contrabando. Quedaron tranquilos cuando les dije que no y me dirigí nuevamente a la oficina, me mataba la curiosidad por saber a quién venía consignada la carga.

EstebanCL
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Re: “”” CEBOLLAS “””

Mensaje por EstebanCL el Dom Sep 07, 2008 5:27 pm

Saqué los conocimientos de embarque y cual no sería mi sorpresa, toda aquella cebolla, los dos millones de libras de ese producto, estaban destinados al Consejo de Estado y al Turismo, razones por las cuales existía toda esa silenciosa movilización. Debo destacar que, todavía en el año 1991 no había esa gran afluencia de turista que existe ahora y que el dólar se encontraba penalizado, lo que reducía a cero cualquier posibilidad de que pudiera obtenerse por la población en las tiendas exclusivas para extranjeros y personal del gobierno. Entonces me vino a la mente una sola pregunta, ¿de cuántos miembros se componía ese enorme ejército de parásitos que constituye el Consejo de Estado, capaces de consumir casi dos millones de libras de cebollas?

A las pocas horas se hicieron presentes en el espigón un grupo de policías, fueron colocados de acuerdo a las manos (brigadas) que se encontraban trabajando. Optaron por situarse al lado de la tarjadora que llevaba la contabilidad de las lingadas que se iban descargando del buque. Otros, realizaban recorridos por el muelle y encima de la cubierta de nuestro buque. Yo los miraba y me reía, como eran personas que no pertenecían a nuestro giro, se encontraban en una situación similar a la de un pescado en una tarima, con los ojos abiertos sin poder ver. El caso es que las lingadas debían llevar una cantidad exacta de sacos, ellos no sabían como funcionaba esto o mejor dicho, cómo se roba en el puerto. En aquellas lingadas, los estibadores que estaban trabajando en el interior de las bodegas, le ponían muy disimuladamente un saco de más a cada una. La tarjadora se hace la tonta y apunta la cantidad normal que debe llevar, luego, encima del camión, los estibadores colocan esos sacos de forma tal que no se puedan contar desde el piso. El chofer le pasa el dinero a uno de ellos a escondidas y al final se liquida entre todos los que participan en la operación, incluyendo a la tarjadora. Toda esa operación continuó hasta finalizada la carga y en presencia de la policía, quienes daban más importancia en revisarles los paquetes a los estibadores buscando alguna cebolla robada.

No hubo un solo viaje en el cual yo no viera a los estibadores robando, aquello me importaba un comino, yo practicaba la filosofía que dice: “Ladrón que roba a ladrón, merece cien años de perdón”. Además, eso que ellos hacían no es considerado por nuestro pueblo como robo, el delito de robo para un cubano ocurre solamente cuando es realizado en la propiedad privada de las personas. Esto que hacían los estibadores se conoce como “luchar”, “inventar”, etc. También debo destacar que no me encontraba dispuesto a soportar una paliza por defender algo que no era mío, resultaba más sencillo firmar un acta de averías. No fueron pocas las veces en las que vi a estibadores escondiéndose langosta y camarones en los calzoncillos, nunca se me ocurrió delatar a ninguno de ellos, comprendía perfectamente las razones por las cuales incurrían en ese delito y la principal era el hambre.

Las neuronas comenzaron a trabajar febrilmente en busca de una oportunidad para robarme un saco de cebolla, los barcos eran visitados por mucha gente que tenía sus conexiones con aduaneros y sacaban con facilidad alguno que otro contrabando a cambio de un pago.

Casi al final de la contienda y cuando estaba a punto de perder las esperanzas, se apareció un Capitán de la marina dedicado a estos pequeños negocios. El hombre se llevó un saco en su remolcador bajó uno extra para repartirle a los tripulantes. La condición era muy sencilla, mitad y mitad. Es de suponer que él le pagaría al aduanero por donde sacara el producto o tal vez le daría tres o cuatro cebollas, la situación era de verdad muy grave y se sobornaba a la gente con cualquier bobería.

Al día siguiente pasé por casa de ese Capitán amigo mío y cuando vi donde vivía se me partió el alma, casi estuve a punto de renunciar a las cebollas. No podía hacerlo porque el barco estaba terminando la descarga y en mi casa no había cebollas para cocinar. Creo que cualquier establo de caballos o vacas era mejor que su vivienda, me dijo que estaba “luchando” para construir la casa, ese hombre del que les hablo, llevaba tantos años como yo en la marina. Salí de aquel corral con una enorme jaba cargando mi tesoro, no tenía otro nombre que ese. Ya el transporte estaba casi paralizado y por tal motivo, tuve que ir caminando desde el poblado de Casablanca hasta el hospital naval. Los habaneros saben lo que significa esa caminata y la subida de la loma de Triscornia. Sudaba como nunca, no solo por el calor, me acompañaba también el temor de ser detenido por cualquier policía y que éste me pidiera le mostrara el contenido del paquete. Eso hubiera significado la cárcel y pérdida automática del empleo y profesión, era muy fácil adivinar que esas cebollas no eran cubanas y habían sido robadas del cargamento.

¿Quién pudiera imaginarse a un Capitán y a un Primer Oficial de cualquier marina del mundo robando semejante cosa? Algo, cuyo precio total no llegaba a los cuatro dólares. Es denigrante delinquir, pero llega el momento en el que no se puede luchar por ser honesto, en casos como esos se peca de comemierda. ¿Por qué me debo acusar de ladrón, cuando nadie en Cuba se considera así por cometer lo que normalmente es un delito? Mejor digamos que yo, como representante del proletariado o de la clase trabajadora, procedí al decomiso de una mercancía que pertenece a los obreros, creo que es más bonito hablar de esta forma.

Afortunadamente no tuve problemas en mi largo recorrido con el medio saco de cebollas, iba vestido de oficial de la marina, era un truco que no fallaba. La policía paraba a todo aquel que tuviera cara o aspecto de delincuente, no podían suponer, la cantidad de delincuentes uniformados que deambulaban diariamente por la ciudad, tal vez lo sabían y se hacían los tontos.

Dos o tres horas esperando que parara una guagua y cuando al fin logro montar en una, regresó nuevamente el nerviosismo. El hambre hace que los seres humanos agudicen el olfato igual que los perros, huelen la comida a varios kilómetros de distancia. Me preocupaba, la cebolla olía bien fuerte y podía sentirse en toda la guagua, pude oír los comentarios de algunos pasajeros y eso era peligroso también. A veces, por sola envidia te delataban en Cuba, la gente se acostumbró a luchar de una manera muy extraña. Si veían que tú vivías con cierta holgura, eras motivos de chismes y delaciones. Allí nadie trata de estar como el mejor, todos procuran que estés tan jodido como el peor y cuando logran joder a alguien lo celebran.

En el mercado me distraje un poco a la hora de seleccionar las que compraría, las frutas y algunos vegetales se encuentran en la parte exterior, lejos de la mirada de los propietarios. La gente toma lo que desea y después entran a pagar. A nadie se le ocurriría robarse algo, no me he encontrado con esos casos aún, deben existir porque rateros hay en todos lados.

Siempre que veo cebollas me acuerdo de mi amigo, Cebo no era un tipo cualquiera, fue un estupendo Oficial. Cuando estudiamos juntos pertenecimos a la Unión de Jóvenes Comunistas, navegamos en el mismo barco cuando la guerra de Angola, fue de esa generación de cubanos que se entregó totalmente a la construcción de una sociedad nueva. Su camino fue más largo que el mío porque militó en el partido comunista, pero fue ese militante que entró como muchos, presionado por su situación. Renunciar a su incorporación hubiera significado la separación o bloqueo de su carrera como oficial. Cebo robó de la misma forma que lo hicimos todos, puedo asegurar que en contra de su voluntad. Arrastrado por la corriente imperante, donde se corrompen seres honestos como él. Murió joven y no pudo ver el final de esta película, el día que nos encontremos se la contaré, porque nosotros pertenecemos a la primera generación del soñado hombre nuevo.

Finalmente compré un dólar de cebollas, me sobra para una semana, atrás dejo el mercado, pero antes de marcharme las miro mientras pienso, “es imposible creer que por tan poca cosa me hubiera buscado una prisión, es difícil imaginar de lo que es capaz el ser humano cuando tiene hambre, gracias a Dios estoy aquí para contar estas cosas”.





En memoria de Jorge Marcos Joan, alias “Cebolla”, Toribio, Leonor y “La Gallega”.





Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canada

2000-09-15



Y si tenéis por rey a un déspota, deberéis destronarlo, pero comprobad que el trono que erigiera en vuestro interior ha sido antes destruido.
Jalil Gibrán.

Otros trabajos pueden encontrarse en las sig. direcciones:


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Re: “”” CEBOLLAS “””

Mensaje por El tuerto el Dom Sep 07, 2008 8:14 pm

Felicidades Don Esteban,..haces de nuevo y segun lo ve un tuerto,.una fotografia en tercera dimencion,..retratas lo mas intimo de la "lucha diaria por la super vivencia",..te leo y me transporto pa alla,..no cono ci a los "cebos" pero si a los,.."mosquitos",...vivian por mi barrio,..y funcionaban igual que los Cebos,..Padre mosquito,..los hijos "mosquitos",..na la familia de los Mosquitos,..tremenda gente por cierto,..ño Don Esteban,..me tiraste pa alla,.he llorado y reido con tu escrito y te doy las Gracias,..no solo por retratar nuestra realidad,..sino por redactarla de ese modo,...Saludos y Respetos,..el tuerto.

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Re: “”” CEBOLLAS “””

Mensaje por jose gonzalez el Dom Sep 07, 2008 9:00 pm

Esteban,exelente articulo.....me hizo recordar "otros tiempos".....

saludos

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Re: “”” CEBOLLAS “””

Mensaje por Patrio el Lun Sep 08, 2008 1:10 am

Maestro:
Le leo y provoca en mí disímiles estados de ánimo, alegría, tristeza, pero sobre todo un orgullo de compatriota increíble.
Mis respetos para usted de su alumno y fanático lector,
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Re: “”” CEBOLLAS “””

Mensaje por EstebanCL el Mar Sep 09, 2008 3:32 pm

Hola Marily, Tuerto, José y Patrio...

Bueno, muchachos... Quién no ha vivido estos pedacitos en Cuba? El que no los vivió, sencillamente no vivía en la isla. Era un trabajo que había escrito hace unos años y me dio por revisarlo para compartirlo de nuevo. Soy de las personas que me molesto en leerme a mí mismo y tengo cosas interesantes guardadas en el PC que toca la vida de cada uno de nosotros, pero soy vago para corregir y cuando comencé a incursionar en este terreno era fatal, lo soy aún aunque Patrio diga lo contrario.
El Cebo fue un magnífico amigo que vivió su tiempo como todos nosotros, participó como muchos en decenas de misiones que una vez creyó eran las acertadas. Luego despertó como muchos de nosotros y su arrepentimiento resultaba agotador. Creo que logró morir con su conciencia tranquila, eso imagino.
Cada vez que visito un mercado me fijo en el precio de los sacos de cebolla, actúo por reflejo condicionado. Después valoro el precio que tiene la libertad o la prisión, resulta increible que pusieras en juego ambas por tan poco dinero, pero el hambre no entiende de esas cosas y cuando te limitan o prohiben algo es cuando más te encaprichas. Esas razones nos condujeron a delinquir y aceptar nuestra condición de ladrones con toda la naturalidad del mundo.
Cuando la danza de los millones producida después de aquella "Ofensiva Revolucionaria" del 68, yo era un chamaco sano. Ese estado de virginidad espiritual la mantuve hasta la década de los ochenta, yo no entraba en ningún tipo de negocio ilícito. Lo hice y me aferré a esa condición de puro hasta que comprendí lo comemierda que había sido. A cuántos cubanos no les pasó lo mismo? Creo que a millones y muchos murieron creyendo en el estado de pureza de esa sociedad. Cuando pasen varias generaciones y los juzguen solo encontrarán una palabra que los condenará, todos dirán lo mismo: Mira que comieron mierda!
En fin, todavía queda mucho por contar y poco tiempo disponible.

Un abrazo para todos ustedes..

Esteban

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Re: “”” CEBOLLAS “””

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